La ONU declara el inicio de una nueva era: el mundo ha entrado oficialmente en “quiebra hídrica” y ya no puede volver a la normalidad del pasado

Publicado el: 24 de enero de 2026 a las 12:35
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Persona caminando sobre un terreno agrietado por la sequía extrema causada por la escasez de agua

El planeta ha cruzado una línea que no tiene fácil marcha atrás. Un nuevo informe del Instituto Universitario de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud afirma que la Tierra ha entrado en una era de “bancarrota hídrica mundial”, una situación en la que muchos ríos, acuíferos y humedales han perdido la capacidad de volver a su estado “normal” histórico.

Según los datos del propio informe, tres de cada cuatro personas viven en países con inseguridad hídrica y unos 4 000 millones sufren escasez severa de agua al menos un mes al año. Una de cada cuatro personas carece de acceso seguro al agua potable.



Dicho de otra forma, llevamos años gastando más agua de la que la naturaleza puede reponer. Y esa factura se está empezando a notar en los grifos, en los campos de cultivo y en la cesta de la compra.

Qué significa exactamente la “bancarrota hídrica”

El concepto no se limita a hablar de sequía. Los científicos definen la bancarrota hídrica como un estado poscrisis en el que el uso y la contaminación del agua superan durante mucho tiempo las entradas renovables y los límites seguros de agotamiento. En ese punto, partes clave del sistema hídrico dejan de poder recuperarse aunque vuelvan años lluviosos.



Youtube: UNU-INWEH

El director de UNU INWEH, Kaveh Madani, lo resume con una metáfora muy clara. Explica que durante décadas hemos vivido “más allá de nuestros medios hidrológicos”, tirando de los ahorros de acuíferos, glaciares y humedales en lugar de vivir solo del “interés” que genera el ciclo del agua. Ahora, buena parte de ese capital natural ya está liquidado.

En el fondo, lo que dice el informe es que ya no basta con hablar de “crisis del agua”, como si fuera algo puntual que se supera y se olvida. Lo que vemos en muchos lugares se parece más a una nueva normalidad.

Los números que muestran que el sistema está en rojo

Las cifras que acompañan al diagnóstico son contundentes. Desde 1970 se ha perdido más de treinta por ciento de la masa de hielo glaciar del planeta, lo que reduce de forma permanente el almacenamiento de agua dulce en las montañas.

Alrededor de setenta por ciento de los grandes acuíferos del mundo muestran tendencias de descenso a largo plazo por sobreexplotación, y en aproximadamente cinco por ciento de la superficie terrestre el terreno se está hundiendo por la extracción de agua subterránea.

En paralelo, se han destruido unos 410 millones de hectáreas de humedales, una superficie similar al tamaño de la Unión Europea. Solo la pérdida de servicios ecosistémicos asociados a estos humedales se estima en más de 5,1 billones de dólares estadounidenses.

La agricultura concentra cerca de setenta por ciento de las extracciones de agua dulce del planeta y más de la mitad de la producción mundial de alimentos depende hoy de regiones donde las reservas de agua están disminuyendo o son muy inestables. El informe calcula que la degradación de suelos, el agotamiento de aguas subterráneas y el cambio climático generan daños económicos superiores a 300 000 millones de dólares al año.

Todo esto no es una abstracción. Se traduce en cosechas perdidas, embalses que no se llenan, ciudades con cortes de suministro y facturas del agua que suben mientras la calidad baja. Y eso se nota.

De apagar incendios a gestionar la “quiebra”

Hasta ahora, muchas políticas de agua se han centrado en apagar incendios. Es decir, reaccionar cuando llega la sequía extrema, cuando un río se queda seco o cuando una ciudad se queda al borde del desabastecimiento. El informe advierte de que este enfoque ya no sirve si la base física está dañada de forma permanente.

Los autores proponen pasar a lo que llaman “gestión de la quiebra”. En la práctica, esto significa tres cosas. Primero, hacer una contabilidad hídrica transparente que diga claramente cuánta agua entra, cuánta sale y quién la usa. Segundo, fijar límites exigibles al consumo y a la contaminación, aunque políticamente sea incómodo. Tercero, proteger el capital natural relacionado con el agua, como acuíferos, humedales, suelos fértiles, ríos y glaciares.

El informe subraya además que la transición tiene que ser justa. No es lo mismo recortar agua a un campo de regadío industrial que a una comunidad rural que ya sobrevive con camiones cisterna. En regiones del sur de Europa, y en varias cuencas españolas, los expertos alertan de un estrés estructural que no se resuelve con un solo año lluvioso, porque los acuíferos y los ecosistemas llevan años al límite.

Quién paga la factura de vivir por encima de nuestros medios

La bancarrota hídrica no solo es un problema físico. También es un problema de desigualdad. El informe recuerda que los impactos recaen sobre todo en poblaciones vulnerables, que dependen directamente del agua para su sustento y que suelen tener menos voz en la toma de decisiones.

Además, algunos científicos señalan factores que el documento solo menciona de pasada, como el fuerte crecimiento demográfico en determinadas regiones, que añade presión adicional a unos recursos ya sobreexplotados. El geocientífico Jonathan Paul apunta que la expansión rápida y desigual de la población está detrás de muchas manifestaciones de esta bancarrota del agua.

Aun con estos matices, el mensaje de fondo es claro en buena parte de la comunidad científica. No se trata de volver a un pasado idealizado, sino de aceptar que el sistema ha cambiado en profundidad y que hay que adaptarse a esa nueva realidad hidrológica.

Agua como riesgo, pero también como oportunidad

El informe insiste en que el agua no es solo una fuente creciente de riesgo. Bien gestionada, puede ser una oportunidad estratégica para avanzar en clima, biodiversidad, salud, suelos y seguridad alimentaria, y una palanca para cooperar en un mundo cada vez más fragmentado.

Los autores proponen aprovechar los próximos hitos internacionales en materia de agua, como la Conferencia de la ONU sobre el Agua de 2026, para redefinir la agenda global. El objetivo es sencillo de formular, aunque complejo de aplicar en la práctica. Volver a vivir dentro de los límites del ciclo del agua y dejar de cargar a las próximas generaciones con una deuda hidrológica imposible de pagar.

El informe “Global Water Bankruptcy. Living Beyond Our Hydrological Means in the Post-Crisis Era” ha sido publicado por el Instituto Universitario de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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