El informe, en el que han colaborado unos sesenta expertos e investigadores, parte de la premisa siguiente: la pérdida de biodiversidad es uno de los principales fenómenos asociados al cambio global que afecta al bienestar humano. Como dice Luis M. Jiménez Herrero, director del OSE y del informe, «en España, este declive sigue las tendencias preocupantes que se dan a nivel mundial». Si se mantienen estas tendencias, Jiménez Herrero advierte de que «nos estaremos acercando a puntos sin retorno que reducirán la capacidad de los ecosistemas para proporcionar los bienes y servicios que son esenciales para el bienestar humano, como alimentos, agua dulce, materias primas, medicinas y espacios de ocio, además de importantes activos culturales y beneficios espirituales «.
En el contexto europeo, este informe tiene una especial relevancia dado que España es el Estado con mayor riqueza biológica del viejo continente. Se estima, dice el informe, que el territorio español acoge unas 85.000 especies (más de la mitad de todas las especies europeas) y un 30% de los endemismos reconocidos en el continente. Por tanto, el Estado español tiene una especial responsabilidad en este ámbito.
¿Cuál es la situación de la biodiversidad? Estado y tendencias
El informe analiza el estado y las tendencias de la biodiversidad en España, describe las causas principales de su pérdida y propone mecanismos de respuesta para garantizar su conservación y el uso sostenible.
En cuanto a los vertebrados, los últimos datos disponibles (2007) indican que en España una de cada tres especies se encuentra amenazada. De las 185 especies amenazadas, la mitad son aves, el 19% peces continentales, el 12% reptiles, el 9% mamíferos y el 6% anfibios.
Si esta realidad ya es preocupante, para 96 especies amenazadas de vertebrados terrestres, los modelos estiman que un 13% de la superficie que ocupan actualmente perderá las condiciones climáticas favorables, lo que provocará, probablemente, extinciones locales. Si nos fijamos en la flora silvestre-considerando sólo la vascular-, de unas 7.000-8.000 especies presentes en España, unas 1.500 se consideran amenazadas.
Para emprender medidas activas de conservación de estas especies amenazadas, es necesario que estén incluidas en alguno de los catálogos oficiales de protección. Si bien un 76% de los mamíferos amenazados están catalogados, en los demás casos este porcentaje es muy bajo, variando entre el 10% de las especies de flora vascular y el 35% de las de los reptiles.
En el caso de los ecosistemas, entre los más amenazados están los de montaña, los marinos y los acuáticos continentales. Desde 1980, el 17% de las praderas de Posidonia oceanica del Mediterráneo, de gran valor ecológico, han perdido la mitad del área que ocupan. El informe cita un estudio de SEO / BirdLife que evaluó en 2008 los 25 humedales más importantes para las aves. Según este estudio, 6 humedales se encontraban en una situación «preocupante», 12 en una situación «estable» y 7 tenían un estado «favorable». También se analizaron 35 áreas importantes para la conservación de las aves (IBA) con presencia de aves dependientes del agua. Los resultados fueron que cerca del 75% de las IBA se encontraban en un estado «desfavorable» o con «tendencia desfavorable».
Por qué perdemos biodiversidad? causas principales
Según el informe, se pierde biodiversidad por causas directas e indirectas. Entre las directas están los cambios de usos del suelo, el uso insostenible de los recursos naturales, la contaminación, el cambio climático, los incendios forestales y las especies exóticas invasoras. El conocimiento insuficiente sobre cómo funcionan los ecosistemas también contribuye a la pérdida de biodiversidad.
A esto hay que añadir elementos relacionados con el modelo socioeconómico y cultural, que determina la cantidad de recursos que utilizamos los humanos. Entre estas causas indirectas, destacan el crecimiento demográfico, las pautas de consumo, el volumen de comercio internacional, los errores en la gobernanza, la toma de decisiones y el funcionamiento de las instituciones, así como deficiencias económicas y de mercado.
De todas, la principal amenaza son los cambios de los usos del suelo. Particularmente la urbanización y el desarrollo de infraestructuras de transporte, así como la expansión de la agricultura intensiva (especialmente regadíos) y el abandono de pequeñas explotaciones agrarias en zonas de montaña. Entre muchos datos, destaca el hecho de que entre los años 1987 y 2006 las zonas artificiales aumentaron un 52%. Y lo hicieron a costa de ecosistemas naturales, sobre todo bosques y matorrales, y de mosaicos agrícolas y de vegetación natural.
El informe hace una mención especial al cambio climático, que provocará una disminución del área de distribución de muchas especies forestales de la península Ibérica y una menor diversidad de especies. Asimismo, según los escenarios de cambio climático, aumentará la duración y la peligrosidad de los incendios forestales, sobre todo en el cuadrante suroeste de la península.
¿Qué habría que hacer para mejorar? Mecanismos de respuesta necesarios
Dice el prestigioso biólogo Miguel Delibes de Castro, en el preámbulo del estudio, que «biodiversidad debe ser una palabra movilizadora, que genere preocupación por la conservación y anhelo de cambios en nuestra manera de vivir». Reforzando esta idea, la ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, Rosa Aguilar, considera «imprescindible actuar de manera efectiva y urgente para detener las causas que provocan la pérdida de biodiversidad, poniendo de manifiesto los beneficios que los servicios de los ecosistemas reportan a la economía y la sociedad «.
El informe plantea un conjunto de medidas para revertir las tendencias actuales, partiendo de la base de que la protección de la biodiversidad se convertirá en los próximos años en una cuestión esencial para la supervivencia de la humanidad, tal como la entendemos actualmente.
En España, gran parte de la biodiversidad existente está vinculada al medio agrario, por lo que su conservación depende de cómo se gestionen los sistemas agrarios, sobre todo los extensivos. Por eso el informe apuesta por promover estrategias de desarrollo rural donde una agricultura más sostenible aparezca como una alternativa firme a la agricultura y la ganadería intensivas. Asimismo, habrá integrar la conservación de la biodiversidad en otras políticas sectoriales como la de pesca, la de energía, la de transporte o las urbanísticas.
El informe constata que sólo el 9% de las especies animales con peor estado de conservación tienen como mínimo un plan de actuación en algún lugar de su área de distribución. El resto de especies animales catalogadas no tiene ningún plan aprobado en ninguna comunidad autónoma. Por todo ello, reclama que las comunidades autónomas pongan en marcha planes de conservación de las especies amenazadas.
En cuanto a zonas protegidas, dice el estudio que serán necesarias al menos 23 áreas protegidas adicionales para representar adecuadamente a los vertebrados terrestres y las plantas vasculares, mientras que para los invertebrados en peligro de extinción se necesitarán cerca de 70 nuevas reservas (muchas de pequeñas dimensiones).
Otra prioridad es incorporar en la gestión de la biodiversidad la prevención de los efectos de las especies exóticas invasoras y sus interacciones con el cambio climático. Precisamente, para facilitar la adaptación de las especies autóctonas al cambio climático, también se propone crear corredores ecológicos que permitan a animales y plantas «huir» en la dirección necesaria.
La mayor parte de estas medidas dependen de la acción de las Comunidades Autónomas y del futuro Plan Estratégico Estatal del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, pendiente de ser aprobado por el Gobierno español y una de las principales reivindicaciones de las entidades ecologistas.













