El río que aun sobrevive en Ciudad de México

“A medida que la urbanización se extiende, la contaminación amenaza un precioso recurso natural en el borde exterior de la ciudad más poblada de América del Norte; Ciudad de México tiene sólo una corriente de agua, que aún no ha sido confinada a las tuberías subterráneas: el frágil Río Magdalena.”

Un río que se muere

El ecosistema forestal que lo nutre es el mismo que sostiene a la mayoría de las fuentes de agua de la Ciudad de México, incluyendo el sistema vital del embalse de Cutzamala. El Magdalena pasa de la pureza al lodazal, en cuanto hace contacto con la periferia de la ciudad, donde se convierte en poco menos que una alcantarilla.

Quienes viven a lo largo de sus orillas podrían pasar fácilmente toda su vida sin saber que el Magdalena permanece prístino a pocos kilómetros río arriba. Agricultores y pastores cuya zona rural pasa por el Magdalena tienen incentivos convincentes para proteger el río.

 

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Aparentemente los mexicanos creen que la fuente de su agua es un acuífero que está debajo de la ciudad, pero la realidad es que el agua que beben proviene del ecosistema boscoso, que alimenta al Río Magdalena.

De hecho, cuando el Río Magdalena se encuentra en su nivel más bajo, deja a la Ciudad de México prácticamente sin agua fresca. La capital fue una vez hogar de muchos ríos, pero los gobiernos que no estaban dispuestos a invertir en su mantenimiento y drenado, acabaron por encerrarlos en tubos subterráneos.

 

Cuando el Río Magdalena llega a la ciudad es víctima de un nivel tan alto de contaminación, que resulta incapaz de sustentar la vida silvestre que antes existía a lo largo de sus riberas y demasiado repelente para invitar a la recreación.

 

¿Nadie mueve un dedo por el Magdalena?

Las raíces erosionadas miles de árboles están siendo ahogadas por plásticos y otros detritus, que han acabado en las orillas del Río Magdalena. Y esto sucede sin que nadie haga nada por revertir dicha situación. Sus aguas son imposibles de beber por los altos niveles de contaminación, que hacen estragos en la salud de los vecinos.

Pero al mismo tiempo que esto sucede en los tramos citadinos del río, los residentes de la Ciudad de México viajan a las afueras de la metrópoli, para relajarse a lo largo de las riberas del Magdalena. La región es uno de los pocos lugares en la Gran Ciudad de México para disfrutar del agua del río limpia y un paisaje virgen.

 

Un pequeño arroyo marca el inicio del Río Magdalena. El frágil cauce está constantemente amenazado por la expansión urbana que conlleva contaminación. Un monitoreo más estricto de los vertidos ilegales, alrededor de las secciones urbanas del Río Magdalena, podría ser el comienzo de la reversión de los daños ocasionados.

REDACCION/ECOAMERICA.COM

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