Ciudad de México quiere librarse del plástico

Este jueves entró en vigencia en la capital mexicana una ordenanza que prohíbe a los dueños de abastos y supermercados regalar bolsas de plástico a sus clientes. Será posible controlar que la ley se respete

Regalar bolsas cien por cien biodegradables y vender bolsas de plástico sigue estando permitido en los supermercados de la capital mexicana. Lo que ha quedado prohibido a partir de este jueves (19.8.2010), con la entrada en vigencia de una nueva ordenanza de visos ecologistas, es que los dueños de esos comercios las regalen a sus clientes. La medida busca reducir la avalancha de desechos que los veinte millones de habitantes de Ciudad de México generan a diario y el medio ambiente tarda millones de años en procesar.

Pero, aunque buena parte de la ciudadanía ha oído hablar de esta nueva ordenanza, de momento sigue dominando cierta confusión. En algunos supermercados continúan regalando las bolsas de plástico, en otros han empezado a vender pequeños sacos de compra fabricados con materiales biodegradables. “Uno recibe una bolsa cuando uno hace sus compras, pero lo mejor sería usar y reusar esa misma bolsa para que no sea necesario producir tantas o llevar consigo un saco de compras de verdad”, opina el cliente de una pequeña tienda.

Lo ecológico está de moda y las multas son grandes

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Cerca de la caja cuelgan a la vista de todos pequeños bolsos hechos de yute, un material extraído de la corteza de una planta. Los sacos de compra llevan impresa la frase “¡Que viva la Tierra!” y tienen un costo cercano a los 1,30 euros, pero aún no se puede decir que sean muy populares. Muchos de los consumidores que llevan bolsas biodegradables lo hacen porque las han recibido gratuitamente en los negocios y no porque hayan decidido comprarlas.

No obstante, también abundan los comerciantes que han optado por adaptarse a las nuevas circunstancias, o bien para sacarle provecho mercadotécnico al boom de lo ecológico, o bien por la dureza de las multas aplicadas a quienes sean sorprendidos violando la nueva ordenanza. Las multas de hasta 9.000 euros han convencido a más de uno de prescindir de las bolsas plásticas; una tendencia que, sin embargo, por sí sola, no solucionará el problema de la contaminación en esta gran ciudad.

El cambio de mentalidad es imprescindible

En Ciudad de México, la basura de plástico esté por todos lados; es difícil conseguir dispositivos para la basura y eso lleva a mucha gente a tirar sus desechos en la calle, a pesar de la mala conciencia que eso les genera. “Los problemas ambientales abundan, pero uno de los más grandes es el de la basura”, comenta Elisabet González, dueña de una papelería, para luego admitir apenada que ella todavía les regala bolsas de plástico a sus clientes. Su excusa: “Yo creo que esa ordenanza tiene vigencia para los grandes supermercados en donde impera el autoservicio”.

González dice no estar segura de si la ordenanza aplica para su negocio. “A nosotros nadie nos ha dicho si debemos dejar de regalar bolsas de plástico o no. Nosotros lo evitamos hasta donde podemos, a pesar de que todavía nos quedan muchas bolsas de plástico”, asegura, añadiendo que la medida en cuestión tienes pros y contras: “Uno necesita bolsas de plástico para muchas cosas. A nosotros nos dicen que debemos separar la basura, pero, ¿cómo hacerlo sin recurrir a las bolsas de plástico?”.

¿Será posible controlar la aplicación de la ordenanza?

Considerando que en la capital mexicana hay decenas de miles de tiendas, incluyendo los tarantines de los mercados y otros comercios menos formales, no es de extrañar que muchos aplaudan el idealismo y las buenas intenciones de los legisladores locales, y al mismo tiempo se pregunten si es del todo posible controlar que la ordenanza se respete. El reto es grande, pero el Gobierno de izquierda de Ciudad de México ha hecho del ecologismo una de sus principales señas de identidad.

Fue éste el Gobierno que estableció las rutas reservadas para los autobuses, el servicio público de bicicletas de alquiler y la prohibición de fumar en los restaurantes, y es éste el que ahora quiere que los habitantes de la capital se olviden, poco a poco, de que existen las bolsas de plástico.

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