Una floración de microalgas lleva meses tiñendo de espuma y peces muertos la costa de Australia del Sur. Ahora, un nuevo estudio científico señala a una protagonista inesperada. Se trata de Karenia cristata, una especie de dinoflagelado que nunca se había detectado en aguas australianas y que aparece como principal responsable de las toxinas que han desencadenado esta crisis marina.
Para quien se acerca a la playa y solo ve agua marrón, olor raro y carteles de advertencia, la pregunta es lógica. ¿Qué está pasando exactamente en el mar y qué riesgo supone para las personas y el marisco
Una nueva especie dominante en la floración
El trabajo lo ha elaborado un equipo de científicas y científicos de varias universidades de Australia, Nueva Zelanda y el Reino Unido. Han analizado muestras tomadas en treinta y nueve puntos de la costa durante buena parte de la floración, visible desde marzo en playas como Waitpinga, en la península de Fleurieu.
Los resultados muestran un escenario más complejo de lo que se pensaba al principio. En la floración se han identificado cinco especies del género Karenia (K. cristata, K. mikimotoi, K. brevisulcata, K. longicanalis y K. papilionacea), mientras que Karenia brevis no aparece en las muestras.
Durante los primeros meses, los análisis apuntaban sobre todo a Karenia mikimotoi, que ya se sabía que estaba presente y se describía como el componente dominante de la floración. Con el tiempo y más datos en la mano, el nuevo estudio concluye que Karenia cristata ha sido la especie más abundante en muchos momentos y, además, la única de este conjunto capaz de producir las potentes brevetoxinas detectadas en marisco y fauna marina.
En la práctica, esto significa que el “corazón tóxico” de la floración no es la especie que se vigilaba de cerca desde el inicio, sino otra que hasta ahora apenas se conocía.
Qué es Karenia cristata y por qué preocupa
Karenia cristata es un dinoflagelado marino que solo se había descrito antes frente a Sudáfrica y cerca de Terranova, en Canadá. Es una especie rara y difícil de distinguir al microscopio de otras del mismo género, por eso el equipo ha recurrido a técnicas de secuenciación de ADN para confirmar su identidad.
El detalle clave es este. Karenia cristata produce brevetoxinas, unos venenos neurotóxicos que pueden acumularse en mariscos filtradores como mejillones, ostras o vieiras. Si se consumen productos contaminados, las personas pueden sufrir vómitos, síntomas neurológicos y otros problemas de salud.
En Australia del Sur, estas toxinas se han ido detectando en marisco desde mayo y se relacionan con el cierre de ciertas zonas de cosecha. A nivel ecológico, el cóctel de especies de Karenia se ha asociado con una mortalidad masiva de fauna marina que abarca miles de kilómetros cuadrados y miles de animales de centenares de especies, incluidos peces, cefalópodos e invertebrados.
¿Es seguro bañarse y comer marisco
Con una marea tóxica de fondo, la duda llega directa a la mesa y a la toalla de playa. ¿Se puede seguir entrando al agua y comprando marisco
Las autoridades de Australia del Sur mantienen por ahora las mismas recomendaciones. Piden evitar el agua muy espumosa o con coloraciones extrañas, no recoger peces muertos de la orilla y no consumir moluscos bivalvos recolectados por cuenta propia, como ostras, berberechos, mejillones o pipis, ni abalón que no haya pasado controles oficiales.
El marisco que se vende en el comercio sigue considerándose seguro. Los lotes se analizan de forma periódica para comprobar que cumplen estándares estrictos en cuanto a la presencia de toxinas.
También se recomienda que quienes tienen asma lleven su medicación de rescate cuando se acercan a las zonas afectadas, porque los aerosoles que genera la rotura de las olas pueden irritar las vías respiratorias. Para mucha gente, la molestia se queda en escozor de ojos y un picor de garganta que recuerda a un día de contaminación intensa en una gran ciudad.
Cómo pudo llegar esta alga y qué tiene que ver el clima
Una de las grandes preguntas sigue abierta. ¿Es Karenia cristata una recién llegada o un viejo residente al que nadie había prestado atención? El estudio plantea varias posibilidades. Una es que la especie haya llegado en el agua de lastre de barcos internacionales. Esta vía se considera importante para muchas especies invasoras, aunque en este caso varios expertos recuerdan que las células de Karenia son frágiles y probablemente no soportan bien el bombeo y la permanencia en tanques de lastre.
Otra hipótesis que gana peso es la de la “flora oculta”. Es decir, especies que estaban presentes desde hace tiempo en bajas concentraciones, casi invisibles para los programas de seguimiento rutinario, y que de repente encuentran las condiciones ideales para multiplicarse de forma explosiva.
En este caso, el contexto ambiental no ayuda. La zona sufre una ola de calor marina con temperaturas del agua hasta dos grados y medio por encima de lo normal, algo que las autoridades señalan como uno de los factores que han favorecido la floración junto con aguas calmadas y aportes de nutrientes. Quien paga la factura es el ecosistema y, en buena parte, las comunidades pesqueras y turísticas que dependen de él.
Lo que viene ahora y las lecciones para otras costas
Los últimos informes del instituto público SARDI indican que la floración empieza a debilitarse en varios puntos de la costa, con niveles bajos o indetectables de Karenia en muchas estaciones de muestreo, aunque persisten focos con concentraciones elevadas. Las autoridades estatales y federales han puesto en marcha planes específicos de apoyo al sector pesquero y turístico y han destinado fondos adicionales a la investigación y a un nuevo centro dedicado al estudio de estas floraciones.
En el fondo, lo que está en juego va más allá de esta crisis concreta en Australia del Sur. Las floraciones de algas nocivas vinculadas a especies de Karenia son bien conocidas en otras partes del mundo y se espera que se vuelvan más frecuentes e intensas en un océano más cálido y alterado por la actividad humana.
Para quien vive en la otra punta del planeta, este episodio deja un mensaje claro. Vigilar el mar, invertir en ciencia y actuar sobre las causas de fondo, como el calentamiento de las aguas y la presión sobre las zonas costeras, no es una cuestión lejana ni técnica. Es una forma muy directa de proteger la biodiversidad, la pesca, el turismo y, en definitiva, la salud de las personas.
El estudio científico más reciente que identifica a Karenia cristata como nuevo productor de brevetoxinas en esta floración, titulado “A catastrophic marine mortality event caused by a complex algal bloom including the novel brevetoxin producer Karenia cristata”, ha sido publicado en bioRxiv.



















