Las plantas pueden sentir

“Si las plantas son capaces de escuchar ¿pueden también sentir Si bien no tienen un sistema nervioso como el de los animales, cada vez hay más pruebas de que son capaces de captar los cambios de su entorno y de reaccionar de diversas formas que podrían acercarse al concepto humano de la emoción.”

Altruismo y competencia

Un ejemplo de una reacción compleja que sugiere que plantas tienen sentimientos es su altruismo, concepto que se define como la preocupación desinteresada por el bienestar de los demás, demostrando un comportamiento que podría resultar perjudicial para el individuo, pero que tiende a la supervivencia de sus parientes. 

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En el mundo animal, un padre puede sacrificar su vida por su hijo. Una persona que salva a otra de ser atropellada, puede considerarse «altruista». Los miembros de una familia de monos son capaces de cuidar a uno de ellos que esté enfermo o de montar un techo improvisado para guarecerse de una tormenta. Pero ¿puede ser una planta altruista?

Aunque las plantas tienen la capacidad de detectar y responder ante la presencia de otras plantas, que actúen de manera altruista ha sido objeto de pocos estudios. Sin embargo, recientemente y como se informa en Science Daily, algunos científicos exploraron el “reconocimiento entre parientes” en las Impatiens pallida y encontraron que exhibieron un grado importante de altruismo.

Estas flores responden fuertemente a la competencia por el suelo y especialmente por la luz del sol, ya que pueden cubrir con hojas la zona de la “competencia” quitándoles la luz, además de ser capaces de estimular su crecimiento y desplazar el sistema radicular de las plantas vecinas,

Estas características hacían de esta especie, según los científicos que investigaban el tema, un candidato probable para el reconocimiento entre parientes y lo que descubrieron los dejó asombrados: si las plantas vecinas eran de su misma especie, cesaba de inmediato la competencia.

Entre los parientes cercanos, las plantas no aumentaron la asignación de recursos a las raíces u hojas. Más bien, alteraron su morfología mediante el aumento de la elongación del tallo y se ramificaron. Esto parece ser un ejemplo de las plantas cooperan con sus parientes con el fin de adquirir los recursos necesarios sin “hacerse sombra” (literal y metafóricamente).

En cambio, cuando se colocaron plantas de Impatiens pallida junto a especies extrañas, las plantas cambiaron de forma radical su comportamiento, en una clara indicación de una respuesta competitiva.

¿Comunicación radicular?

Estas diferencias en la respuesta en base a la presencia de familiares o extraños se observaron solamente en aquellas plantas cuya vecindad implicaba un contacto entre las raíces, lo que indica que puede ser necesaria la comunicación entre las raíces de las plantas para reconocer a sus familiares. 

Esto fue verificado en otros experimentos en los que las secreciones de la raíz de diversas plantas fueron expuestas en varios semilleros a otras de su misma especie y de diferente tipo. Cuando se midió el crecimiento posterior de la raíz se comprobó que éstas fueron significativamente más cortas en presencia de las secreciones radiculares de su misma especie.

Este hallazgo podría tener un impacto importante sobre los cultivos producidos a partir de semillas relacionadas, tales como el maíz y la soja. Pero también podría afectar a nuestro jardín ya que si plantamos especies “no compatibles” la culpa de que no crezcan puede no ser que son de mala calidad, sino  que tal vez sea un caso de “disputa familiar”.

Cooperación

Las plantas también cooperan entre ellas sin que exista una relación o pertenezcan a la misma especie. Un ejemplo de ello son las acacias que producen taninos para defenderse de ser ingeridas por los animales. El olor en el aire del tanino es recogido por otros árboles de acacia, que comienzan a producir el mismo compuesto por sí mismos.

Es muy conocido el uso que hacen las plantas de los productos químicos para interactuar con los animales, especialmente con los insectos. Cuando son atacadas por ciertas orugas, algunas plantas pueden liberar señales químicas para atraer a las avispas que matan y se alimentan de sus atacantes.

Las orquídeas no tienen compuestos azucarados con los cuales tentar a los insectos y usarlos para difundir su polen, por lo que usan olores gratificantes o imitan la apariencia de parejas potenciales. 

Una especie de orquídea, que vive en la isla china de Hainan, engaña a su polinizador mediante la emisión de una sustancia química que las abejas utilizan para enviar una alarma. El descubrimiento explica por qué las avispas, que las abejas suelen capturar para alimentar a sus larvas “saltan” literalmente de las flores de Dendrobium Sinense. Esto constituye una rareza incluso en el mundo de los insectos y nunca antes se ha descrito en otras plantas.

Existe algún tipo de comunicación entre un jardín de hongos y el grupo de las trabajadoras de la hormiga cortadora de hojas Atta sexdens rubropilosa. Si en el jardín aparecen plantas que son venenosas para el hongo, las hormigas acaban con ellas de inmediato y su vez evitarán fertilizar este tipo de plantas.

Una reflexión final

Las plantas que sobreviven en la actualidad es muy posible que hayan desarrollado habilidades de comunicación y cooperación entre ellas. Es importante tener en cuenta que el Reino Vegetal apareció mucho antes que los animales y que han superado a todas las otras especies en tamaño, proliferación, capacidad de adaptación y longevidad.

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