El desafío de la conservación

Los ecosistemas del planeta sufren graves cambios por la acción del hombre, causando que el ritmo de extinción de especies sea por lo menos 100 veces superior al normal.

Para este año, el mensaje del Día Internacional de la Biodiversidad, que se celebra mañana, es “La biodiversidad para el desarrollo” y recalca la importancia de la variedad de la vida en la Tierra para el ser humano.

Este 22 de mayo se enmarca en un contexto más amplio: “2010, Año Internacional de la Diversidad Biológica”, por decisión de la 61ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2006.

Lastimosamente, la celebración se ve marcada por un fracaso, ya que la meta acordada por los Gobiernos del mundo de reducir el ritmo actual de la pérdida de la biodiversidad no se ha logrado, convirtiéndose en un gran desafío para la humanidad

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Resulta ser que todos los ecosistemas del planeta han sufrido transformaciones radicales por la acción del hombre, que ha provocado que el ritmo de extinción de especies sea por lo menos 100 veces superior al normal: el 36% corre peligro y el 30% habrá desaparecido para finales de siglo por efecto del cambio climático, según datos de Naciones Unidas y de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

A esta velocidad, en 2050, 1.3 millón de hectáreas (1.5 vez el tamaño de Estados Unidos) perderá sus niveles de biodiversidad original.

Biodiversidad y extinciones

La biodiversidad aumenta la seguridad alimentaria y garantiza una dieta variada y equilibrada, provee de agua limpia, energía (la leña es vital en los países en vías de desarrollo) y materias primas y ejerce de barrera contra los desastres naturales: los manglares (de los que actualmente hay un 35% menos de superficie) y los arrecifes de coral (con un 20% menos de superficie) protegen de inundaciones y tempestades.

De acuerdo con Jorge García, técnico del departamento de Biodiversidad y Vida Silvestre de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam), la biodiversidad de Panamá no está afectada a gran escala como en otros países.

Por el momento, la única especie que se piensa extinta es la rana arlequín (Atelopus chiriquiensis), afirma.

El especialista en biodiversidad y vida silvestre explica que en el país existen extinciones locales, como es el caso de especies que han inmigrado hacia otras regiones por la constante sobreexplotación directa o indirecta, como es el caso de la rana dorada (Atelopus zateki), un símbolo en El Valle de Antón, provincia de Coclé.

Mientras que Alida Spadafora, de la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (Ancon), indica que a pesar de algunos esfuerzos y del establecimiento de áreas protegidas en casi 40% del total del territorio panameño, la degradación de los ecosistemas marinos y los impactos a nuestra flora y fauna son crecientes.

Según Spadafora, el suelo istmeño ha perdido entre 1992 y 2008 unas 451 mil hectáreas de bosques, incluyendo los manglares.

“Además, se han destruido ecosistemas marinos costeros exponiéndonos al cambio climático”, dice.

El informe Perspectiva Mundial sobre la Biodiversidad (GBO-3) indica que se siguen perdiendo bosques tropicales a un ritmo acelerado, aunque en algunos países la deforestación se ha hecho más lenta.

La información más fiable sobre los hábitats terrestres se refiere a los bosques, que hoy en día ocupan aproximadamente el 31% de la superficie terrestre del planeta.

Ecosistemas marinos y costeros en peligro

El documento también plantea que en la región del Caribe, el 30% de los arrecifes coralinos ha sido exterminado o está en serio riesgo.

Se estima que entre los próximos 10 y 30 años se perderá otro 20% más.

Panamá no escapa a esta realidad, ya que el Pacífico oriental tropical istmeño, que alberga el Parque Nacional Coiba, la Zona Especial de Protección Marina y el Golfo de Chiriquí son áreas con gran riqueza en biodiversidad marina, pero están amenazadas, manifiesta Jesica Young, gerente de Incidencia y Política de la Fundación MarViva.

Young señala que algunas especies marinas están en estado crítico, por ejemplo, el tiburón martillo (Sphyrna lewini), las tortugas marinas canal (Dermochelys coriacea) y carey (Eretmochelys imbricada).

Es por ello que científicos del Instituto de Ciencia Carnegie (en Stanford, California) califican el impacto que está teniendo la actividad humana sobre los bosques tropicales, los ecosistemas marinos y costeros, como un gran tsunami.

En resumen, es necesario que en todos los niveles y sectores, especialmente en las principales áreas económicas, se tomen mejores decisiones en materia de conservación, y en ese sentido, los Gobiernos tienen un papel fundamental.

No podemos seguir siendo testigos de la continua pérdida de la biodiversidad como una cuestión ajena a las principales preocupaciones de la sociedad.

PNUMA

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