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martes, febrero 7, 2023

El gran ojo del sur en busca de vida extraterrestre

La instalación en la norteña región de Antofagasta del telescopio más grande del mundo puede convertir a Chile, según académicos, en líder en investigación astronómica y propiciar el despegue de otras disciplinas científicas.

El cerro Armazones, de 3.060 metros de altura en pleno desierto de Atacama, fue elegido por el Observatorio Europeo Austral (ESO) para apostar su última joya destinada a encontrar, gracias a su capacidad de detectar atmósferas, planetas fuera del Sistema Solar que alberguen vida.

 

Se trata del Telescopio Europeo Extremadamente Grande (E-ELT, por sus siglas en inglés), óptico-infrarrojo, que tendrá un espejo primario de 42 metros de diámetro y un costo de 1.500 millones de dólares.

 

«De aquí a fines de la década, Chile va a concentrar el mayor número de instrumentos de observación y se va a transformar en un gran centro astronómico mundial», avizoró ante Tierramérica el director del Departamento de Astronomía de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la estatal Universidad de Chile, Mario Hamuy.

 

Los trabajos de Hamuy y de otros astrónomos chilenos y extranjeros en el campo de las estrellas supernovas ayudaron al descubrimiento de la expansión acelerada del universo.

 

La responsable de este fenómeno es la llamada energía oscura, que constituye 70 por ciento del contenido del universo. El E-ELT podría jugar un rol crucial en determinar el origen de esta misteriosa materia, apuntó el científico chileno. En un comunicado difundido el 26 de abril, portavoces de ESO señalaron que varios factores jugaron a favor de la propuesta chilena, que dejó en el camino a otra de la isla española de La Palma. Principalmente la «calidad astronómica» de su cielo, con más de 320 noches despejadas al año y ausencia de contaminación lumínica.

 

También se consideraron los costos de construcción y operación, y las «sinergias» con las otras instalaciones de ESO en el norte chileno: los observatorios Paranal y La Silla y el proyecto ALMA (Gran Conjunto Milimétrico/submilimétrico de Atacama), que la entidad creada por 14 países europeos terminará de construir en 2012 junto con otras instituciones.

 

Además del cerro Armazones, ubicado 1.200 kilómetros al norte de Santiago, el gobierno chileno había postulado otros tres lugares para acoger al «ojo más grande del mundo en el cielo» que entraría en operaciones en 2018.

 

En este país existen además los observatorios Cerro Tololo, operado por un consorcio de universidades privadas estadounidenses, y Las Campanas, de la también privada Carnegie Institution for Science, con sede en Washington.

 

«La comunidad astronómica nacional se ha desarrollado mucho en los últimos 15 años, especialmente porque tenemos acceso a 10 por ciento del tiempo de observación de todos los telescopios extranjeros instalados en el país», explicó a Tierramérica el presidente de la Sociedad Chilena de Astronomía, Leopoldo Infante.

 

Chile, con 17 millones de habitantes, pasó en las últimas décadas de tener una veintena de astrónomos a contar hoy con un centenar, que publican sus investigaciones en los más prestigiosos medios científicos del mundo.

 

El Estado tiene la oportunidad de transformar al país en «líder en investigación astronómica» con una «modesta inversión», destacó Hamuy. Para ello debería «focalizar recursos» para el «diseño y construcción de instrumentos» de observación propios, propuso.

 

«Falta que entremos en la etapa de la transferencia tecnológica, para lo cual necesitamos más incentivos estatales», coincidió Infante, también director del Centro de Astro-Ingeniería de la Universidad Católica, quien participó en el descubrimiento de la galaxia más alejada de la Tierra.

 

El gobierno parece haber captado el mensaje: la presidenta interina de la gubernamental Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, María Elena Boisier, aseguró que se trabaja en un plan de fondos para el desarrollo de instrumentos y áreas como la ingeniería y las tecnologías de la información asociadas al E-ELT.

 

Para el presidente de la Academia Chilena de Ciencias, Juan Asenjo, los logros en el campo astronómico «deberían extrapolarse también a otras disciplinas científicas», como la geofísica, la física experimental y la geología.

 

«La sociedad chilena, los políticos y los empresarios no tienen idea de que en Chile se hace ciencia de primer nivel mundial y no existe el concepto de que los desarrollos científicos llevan a una mejor calidad de vida», planteó Asenjo, ganador en 2004 del Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas.

 

Esta percepción, a su juicio, impide que se destinen mayores recursos a este mundo.

 

Asenjo comentó a Tierramérica el trabajo de los sismólogos chilenos que en la década del 90 predijeron la ocurrencia de un devastador terremoto en la zona centro y sur del país, tal como sucedió el 27 de febrero pasado. Esos trabajos nunca tuvieron la difusión y el impacto que merecían dadas las graves consecuencias que tienen estos fenómenos.

 

El flamante presidente de Chile, el derechista Sebastián Piñera, prometió elevar la inversión en investigación y desarrollo del actual 0,7 por ciento del producto interno bruto a 1,2 a fines de su mandato en 2014.

PNUMA

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