La conservación del urogallo da un paso adelante en Castilla y León con la construcción de veinte nuevos voladeros de presuelta en el Centro de Cría de Valsemana, en León.
Las instalaciones permitirán mejorar la aclimatación de los ejemplares antes de su liberación, incorporando vegetación natural y sistemas de videovigilancia para optimizar su seguimiento.
La conservación del urogallo se refuerza con nuevas instalaciones en León
El Centro de Cría de Valsemana contará con nuevas instalaciones para aclimatar ejemplares antes de su liberación en el medio natural.
Voladeros de presuelta para mejorar la adaptación al medio
El urogallo contará con veinte voladeros de presuelta nuevos en el Centro de Cría de Valsemana, en León, con vegetación interior que reproduce su hábitat natural, y destinados a su aclimatación antes de su puesta en libertad, que contarán con dos cámaras de videovigilancia para monitorizar su comportamiento y evolución.
El Consejo de Gobierno de Castilla y León ha encargado a la empresa pública Tragsa, con un coste de medio millón de euros, esa construcción de voladeros, con un plazo de ejecución de un año.
Videovigilancia y seguimiento continuo de los ejemplares
En rueda de prensa posterior al Consejo, el portavoz de la Junta, Carlos Fernández Carriedo, ha detallado este encargo para adecuar una parcela del centro de 478.783 metros cuadrados para la construcción de 20 voladeros de presuelta destinados a alojar y aclimatar a los ejemplares de urogallo al medio natural de forma previa a su puesta en libertad.
Esa actuación permitirá mejorar la capacidad y el rendimiento del centro, ya que los voladeros existentes, contiguos a los módulos de cría, resultan actualmente insuficientes.
Vegetación autóctona para reproducir el hábitat natural
Las actuaciones previstas incluyen trabajos previos de acondicionamiento y urbanización de la parcela, con la retirada de infraestructuras preexistentes, materiales y vegetación adulta, así como la mejora de los accesos.
Asimismo, se dotará a la zona de los servicios necesarios de electricidad, abastecimiento de agua y telecomunicaciones, incluyendo la instalación de fibra óptica reforzada para garantizar la conectividad y la videovigilancia.
Una inversión clave para una especie amenazada
El proyecto prevé 20 voladeros de distintas dimensiones, con cerramientos diseñados para proteger a los urogallos tanto de depredadores terrestres como aéreos.
Y cada voladero estará equipado con dos cámaras de videovigilancia que permitirán realizar una monitorización continua del comportamiento y evolución de los ejemplares durante la fase de aclimatación.
Además, en el interior de los voladeros se llevará a cabo la plantación de diversas especies arbóreas y arbustivas, como abedules, sauces, álamos, espinos, avellanos y fresnos, con el fin de reproducir el hábitat natural del urogallo.
Esta vegetación facilitará la adaptación de las aves al entorno, servirá como fuente de alimento y contribuirá a mejorar las condiciones de éxito en su posterior liberación. Seguir leyendo en NATURALEZA.

















