Las áreas protegidas frenan aridez climática y actúan como auténticos escudos naturales frente al avance de la sequía extrema, según confirma una investigación internacional liderada por el CSIC.
El estudio, publicado en Nature Plants, demuestra que reservas naturales y parques nacionales bien protegidos retrasan los umbrales de colapso ecológico en tierras secas. Aumentando la resiliencia de los ecosistemas ante el cambio climático.
En un planeta donde más del 40 % de la superficie ya es árida, la investigación subraya que reforzar la protección ambiental no es una opción ideológica. Sino una estrategia climática basada en evidencia científica.
Áreas protegidas frenan aridez climática y retrasan el colapso de ecosistemas
Un estudio del CSIC en Nature Plants demuestra que los parques nacionales amortiguan la sequía y retrasan el colapso ecológico.
Las tierras áridas cubren más del 41 % de la superficie terrestre y albergan al 38 % de la población mundial. Estos frágiles ecosistemas son altamente vulnerables al cambio climático y al aumento de la aridez.
Una vez superado un umbral crítico de aridez, incluso un ligero aumento de la misma puede reducir drásticamente la productividad del ecosistema. Anteriormente, los científicos creían que estos umbrales eran fijos e inevitables. Pero los nuevos estudios han cambiado esta visión.
La aridez amenaza a casi la mitad del planeta
Una investigación internacional liderada por el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (CSIC) concluye que las áreas con un alto nivel de protección medioambiental, como reservas naturales y parques nacionales, son capaces de amortiguar los efectos de la aridez en estas tierras. Aumentando así su resistencia frente al cambio climático.
El trabajo, que se publica en la revista Nature Plants, confirma que las zonas con niveles de protección correspondientes a las categorías I y II de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) —es decir, reservas naturales, áreas silvestres y parques nacionales— pueden amortiguar y retrasar de forma significativa la aparición de estos umbrales de aridez.
Las tierras secas cubren más del 41 % de la superficie terrestre. Y albergan al 38 % de la población mundial y son extremadamente vulnerables al cambio climático. A partir de cierto umbral, un pequeño aumento de la sequedad provoca una caída drástica en la productividad del ecosistema.
¿Por qué no todas las figuras de protección funcionan?
Hasta ahora, se pensaba que los umbrales de aridez eran inamovibles. Pero este estudio contradice esta idea. Y demuestra que las figuras de conservación son eficaces, explica el investigador del CSIC Manuel Delgado Baquerizo.
Sin embargo, ha precisado que no todos los niveles de protección tienen la misma eficacia. Ya que no es lo mismo una reserva natural (categoría I) que un parque nacional (categoría II). Las zonas con bajos niveles de protección mostraron umbrales de aridez similares a los de las áreas desprotegidas. Lo que sugiere que «no son eficaces en la protección contra la aridez», ha indicado.
El estudio alerta además de que, de los más de 18.000 paisajes estudiados, alrededor de un 7 %, cuentan actualmente con los niveles de protección más altos.
Umbrales climáticos que pueden desplazarse
A la vista de los futuros escenarios de cambio climático, ha abogado por aumentar las zonas protegidas y los niveles de las mismas como una medida necesaria para la conservación. La investigación, basada en un amplio análisis de datos ambientales a escala global durante 23 años (2001-2023), analiza más de 18.000 paisajes de tierras secas de todo el mundo.
El equipo comparó la productividad de la vegetación en tres tipos de áreas: zonas sin protección, zonas con un nivel de protección bajo (categorías III o superior de la UICN, como áreas de gestión de caza o parques regionales) y áreas de alta protección (categorías I y II de la UICN, que incluyen reservas naturales y parques nacionales).
Las áreas protegidas frenan aridez climática: biodiversidad y suelos como barrera natural
Según el estudio, la capacidad de las áreas altamente protegidas para resistir mayores niveles de aridez se puede atribuir a múltiples factores, como una menor presión antropogénica, mayores niveles de biodiversidad y una mejor estructura del suelo y la vegetación.
Una nueva investigación desafía esta suposición, demostrando que las áreas protegidas pueden modificar los umbrales de aridez. Y fortalecer la resiliencia de los ecosistemas. Sin embargo, las categorías de conservación más estrictas ofrecen resultados más sólidos para el medio ambiente que las áreas con protección limitada.
El estudio analizó más de 18.000 paisajes de tierras áridas en todo el mundo entre 2001 y 2023. Con solo el 7 % por debajo de los niveles de protección más altos, la expansión de las áreas protegidas se considera vital en futuros escenarios de cambio climático. Seguir leyendo en MEDIO AMBIENTE.




















