Energía

Los expertos coinciden: el aparato que más luz gasta en tu casa no es ni la nevera ni la lavadora y puedes bajar su consumo con un simple gesto

El termo eléctrico puede disparar tu factura de la luz y un sencillo cambio de hábito ayuda a reducir su consumo.

Los expertos coinciden: el aparato que más luz gasta en tu casa no es ni la nevera ni la lavadora y puedes bajar su consumo con un simple gesto

Cuando llega una factura de la luz más alta de lo esperado, las sospechas suelen caer sobre la nevera, la lavadora o la secadora. Sin embargo, en las viviendas que calientan el agua con electricidad, el gran consumidor puede estar colgado en una pared y pasar casi desapercibido. Es el termo eléctrico, también llamado acumulador.

La clave está en que no solo calienta el agua de las duchas. También mantiene decenas de litros a una temperatura elevada durante horas, incluso cuando nadie abre un grifo. Por eso, revisar este aparato puede dar más resultado que obsesionarse con apagar luces durante unos minutos.

Por qué gasta tanto

Un termo con depósito utiliza una resistencia para elevar la temperatura del agua. Cada vez que sale agua caliente entra agua fría, y el equipo debe volver a calentarla. Además, el depósito pierde calor hacia la habitación y se enciende de nuevo para compensarlo.

La Comisión Europea calcula que los calentadores de agua representan hasta el 6 % del consumo de energía primaria de la Unión Europea. Cerca de tres cuartas partes del volumen de agua caliente se utiliza en los hogares, por lo que el ecodiseño europeo regula la eficiencia y las pérdidas térmicas de estos equipos.

En España, el estudio SPAHOUSEC, una referencia histórica del IDAE, situó el agua caliente sanitaria en el 18,9 % del consumo final de energía doméstica. Es una fotografía anterior a los aparatos actuales y no sirve para calcular una factura de hoy. Pero muestra el peso que puede tener este servicio en casa.

La comparación que sorprende

La Comisión Europea estima que un hogar de la UE utilizaba de media unos 72 litros diarios de agua caliente a 60 °C en 2020. Si el agua entra a 15 °C, un cálculo orientativo sitúa la energía necesaria para calentarla en unos 1375 kWh al año. En un termo de resistencia, esa demanda se cubre casi por completo con electricidad, antes de sumar las pérdidas del depósito y las tuberías.

Aun así, no todas las familias consumen lo mismo. La comparación sirve para entender la escala. En 2020, los frigoríficos con congelador vendidos en la UE promediaban 181 kWh anuales y las lavadoras vendidas ese mismo año unos 96 kWh.

El tamaño importa

Un depósito demasiado grande mantiene caliente más agua de la que una casa necesita. Eso puede elevar las pérdidas, sobre todo si el aislamiento es pobre o el termo está en un garaje frío. Uno muy pequeño puede quedarse sin reserva en las horas de mayor uso y reducir el confort.

Conviene aclarar algo. Un termo pequeño no consume más solo porque se encienda más veces, ya que la energía depende sobre todo del agua utilizada, del salto de temperatura y de las pérdidas. Al comprar uno nuevo, hay que mirar el perfil de carga y el consumo anual de la etiqueta, no únicamente los litros.

La temperatura correcta

El IDAE recomienda entre 55 y 60 °C para los sistemas con acumulación, aunque el agua se utilice después a unos 40 °C. También aconseja la grifería termostática, que mezcla el agua antes de que llegue a la piel y mejora el control.

¿Sería buena idea dejar el termo a 40 °C para ahorrar más? No necesariamente. Una temperatura demasiado baja puede crear problemas de higiene en determinadas instalaciones, mientras que una consigna excesiva aumenta las pérdidas y el riesgo de quemaduras. Lo prudente es respetar el manual y las recomendaciones sanitarias aplicables.

Los hábitos que sí ahorran

El ahorro más directo consiste en usar menos agua caliente sin perder comodidad. Una ducha algo más corta, un cabezal de bajo caudal o cerrar el grifo mientras uno se enjabona reducen el consumo de agua y de electricidad. Y eso se nota.

También conviene vigilar el grifo monomando. El IDAE advierte de que abrirlo en la posición central durante unos segundos puede pedir agua caliente aunque no haga falta. Para lavarse las manos rápidamente o aclarar un vaso, la posición de agua fría evita ese pequeño gasto.

Programar el equipo puede ayudar cuando la tarifa ofrece horas más baratas. Pero desplazar el calentamiento no siempre reduce los kWh, a veces solo cambia el momento en que se pagan. El mayor ahorro aparece cuando se reducen las pérdidas y el agua calentada sin necesidad.

El estado del equipo

Un termo antiguo puede tener peor aislamiento que uno moderno. Si tarda más de lo habitual en calentar, la temperatura fluctúa o aparecen señales de corrosión, conviene pedir una revisión. El mantenimiento debe seguir el manual y cualquier intervención interna debe realizarla un profesional cualificado.

La ubicación también importa. Un depósito instalado en un espacio frío pierde más calor, y una tubería larga con poco aislamiento deja parte de la energía por el camino. A veces el problema no está en cuánto agua usamos, sino en todo lo que se enfría antes de llegar a la ducha.

Cómo comprobar el consumo

La factura no separa el gasto de cada aparato. Se puede consultar la curva horaria del contador inteligente y observar qué ocurre después de varias duchas o cuando el termo recupera la temperatura. Una medición por circuito debe hacerla un electricista si el equipo está conectado de forma fija.

También sirve revisar la placa de potencia. Un termo de 2000 W que calienta durante dos horas consume 4 kWh en ese periodo. Repetido casi a diario, el resultado deja de parecer pequeño.

No ocurre igual en todas las casas

El termo eléctrico no es siempre el mayor gasto. En una vivienda con calefacción eléctrica, aire acondicionado intensivo, piscina o coche eléctrico, otros equipos pueden estar por encima. Tampoco será el culpable si el agua se calienta con gas, energía solar térmica o una bomba de calor eficiente.

Pero en una casa con acumulador eléctrico de resistencia, varias personas y duchas diarias, merece estar entre los primeros sospechosos. Antes de apagar la nevera o renunciar a una lavadora, tiene más sentido revisar la temperatura, el tamaño, el aislamiento y los hábitos de agua caliente. No es poca cosa.

La referencia más reciente procede de la Comisión Europea.

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