El cambio radical de las estaciones de esquí abandonadas desde 1977 que sorprende a los expertos

Publicado el: 17 de febrero de 2026 a las 12:38
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Telesilla abandonado en antigua estación de esquí de Estados Unidos reconvertida por el cambio climático.

En lo alto de muchas montañas de Estados Unidos ya no se oyen esquís sobre nieve recién caída sino el zumbido de las bicicletas de montaña. Donde antes había colas en el telesilla y nieve pisada ahora quedan estructuras oxidadas y praderas que se han ido tragando las pistas. Y, en bastantes casos, un segundo uso que está cambiando la forma de disfrutar de esas montañas.

En los años sesenta funcionaban alrededor de mil estaciones de esquí en Estados Unidos. Hoy quedan en activo unas 487 según el recuento de proyectos como New England Lost Ski Areas Project y DCSki que han documentado centenares de cierres en el noreste, el Atlántico medio y el Medio Oeste hasta superar las mil seiscientas áreas perdidas en esas regiones.



Detrás de ese mapa de estaciones fantasma hay varios factores económicos y legales pero el cambio climático y la falta de nieve fiable se han convertido en el gran denominador común. Cada invierno un poco más cálido complica la ecuación de negocio de las pequeñas áreas locales y acelera la búsqueda de alternativas.

Una temporada de esquí que se encoge

Un estudio reciente analizó más de doscientas veinte estaciones en cuatro grandes mercados regionales de Estados Unidos y comparó la duración de sus temporadas entre dos periodos distintos. La conclusión fue clara. Entre los años 2000 y 2019 la temporada media de esquí fue entre cinco coma cinco y siete coma uno días más corta que entre 1960 y 1979 incluso contando la nieve artificial.



Ese recorte de días ya tiene impacto directo en la caja registradora. Los autores estiman pérdidas nacionales en torno a doscientos cincuenta y dos millones de dólares al año por menos visitas de esquiadores y mayores costes de innivación sin contar los efectos en hoteles, comercios o empleo local.

Las proyecciones miran más allá y no son tranquilizadoras. Para la década de 2050 el mismo trabajo calcula que las temporadas podrían recortarse entre catorce y treinta y tres días en un escenario de bajas emisiones y entre veintisiete y sesenta y dos días en uno de altas emisiones con pérdidas anuales que subirían a una horquilla de seiscientos cincuenta y siete a mil trescientos cincuenta millones de dólares.

La altitud marca diferencias. Las estaciones situadas en cordilleras más elevadas como las Rocosas o Sierra Nevada pueden seguir abriendo aunque con temporadas más irregulares. Para muchas áreas pequeñas y bajas del Medio Oeste o el noreste la combinación de inviernos suaves, seguros caros, facturas energéticas crecientes y necesidad de fabricar nieve convierte cada temporada en una apuesta muy arriesgada.

Uno de los autores del estudio resumía así la situación. Daniel Scott advertía que “el daño ya causado por el cambio climático antropogénico a la industria del esquí en Estados Unidos es evidente” y que probablemente ya hemos pasado la era de las temporadas más largas.

De pistas abandonadas a senderos de flujo

Cuando una estación cierra no desaparece del paisaje. Quedan las pistas abiertas en medio del bosque, los edificios de servicio y, muchas veces, un telesilla que ya no gira. Eso es justo lo que ocurrió en Highlands Ski Area en Northfield, New Hampshire que operó como estación de esquí desde finales de los años sesenta hasta mediados de los noventa. Después pasó años abandonada con su triple telesilla parado y la base vandalizada.

A comienzos de los dos mil un nuevo propietario compró la montaña con otra idea en mente. En lugar de reabrirla como estación de esquí la transformó en Highland Mountain Bike Park un espacio dedicado casi en exclusiva a la bicicleta de montaña con acceso por telesilla. Las antiguas pistas se convirtieron en descensos para bicis y aparecieron nuevos trazados. En 2007 el parque vendió unas cuatro mil entradas de día y para 2018 ya recibía alrededor de treinta mil ciclistas por temporada una muestra de cómo un área “perdida” puede renacer con otro tipo de turismo.

La clave de estos nuevos desarrollos son los llamados senderos de flujo. Son recorridos diseñados para que la bici encadene curvas peraltadas, montículos suaves y saltos controlados con una sensación continua de movimiento. No buscan tanto la línea recta y empinada del esquí clásico sino una experiencia más lúdica que atrae a todo tipo de usuarios desde familias hasta especialistas en descenso.

Desde el punto de vista ambiental reaprovechar una estación cerrada tiene varias ventajas evidentes. Se reutilizan infraestructuras ya construidas como aparcamientos, alojamientos o remontes en lugar de abrir nuevas pistas en bosques vírgenes y se da una segunda vida a suelos ya alterados que de otro modo quedarían degradados. Además el uso principal se desplaza a los meses sin nieve lo que reparte la afluencia de visitantes a lo largo del año.

Oportunidad útil pero no sustituto de la acción climática

El auge de los bike parks en antiguas estaciones de esquí muestra la capacidad de adaptación de muchas comunidades de montaña. Les permite mantener empleo local y seguir vinculadas al turismo activo aunque la nieve sea cada vez menos segura. Para el visitante también es una forma de disfrutar de la naturaleza de manera relativamente suave sin necesidad de grandes infraestructuras nuevas.

Sin embargo estos proyectos no resuelven el problema de fondo. Si las emisiones globales de gases de efecto invernadero continúan al ritmo actual las proyecciones de temporadas recortadas y pérdidas económicas crecientes seguirán cumpliéndose y afectarán tanto a las montañas bajas como a muchas estaciones alpinas de referencia. Los propios autores del estudio insisten en que la duración futura de las temporadas depende en buena medida de que los países cumplan los objetivos del Acuerdo de París y reduzcan rápido sus emisiones.

Lo que hoy sucede en tantas estaciones de Estados Unidos es una advertencia que también miran de reojo los valles de los Alpes, los Pirineos o Sierra Nevada. Allí donde el invierno deja de ser fiable el negocio del esquí se tambalea y las montañas se ven obligadas a imaginar otros usos. El estudio científico que cuantifica el acortamiento de las temporadas de esquí y sus impactos económicos ha sido publicado en la revista académica Current Issues in Tourism.

Foto: Adam Munich, Rock Solid Trail Contracting

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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