Conmoción entre los científicos: confirmada la extinción del glaciar de los Cerros de la Plaza en la Sierra Nevada

Publicado el: 16 de abril de 2026 a las 20:41
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Paisaje actual sin hielo del glaciar Cerros de la Plaza en la Sierra Nevada del Cocuy tras su desaparición.

Ver un nevado sin blanco cuesta de imaginar. Sobre todo en un país andino donde el hielo ha sido parte del paisaje, del agua y de la memoria de la alta montaña. Pero esa imagen acaba de cambiar para siempre en la Sierra Nevada de Güicán o El Cocuy, en Boyacá.

El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) confirmó en marzo de 2026 la desaparición total del glaciar de los Cerros de la Plaza. Lo que hace un siglo y medio era una masa de hielo, hoy ya no tiene cobertura glaciar. Y eso se nota.



Qué se ha perdido exactamente

El glaciar de los Cerros de la Plaza estaba en la Sierra Nevada de Güicán o El Cocuy, un macizo de la Cordillera Oriental que se extiende entre Boyacá, Arauca y Casanare. Era parte de un sistema glaciar muy especial porque está en los Andes tropicales, donde pequeños cambios de temperatura se notan rápido en el hielo.

La confirmación del Ideam es clara. “Hoy, su cobertura es de cero” y la extinción “es definitiva”, según el mensaje difundido por la entidad y recogido por distintos medios. No fue un deshielo de un día para otro, sino el final de un proceso que venía de lejos.



Las cifras que cuentan la historia

Los números ayudan a aterrizar la noticia, aunque sean difíciles de digerir. Según el Ideam, a mediados del siglo XIX este glaciar tenía alrededor de 5,5 kilómetros cuadrados, y en 2016 quedaban apenas 0,15 kilómetros cuadrados. En 2026, el balance llegó a 0.

Este tipo de caída no es solo “retroceso”. Es un colapso en cámara lenta. Y cuando se llega a ese punto, ya no hablamos de un glaciar en mínimos, sino de un glaciar que deja de existir como tal.

Por qué los glaciares tropicales son tan frágiles

El Ideam apunta a una combinación de factores que encajan como piezas de un mismo puzle. Habla del aumento sostenido de la temperatura, de menos precipitación en forma de nieve y de una altitud que hoy resulta “relativamente baja” para mantener hielo estable (cercana a los 5.000 metros). 

En Colombia, además, el contexto general es preocupante. El propio Ideam estima que el país pasó de unos 347,9 km² de área glaciar en la segunda mitad del siglo XIX a 30,83 ± 0,48 km² en 2024. En otras palabras, se ha perdido el 91% del hielo. No es una cifra para titulares, es un dato para tomárselo en serio.

Qué significa más allá del paisaje

Cuando desaparece un glaciar, lo primero que cambia es lo visible. Donde antes había hielo, queda roca, suelo desnudo y, a veces, pequeñas lagunas nuevas. Pero el impacto real suele ir por dentro y afecta al funcionamiento de la alta montaña.

El Ideam lo resume con una idea que conviene subrayar. “La desaparición de un glaciar no es un hecho aislado”, porque es “la manifestación visible de un sistema climático que está cambiando”. También recuerda que los glaciares cumplen funciones en la regulación hídrica y en los ecosistemas de alta montaña. Dicho de forma sencilla, actúan como una especie de “almacén” natural y ayudan a amortiguar cambios, sobre todo en cabeceras de cuenca.

¿Significa esto que mañana faltará agua en todas partes? No necesariamente, y aquí conviene matizar. En muchos lugares la lluvia sigue siendo la fuente principal, pero perder hielo reduce la capacidad de “aguantar” periodos secos en zonas muy concretas y cambia equilibrios ecológicos que dependen del frío, la humedad y la estacionalidad.

Cómo se confirma una extinción desde el satélite

Una pregunta lógica sería cómo se certifica algo así sin pisar cada rincón del nevado. La respuesta está en la teledetección y en el seguimiento sostenido, que permite comparar imágenes y medir la cobertura de hielo con mucha precisión.

En este caso, el seguimiento que sustentó la confirmación se hizo con monitoreo satelital y con apoyo de herramientas del Observatorio de la Tierra y el Territorio del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC). Esa combinación permite ver la evolución del blanco año tras año, hasta comprobar que ya no queda masa glaciar.

Este tipo de vigilancia no sirve solo para “dar la noticia” cuando ya es tarde. También ayuda a anticipar qué sectores van a peor, a planificar medidas de adaptación y a poner cifras donde antes solo había impresiones.

El Cocuy aún tiene hielo, pero el reloj corre

Hay un detalle importante para entender la dimensión de lo ocurrido. La Sierra Nevada de El Cocuy o Güicán sigue siendo la masa glaciar más grande del país, pero también está disminuyendo. El Ideam estima que en 2024 su área era de 11,87 km², con una reducción del 7,41% frente a 2022.

Y esto conecta con algo que el propio Ideam ya venía advirtiendo. En 2025 señaló que algunos glaciares de esa sierra, entre ellos Cerros de la Plaza, “podrían desaparecer antes de 2026”. Ahora esa previsión se ha materializado. El problema es que el reloj corre más deprisa que nuestra capacidad de reacción.

En la práctica, lo que viene es más presión sobre el resto de relictos de hielo del país, incluidos los de nevados como el Ruiz, Tolima, Huila y Santa Isabel. En ese escenario, la información oficial y el monitoreo continuo dejan de ser un tema técnico y pasan a ser una herramienta básica para gestionar territorio, agua y conservación.

El comunicado del Ideam sobre esta extinción se ha difundido en su publicación oficial en X (antes Twitter), disponible en este enlace.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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