Castores canadienses: una amenaza a los bosques de la Patagonia

“Cuando en 1946 se trajeron las primeras 25 parejas de castores canadienses a Tierra del Fuego, se esperaba que proporcionarían materia prima para la industria peletera, traerían empleos a una región escasamente poblada y posiblemente hasta llegarían turistas a esta remota parte del hemisferio.”

Craso error

Setenta años más tarde, esto mamíferos no nativos son una verdadera plaga para el ecosistema del lago Fagnano a lo largo de la frontera entre Chile y Argentina, por lo que su introducción en retrospectiva está considerada como un error colosal.

Sólo en el lado chileno de Tierra Fuego, la población de castores se ha incrementado de forma exponencial y hoy estos gigantescos roedores semi acuáticos son cerca de 200.000; se los pueden encontrar en las inmediaciones de la ciudad de Punta Arenas, a unos 200 kilómetros al noroeste del lago y probablemente con ayuda humana se ha comprobado que ya han cruzado el Estrecho de Magallanes para habitar varias islas.

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El problema es que los castores han construido cientos de presas y aunque muchas de ellas son capaces de revitalizar algunos ecosistemas, en la Patagonia están creando inundaciones dañinas que amenazan el bosque primitivo y a los lagos cercanos.

Según las cifras de la Sociedad de Conservación de la Vida Silvestre, el 25% del bosque y el 95% de las cuencas del archipiélago han sido afectados por las presas de castores; miles de árboles viejos ya han muerto o están en camino de hacerlo y han desaparecido numerosas turberas.

Un ejemplo de cómo los castores rompen con el equilibrio natural eco sistémico, es el bosque magallánico que en general se regenera a partir de los bancos de semillas que se depositan en el suelo, pero cuando una zona se inunda, estos granos se cubren de barro, se humedecen en demasía y mueren, por lo que el bosque no se recupera.

Medidas poco efectivas

Chile ha estado tratando de contener su población de castores desde el 2003 y durante muchos años ofreció recompensas por las pieles y las colas. Pero los castores, que no tienen depredadores naturales en Chile como los lobos y los osos que los matan en América del Norte, resultan muy difíciles de atrapar.

Para preservar los bosques, el gobierno chileno lanzará un proyecto de control de la población de castores con unos 7.2 millones de dólares de fondos y que se financiará en parte con aportes recibidos del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, una agencia internacional de ayuda para los países en desarrollo.

Se espera poder cazarlos con trampas similares a las de los osos, aunque más pequeñas y si bien tienen claro que extinguir a esta raza invasora es prácticamente imposible en el corto plazo, esperan que el control sobre la misma mejores las condiciones medioambientales locales.

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