Por qué apenas hay terremotos en los Picos de Europa según una investigación de la Universidad de Oviedo. Este hecho ha despertado interés tanto en la comunidad científica como en la población local, que desea comprender las causas de esta relativa estabilidad sísmica en una zona conocida por su impresionante relieve y su historia geológica compleja.
La cordillera de los Picos de Europa forma parte de la cordillera Cantábrica, una de las cadenas montañosas más antiguas de la península ibérica. Esta región se formó principalmente durante el Mesozoico y el Cenozoico, a través de procesos de orogenia y plegamiento que ocurrieron hace millones de años.
La zona está compuesta por rocas sedimentarias y metamórficas que han sido sometidas a profundas deformaciones, pero actualmente, su estructura geológica refleja una relativa estabilidad en términos de actividad tectónica. Uno de los puntos clave que explica la escasez de terremotos en los Picos de Europa, según la investigación de la Universidad de Oviedo, es la ubicación geográfica y la configuración de las placas tectónicas en la zona.
La región se encuentra en una zona de frontera entre la placa tectónica de Eurasia y la placa de África, pero no está directamente sobre las fallas principales que generan actividad sísmica en otras partes del mundo, como la dorsal atlántica o el cinturón de fuego del Pacífico. La interacción entre estas placas en la región de los Picos de Europa es relativamente tranquila, lo que se traduce en una menor liberación de energía en forma de terremotos.
Por qué apenas hay terremotos en los Picos de Europa, según la ciencia
Por qué apenas hay terremotos en los Picos de Europa era una incógnita para la geología desde hace décadas. Ahora, un equipo de la Universidad de Oviedo ha identificado un mecanismo natural que actúa como un auténtico «amortiguador geológico», evitando que la energía acumulada bajo la montaña se transforme en terremotos.
La investigación revela que bajo las imponentes masas calizas del macizo existen materiales mucho más blandos que absorben y disipan los esfuerzos tectónicos antes de que provoquen fracturas, un hallazgo que mejora el conocimiento sobre el comportamiento de las grandes cordilleras.
El estudio, publicado en la revista científica Tectonophysics, ha sido dirigido por los catedráticos Gabriela Fernández-Viejo y Sergio Llana-Fúnez, del Departamento de Geología de la Universidad de Oviedo.
Los investigadores descubrieron que bajo las grandes formaciones de caliza existen materiales menos rígidos capaces de deformarse sin romperse.
Este comportamiento permite disipar la energía tectónica acumulada, reduciendo considerablemente la posibilidad de que se produzcan terremotos.
Un comportamiento muy diferente al de otras zonas de Asturias
Los científicos compararon el macizo de los Picos de Europa con el oeste de Asturias, donde predominan rocas mucho más rígidas.
En esas áreas, la energía tectónica se libera mediante fracturas que originan movimientos sísmicos con mayor facilidad.
Esta diferencia geológica explica por qué los terremotos son mucho menos frecuentes en el entorno del parque nacional.
Solo se detectaron 18 terremotos de baja magnitud
Los científicos compararon el macizo de los Picos de Europa con el oeste de Asturias, donde predominan rocas mucho más rígidas.
Durante el periodo analizado, la red sísmica registró únicamente 18 terremotos de entre 1 y 2 grados de magnitud.
Además, solo uno de ellos tuvo su epicentro cerca del macizo de los Picos de Europa.
La mayor parte de la actividad sísmica se concentró en la falla de Ventaniella, situada fuera del parque nacional.
El ruido sísmico ayuda a estudiar el interior de la montaña
El descubrimiento confirma que no todas las montañas reaccionan igual frente a las fuerzas que actúan bajo la corteza terrestre. En el caso de los Picos de Europa, la propia composición del subsuelo actúa como una barrera natural frente a la actividad sísmica.
La investigación incorporó una técnica innovadora basada en el análisis del ruido sísmico ambiental.
Estas vibraciones, imperceptibles para las personas, son generadas continuamente por el oleaje, el viento o incluso la actividad humana.
Su estudio permite conocer la estructura interna del subsuelo sin necesidad de realizar perforaciones, aportando información muy precisa sobre el comportamiento de los materiales geológicos.
Un hallazgo que mejora el conocimiento de las montañas
Los investigadores destacan que este trabajo demuestra el potencial de la geofísica moderna para comprender cómo responden las montañas a los esfuerzos tectónicos.
Conocer estos mecanismos ayuda a interpretar mejor la evolución geológica de grandes cordilleras y a perfeccionar los modelos utilizados para estudiar el riesgo sísmico.
Además, abre nuevas posibilidades para aplicar estas técnicas en otros sistemas montañosos con características similares.
El descubrimiento confirma que no todas las montañas reaccionan igual frente a las fuerzas que actúan bajo la corteza terrestre. En el caso de los Picos de Europa, la propia composición del subsuelo actúa como una barrera natural frente a la actividad sísmica.
Comprender por qué apenas hay terremotos en los Picos de Europa supone un importante avance para la geología y demuestra cómo las nuevas tecnologías permiten revelar procesos naturales invisibles que llevan millones de años protegiendo este emblemático paisaje.
Por qué apenas hay terremotos en los Picos de Europa según una investigación de la Universidad de Oviedo; explicado en 15 segundos
¿Por qué apenas hay terremotos en los Picos de Europa?
Porque bajo el macizo existen materiales geológicos blandos que absorben y disipan la energía tectónica antes de que genere fracturas y seísmos.
¿Quién ha realizado este descubrimiento?
Un equipo de investigadores de la Universidad de Oviedo, liderado por Gabriela Fernández-Viejo y Sergio Llana-Fúnez.
¿Cuántos terremotos se detectaron durante el estudio?
La red sísmica registró 18 terremotos de muy baja magnitud, entre 1 y 2 grados, y solo uno se produjo cerca del macizo.
¿Qué es el ruido sísmico ambiental?
Son pequeñas vibraciones continuas del terreno provocadas por fenómenos como el oleaje, el viento o la actividad humana, que permiten estudiar el interior de la Tierra mediante técnicas geofísicas.



