En apenas unos días, una parte del centro de España cambió de color. Una imagen captada el 29 de julio de 2026 por Landsat 9 muestra alrededor de Burgohondo, en Ávila, grandes manchas marrones donde antes dominaba el verde de la vegetación.
La NASA calcula unas 50.000 hectáreas para el gran incendio de Ávila. Al unirse con otros fuegos de provincias cercanas, el complejo rondó las 77.000 hectáreas, una superficie parecida a la de la ciudad de Nueva York. No es un matiz menor.
Una imagen que no es una foto
La escena no reproduce los colores tal como los vería una persona desde un avión. Combina luz visible con bandas infrarrojas, que nuestros ojos no detectan, para resaltar las diferencias entre vegetación, agua y terreno quemado.
En esta composición de falso color, la vegetación no afectada aparece en verde claro y las superficies arrasadas, en marrón. Es como pasar un rotulador sobre la cicatriz, aunque el análisis se basa en la luz reflejada por el suelo.
Lauren Dauphin preparó la imagen con datos de Landsat aportados por el Servicio Geológico de Estados Unidos. Adam Voiland escribió el informe del Observatorio Terrestre de la NASA con los datos del incendio y el contexto meteorológico.
El récord de Ávila
Los satélites detectaron las primeras señales los días 22 y 23 de julio. Para el 24 de julio, el incendio próximo a Burgohondo se había conectado con otros focos de provincias vecinas y formaba un complejo mucho mayor.
La diferencia entre cifras ayuda a entender el mapa. Las cerca de 50.000 hectáreas corresponden al incendio de Ávila, descrito por la NASA como el mayor registrado hasta entonces en España, mientras que las 77.000 reflejan la superficie combinada.
Dos embalses quedaron rodeados por el área afectada y también sufrieron daños instalaciones próximas, como viviendas, restaurantes, campings y puertos deportivos. Las cifras nacionales se publican primero de forma provisional, por lo que los perímetros pueden ajustarse tras la medición de campo.
Por qué ardió tan rápido
El fuego no avanzó por una sola causa. Francesca Di Giuseppe, coordinadora de previsión de incendios en el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio, y Joe McNorton describen para State of Wildfires un «rebote hidroclimático».
El término suena complicado, pero la idea es sencilla. Un periodo húmedo hace crecer hierba y matorral y, después, el calor y la falta de lluvia secan ese material hasta convertirlo en combustible.
Eso parece haber ocurrido este verano. La NASA señala un invierno húmedo, olas de calor, sequía y viento de hasta 65 kilómetros por hora, mientras el nuevo índice de AEMET también combina temperatura, humedad, lluvia previa, vegetación y humedad del suelo.
Qué aporta Landsat 9
Landsat 9 es una misión conjunta de la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos. Orbita a unos 705 kilómetros y su sensor principal trabaja habitualmente con píxeles de 30 metros, cada uno equivalente a un cuadrado de unos 30 metros de lado.
Esa escala no permite ver una rama ardiendo, pero sí el cambio de un paisaje entero. Al comparar imágenes anteriores y posteriores, los técnicos pueden delimitar áreas quemadas y localizar carreteras, cuencas o laderas que necesitan revisión.
En la práctica, Landsat funciona como un historial médico del territorio. Las observaciones sucesivas muestran si la vegetación vuelve, si el suelo queda expuesto o si algunas zonas tardan más en recuperarse.
FIRMS no dibuja el perímetro
La NASA también utiliza FIRMS, un sistema que distribuye detecciones de incendios activos normalmente dentro de las tres horas siguientes a la observación. Sirve para localizar actividad reciente y seguirla casi en tiempo real.
Pero un punto de calor no equivale al contorno exacto de un incendio. Cada detección representa un píxel con una anomalía térmica y el fuego real puede ocupar solo una parte de esa superficie.
Worldview completa la información al permitir comparar, animar y descargar imágenes de la Tierra. Estas herramientas ayudan a emergencias e investigadores, pero no sustituyen las mediciones de campo ni las decisiones de protección civil.
La recuperación empieza después
El 28 de julio, el Ministerio del Interior anunció una desescalada en varios municipios de Madrid y Ávila tras comprobar durante 48 horas que «no existen puntos calientes en los municipios» y que los accesos eran seguros. Esto permitió levantar evacuaciones en localidades como Burgohondo, aunque no significaba que todo el complejo regional estuviera extinguido.
Después llega una fase menos visible. El Ministerio para la Transición Ecológica explica que la restauración depende de la vegetación, el daño y el terreno, con medidas como reparar infraestructuras rurales, colocar barreras para retener suelo o cerrar temporalmente algunas áreas.
¿Volverá el paisaje a ser como antes? Dependerá de la severidad del fuego, las lluvias y la respuesta de cada ecosistema, y Landsat permitirá seguir esa evolución durante meses y años.
La imagen y el informe oficial se han publicado en el Observatorio Terrestre de la NASA.



