Los bosques deben gestionarse y no limpiarse para prevenir incendios. Un análisis de un académico de la Universidad de Alicante cuestiona el mito habitual sobre el mantenimiento de los montes. El experto sostiene que adecuar los espacios arbóreos mediante planificación estratégica resulta clave ante la amenaza estival.
Reemplazar pinares por vegetación autóctona mediterránea disminuye radicalmente la combustibilidad vegetal. Variedades como encinas o madroños ofrecen una resistencia superior frente al fuego, amortiguando además el impacto destructivo ocasionado por las tormentas eléctricas.
La responsabilidad humana desencadena la inmensa mayoría de los siniestros registrados. Negligencias con maquinaria, hogueras o imprudencias cotidianas exigen que haya una mayor sensibilización cívica durante periodos críticos para prevenir pérdidas ambientales.
Asimismo, retirar la materia orgánica quemada tras un fuego resulta contraproducente para la tierra. Mantener restos triturados conserva los nutrientes del terreno, protegiendo el ecosistema frente a la erosión, sin comprometer la seguridad física del territorio.
Los bosques deben gestionarse y no limpiarse para prevenir incendios, según un experto
Los bosques deben gestionarse y no limpiarse para prevenir incendios, sostiene el catedrático de Ecología de la Universidad de Alicante (UA) Jaime Baeza, quien considera que el debate sobre la necesidad de «limpiar el monte» parte de un planteamiento equivocado. En su opinión, la clave está en aplicar una gestión forestal adecuada que reduzca el riesgo de propagación de los grandes incendios.
El especialista defiende favorecer especies autóctonas mediterráneas, como la encina, el madroño, el roble, el lentisco o la coscoja, frente a otras más inflamables, para aumentar la resiliencia de los ecosistemas frente al fuego.
Gestionar el bosque no significa eliminar toda la vegetación
Jaime Baeza rechaza la expresión «limpiar los bosques» porque considera que los montes no están sucios. En su lugar, propone actuar mediante una gestión selectiva que elimine determinadas especies y favorezca otras mejor adaptadas al clima mediterráneo.
Las especies rebrotadoras mediterráneas presentan una menor inflamabilidad que los pinares, por lo que dificultan que un foco de ignición, como el provocado por un rayo, evolucione hacia un gran incendio forestal.
Según el ecólogo, esta estrategia permite crear masas forestales más resistentes al fuego sin deteriorar el funcionamiento natural del ecosistema.
Las especies autóctonas resisten mejor el fuego
El experto recuerda que los pinares pueden regenerarse tras un incendio, aunque no siempre. Cuando un mismo pinar arde dos veces en un periodo inferior a 20 años, su capacidad de recuperación disminuye de forma muy importante.
En cambio, los encinares y otras especies mediterráneas rebrotadoras muestran una mayor persistencia tras los incendios, lo que favorece la recuperación del bosque y reduce su vulnerabilidad a largo plazo.
Potenciar estas especies contribuiría a crear paisajes forestales más adaptados a un escenario marcado por el cambio climático y las olas de calor.
Más del 90 % de los incendios tienen origen humano
Baeza también reclama una mayor concienciación ciudadana, ya que considera que todavía existe una escasa percepción del riesgo durante los episodios de peligro extremo.
Según explica, más del 90 % de los incendios forestales tienen un origen humano, ya sea por acciones intencionadas o por negligencias como hacer barbacoas, utilizar radiales o emplear maquinaria que genera chispas durante los días de máximo riesgo.
El aumento de las olas de calor y las condiciones meteorológicas extremas hacen todavía más importante reducir este tipo de comportamientos.
La madera quemada también cumple una función ecológica
Tras un incendio no siempre conviene retirar toda la madera quemada del monte. El ecólogo considera que una parte debería permanecer en el bosque para conservar la materia orgánica y proteger el suelo.
Como solución intermedia, propone retirar los troncos de mayor tamaño cuando sea necesario por motivos de seguridad o accesibilidad, mientras que las ramas y restos más pequeños podrían triturarse y distribuirse sobre el terreno.
Esta práctica ayudaría a mantener la fertilidad del suelo, aunque reconoce que parte de la madera quemada también puede destinarse a fabricar astillas o pellets para aprovechamiento energético.
Apuesta por una gestión forestal
Los bosques deben gestionarse y no limpiarse para prevenir incendios, una estrategia que, según el catedrático de la Universidad de Alicante, pasa por favorecer especies autóctonas, reducir la acumulación de combustible de forma selectiva y mejorar la planificación forestal.
El experto insiste además en que la prevención depende tanto de una buena gestión del territorio como de la responsabilidad ciudadana, ya que la mayoría de los incendios continúan teniendo un origen humano y pueden evitarse con comportamientos prudentes.
Los bosques deben gestionarse y no limpiarse para prevenir incendios en 15 segundos
¿Los bosques deben gestionarse y no limpiarse para prevenir incendios?
Sí. Los bosques deben gestionarse y no limpiarse para prevenir incendios, según el ecólogo Jaime Baeza, que apuesta por una gestión forestal selectiva y el fomento de especies autóctonas.
¿Qué árboles ayudan a reducir el riesgo de incendios?
El experto recomienda potenciar encinas, madroños, robles, lentiscos y coscojas, ya que son especies mediterráneas menos inflamables y con mayor capacidad de rebrote.
¿Qué porcentaje de los incendios forestales tiene origen humano?
Según Jaime Baeza, más del 90 % de los incendios forestales se producen por causas humanas, ya sean accidentales o intencionadas.
¿Conviene retirar toda la madera quemada tras un incendio?
No. El especialista considera que parte de la madera debería permanecer en el monte para conservar la materia orgánica y proteger el suelo, retirando únicamente los troncos que supongan un riesgo o dificulten el acceso.



