Australia no para de ocupar titulares debido a sus inventos revolucionarios. Desde siempre, el ser humano ha buscado la manera de optimizar sus tareas y abastecerse a sí mismo de la forma más óptima posible. Los últimos inventos procedentes de Australia ponen de manifiesto esta búsqueda latente.
Ha salido a la luz que científicos australianos de Murdoch University crearon un bioplástico capaz de descomponerse completamente. No deja ningún rastro en el medioambiente. Utilizan microbios locales para generar un recurso denominado PHB, un polímero natural que hace su desintegración sin contaminar. Este ha sido un invento impactante.
No queda atrás el récord de la célula solar de kesterita (CZTS) de investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), Australia. Es posible utilizarlo como complemento o sustituto a largo plazo, sostenible y rentable de los paneles tradicionales de silicio. El foco actual está puesto sobre una pila de átomos de agua capaz de acelerar el futuro.
El futuro todavía no está escrito, pero Australia ya se ha adelantado a él
Después de descubrir cómo hacer paneles más eficientes, Australia vuelve a la palestra con otro récord mundial. Ha sido alcanzado por la empresa australiana Siltrax, especializada en innovación de celdas de combustible de hidrógeno.
La marca que superó este hito tiene que ver con la densidad de potencia en pilas de hidrógeno con célula de combustible de 150 kW y 9.7 kW/kg. G-100, la que reportó la mayor densidad de potencia gravimétrica y volumétrica anotada hasta la fecha.
Validado por TÜV Rheinland, el dispositivo consiguió 9,77 kW/L en densidad volumétrica y 9,7 kW/kg en densidad gravimétrica. Números que rebasan extensamente los estándares industriales de la industria. El centro de este avance radica en la adopción de un bipolar plate de silicio (Si-BPP), una innovación que hasta el momento no se había contemplado como algo viable con recursos tradicionales.
Con el uso de microcanales de flujo, Siltrax adquiere una eficiencia única, a base de extraer más potencia con un nivel menor de materiales. Esto resulta sumamente valioso en sectores en los que cada gramo tiene valor. Es el caso de la aviación eléctrica, el transporte pesado y la navegación autónoma.
Australia crea una pila de átomos de agua inédita: bate el récord
Lo más llamativo es que la celda se ensambló con elementos comerciales estándar, exceptuando su placa bipolar y los canales internos. Así, se ha expuesto que la innovación no siempre necesita materiales exóticos o inaccesible.
En ocasiones, basta con una arquitectura inteligente. La posibilidad de incorporar en el futuro membranas y capas de difusión de gas personalizadas promete mejorar todavía más el rendimiento actual. Las cifras registradas por la G-100 no solo superan récords.
También quedan por encima de las metas asentadas para la próxima década por instituciones como NEDO (Japón) y el programa USDRIVE del Departamento de Energía de Estados Unidos. En niveles de densidad, Siltrax ya supera lo que se esperaba lograr en 2040.
Perspectiva de futuro del último invento de Australia
Esto incide sobre sectores que todavía no se han podido descarbonizar eficazmente. Por ejemplo, en el sector del transporte pesado, donde la elevada densidad energética permite acotar el tamaño del sistema sin renunciar a la autonomía.
En el caso de la aviación y los drones, cada kilo ahorrado en la celda de combustible puede derivarse hacia una carga útil o una mayor autonomía de vuelo. Sumado a esto, la G-100 conserva estabilidad operativa y durabilidad. Dos condiciones vitales para que esta tecnología ascienda más allá de los laboratorios o prototipos.
El potencial de las celdas de combustible más eficientes y ligeras es inmenso. Optimiza la parte técnica, pero también ofrece grandes ventajas a nivel ambiental y social.
Puede sustituir los motores diésel de camiones y barcos, incrementar la autonomía de aeronaves eléctricas, descentralizar la producción eléctrica en áreas rurales o aisladas y acotar la huella de carbono.
Australia ha logrado lo inimaginable. Ha creado una pila de átomos de agua que acelera la viabilidad del transporte movido por hidrógeno. En paralelo, podría impulsar el mayor cambio de la última década.





















