China cubre un desierto con paneles solares y confirma que puede cambiar el ecosistema para siempre

Publicado el: 29 de enero de 2026 a las 07:58
Síguenos
Parque solar en el desierto de Talatan, en Qinghai, China, con miles de paneles solares modificando el ecosistema.

Cubrir un desierto con paneles solares suena, a primera vista, a puro aprovechamiento de espacio vacío. Sin embargo, en la meseta Qinghai Tíbet, en el desierto de Talatan, China ha comprobado algo más incómodo de ignorar. El gigantesco parque fotovoltaico Qinghai Gonghe, con una potencia de mil megavatios, no solo genera electricidad limpia. También está modificando el suelo, el microclima y la vida que consigue abrirse paso bajo las placas.

La clave está en un estudio publicado en dos mil veinticuatro por un equipo de la Universidad Tecnológica de Xi’an. Los investigadores eligieron este parque como laboratorio a cielo abierto para responder a una pregunta muy concreta. Qué pasa con la ecología del desierto cuando se instala fotovoltaica a gran escala. Para medirlo usaron el modelo DPSIR, una herramienta recomendada por la Agencia Europea de Medio Ambiente que relaciona presión humana, estado del entorno e impactos, y analizaron cincuenta y siete indicadores que van desde la temperatura del suelo hasta la diversidad de microorganismos.



Los resultados son bastante claros. El área situada dentro del parque, donde los paneles proyectan sombra de forma permanente, obtuvo una puntuación de cero coma cuatro tres nueve en su índice de salud ecológica, una categoría que el modelo clasifica como general. Las zonas de transición y el desierto exterior se quedaron en cero coma dos ocho seis y cero coma dos ocho, valoradas como pobres. En otras palabras, dentro del campo solar el sistema está algo más vivo y estable que fuera.

Qué está pasando bajo los paneles

La explicación no tiene tanto misterio cuando se piensa en cómo se siente cualquiera en pleno verano, a solazo limpio, frente a estar bajo una marquesina. La sombra de las placas baja la temperatura del suelo, reduce la evaporación y ayuda a retener más humedad cerca de la superficie. Las mediciones del equipo muestran un microclima menos agresivo bajo la estructura, con más agua disponible y menos viento directo, lo que da margen a que broten hierbas y se recuperen los microorganismos del suelo. Varios artículos divulgativos han descrito este efecto como una especie de paraguas ecológico que protege al terreno del castigo constante del sol y del viento del desierto.



Ese pequeño cambio, repetido a lo largo de miles de filas de paneles, empieza a notarse en la vegetación. Según el estudio, en las parcelas bajo las estructuras se registró mayor cobertura vegetal, más diversidad de especies herbáceas y comunidades microbianas más ricas que en el desierto abierto. No hablamos de un bosque, ni mucho menos. Pero sí de un suelo que pasa de casi inerte a tener raíces, materia orgánica y algo más de carbono almacenado.

Desiertos, energía limpia y lucha contra la desertificación

Gonghe no es un proyecto aislado dentro del mapa energético chino. La provincia de Qinghai se ha convertido en uno de los grandes polos de energías renovables del país, con una capacidad instalada donde la electricidad procedente de fuentes limpias ya representa la inmensa mayoría. En la zona de Talatan se está ensayando además un modelo que combina fotovoltaica y ganadería, con rebaños que pastan entre las filas de paneles mientras la sombra reduce el estrés hídrico de los pastos.

Para un país que intenta frenar la desertificación y al mismo tiempo reducir sus emisiones de dióxido de carbono, estos parques ofrecen una doble función. Generan electricidad renovable que desplaza combustibles fósiles y, en buena medida, ayudan a estabilizar suelos degradados, a bajar la temperatura del terreno durante el día y a retener algo más de agua. El estudio de Gonghe apunta justamente en esa dirección al concluir que el desarrollo fotovoltaico ha tenido un efecto positivo en la ecología y el medioambiente en zonas desérticas.

Las cautelas que recuerdan los científicos

Aun así, no conviene quedarse solo con el lado amable. Los propios autores insisten en que se trata de un caso concreto, en un desierto de alta montaña con unas condiciones muy específicas. Las zonas de transición y el entorno siguen mostrando un nivel ecológico bajo y necesitan medidas de restauración adicionales. El mensaje es claro. La fotovoltaica puede ayudar, pero no convierte cualquier desierto en oasis por arte de magia.

El equipo recomienda mantener un seguimiento a largo plazo, precisamente para detectar posibles efectos indeseados y ajustar el diseño de los parques. También subrayan la importancia de escoger bien las ubicaciones y de planificar desde el principio cómo se protegerá el suelo, la flora y la fauna locales. En el fondo, lo que buscan es que estos macroproyectos de energía renovable sumen en la lucha contra el cambio climático sin abrir otros problemas ambientales por el camino.

Para quienes miran la factura de la luz con preocupación, puede sorprender que unos paneles instalados a miles de kilómetros también estén cambiando la forma en que entendemos la relación entre energía y territorio. Estudios como el de Gonghe recuerdan que, si se hacen bien, las renovables pueden ser algo más que cables y megavatios. Pueden convertirse en herramientas de restauración en paisajes castigados, siempre que la ciencia marque el paso y que la regulación acompañe.

El estudio completo ha sido publicado en la revista Scientific Reports.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

Deja un comentario