Por falta de ayudas del Gobierno, se frenan las energías renovables

La inversión en energías renovables echa el freno en España. Tras unos años de una expansión inusitada, el panorama está cambiando. El Gobierno empieza a cerrar el grifo de las primas de apoyo a las fuentes limpias. Mientras que en el 2008 se instalaron 2.600 MW de energía solar fotovoltaica (la potencia de casi tres nucleares), en lo que va de año sólo se han añadido 18 MW fotovoltaicos. En este caso, el Gobierno ha impuesto un sistema (de registro y cupos) que supone una selectiva criba de los proyectos, pero el resultado es que se ha hundido la producción de paneles. Y de la misma manera, molinos de viento también empiezan a registrar menos encargos y se teme que el parón a la eólica pueda llegar a finales del año próximo. Las energías renovables viven, además, con alarma la presión de los sectores empresariales que reclaman al Gobierno que eliminen las ayudas, mientras el Gobierno anuncia subsidios para el carbón.

Las energías renovables han tenido un desarrollo espectacular en España. Hasta septiembre, el 29% de la demanda eléctrica procedía de fuentes renovables (hidráulica, solar, eólica…). La eólica ha aportado en lo que va de año un 11% de demanda eléctrica y la energía fotovoltaica supuso el 4% de la demanda en agosto. El éxito se ha debido a la ley del Sector Eléctrico (1997), que ha permitido a los promotores de energía renovable ver garantizada estos años una remuneración mínima por la electricidad que producen. Perciben una prima, que pagan los consumidores en el recibo de la luz junto con el resto de gastos de generación. La ley obliga a las eléctricas a comprar prioritariamente toda la electricidad verde que se genere.

Y así, en España hay cientos de parques eólicos, que suman 16.549 MW, mientras que las empresas españolas han levantado en el extranjero molinos de viento que suponen otros 10.000 MW. Además, en el 2008, la potencia fotovoltaica se catapultó hasta los 3.500 MW con las huertas solares, que multiplicó por seis la energía instalada.

Sin embargo, este desarrollo se está frenando. El mejor ejemplo lo vive el sector fotovoltaico. Pasó de instalar unos 10 MW anuales (en el 2004 o 2005) a colocar unos 2.600 MW sólo en el año 2008. Y ahora vuelve a morder el suelo.

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El país se sembró de huertas solares gracias a una buena remuneración, hasta el punto de que el Gobierno no tuvo más remedio que decir basta para no inflar más el déficit tarifario. El error de partida se cometió en la regulación de junio del 2007, cuando el Gobierno mantuvo unas altas primas y unas metas sobre energía fotovoltaica muy poco ambiciosos (400 MW en el 2010). Además, el boom inversionista se vio favorecido por una reducción de costes y la llegada de dinero de sector de la construcción. La consecuencia fue un aluvión de proyectos; muchos, de cazaprimas. Por todo ello, el Gobierno decidió cortar por lo sano y tomó medidas que han frenado el sector en un santiamén.

Así, con la nueva regulación fotovoltaica –octubre del 2008– se fijaron unos cupos de nuevas plantas fotovoltaicas (500 MW al año en suelos y techos) para evitar la especulación. Pero al Gobierno se le fue la mano. «Hemos pasado de crear 2.600 MW fotovoltaicos en el 2008 a instalar sólo 17 MW en lo que va desde principios de año y hasta octubre», dice Javier García Breva, de la Asociación de Productores de Energías Renovables-APPA. «Cuando se precisaba una mayor maduración para esta tecnología, el Ministerio de Industria decidió frenar en seco la fotovoltaica. Pero una cosa era racionalizar el sector y otra muy distinta es eliminarlo. El problema se ha creado por una mala regulación», agrega. Las empresas dejaron de producir paneles. Isofotón, líder en el sector, ha presentado un expediente de regulación que afecta a casi toda su plantilla. La actividad se ha reducido un 90%.

El temor se extiende a la eólica. Este año aún entrarán en servicio unos 1.800 MW eólicos, pero se espera que a partir de finales del año próximo se registre un parón de instalaciones, puesto que la prevista reducción de primas genera ya muchas incertidumbres y muchos proyectos no logran financiación, según la Asociación Empresarial Eólica.

Los mismos peligros acechan a la energía solar termoeléctrica, de la que España es líder mundial: ha desarrollado las dos primeras plantas comerciales de mundo de tecnología de torre central en Sanlúcar la Mayor, de Abengoa

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