Dónde y cómo duermen los colibríes, todo lo que tienes que saber sobre sus hábitos nocturnos

Publicado el: 29 de enero de 2026 a las 15:35
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Colibrí alimentándose de una flor antes de descansar y entrar en torpor nocturno.

Si alguna vez has visto un colibrí en un comedero, sabes que no se está quieto ni un segundo. Pica una flor, se aleja, vuelve y reaparece sin parar. Pero cuando cae la noche y las flores se quedan a oscuras, surge una duda lógica, dónde duermen los colibríes y cómo aguantan tantas horas sin comer.

La respuesta mezcla comportamiento y fisiología extrema. Según la revista especializada BirdWatching, los colibríes descansan solos sobre ramitas finas escondidas en árboles y arbustos, donde los depredadores tienen más difícil verlos. Las hembras que están criando duermen en el nido junto a los pollos y solo ellas usan esa pequeña “cuna” como cama nocturna. A veces, cuando el letargo es muy profundo, el ave queda colgando boca abajo, aferrada por las garras, y parece muerta aunque en realidad solo está “apagada”.



Ese apagado se llama torpor. Es un estado parecido a una hibernación exprés que activa cada noche cuando el alimento deja de estar disponible. Diversos estudios muestran que durante estas horas de descanso los colibríes reducen su metabolismo a una fracción de lo normal, ralentizan al máximo la respiración y dejan que la temperatura corporal caiga en picado para ahorrar combustible y llegar con vida al amanecer.

Los números ayudan a entender lo radical que es este cambio. De día, el corazón de un colibrí puede latir más de 1.000 veces por minuto y su cuerpo rondar los 40 grados. En torpor, el corazón baja hasta unos 50 latidos por minuto y la temperatura puede caer por debajo de los 15 grados sin daños aparentes. En colibríes andinos de gran altitud se han medido mínimas cercanas a los 3,3 grados, un récord entre las aves que no hibernan.



Aun así, los colibríes no son aves nocturnas. Son estrictamente diurnos, activos con la luz del día y refugiados en cuanto oscurece, porque su vista está adaptada a localizar flores al sol, no a volar en la oscuridad. Solo rompen este patrón en situaciones concretas. Por un lado, cuando la luz artificial mantiene iluminadas las flores o los comederos, algunos estudios han visto colibríes alimentándose bien entrada la noche, con el reloj biológico alterado por los focos. Por otro, durante la migración, especies como el colibrí de garganta rubí pueden cruzar el golfo de México en un vuelo casi continuo de unos 800 kilómetros, algo posible gracias a semanas de engorde previo y a un uso estratégico del torpor para almacenar energía antes del viaje.

Todo esto conecta directamente con la forma en que gestionamos nuestros jardines y terrazas. Mantener luces decorativas encendidas toda la noche no solo puede desajustar el descanso de los colibríes, también afecta a insectos nocturnos y a la polinización de muchas plantas, según diversos trabajos sobre contaminación lumínica. En cambio, un espacio “amigo” de los polinizadores ofrece rincones oscuros para dormir, árboles y arbustos densos como refugio, flores ricas en néctar vistosas y comederos con una mezcla sencilla de una parte de azúcar por cuatro de agua, sin colorantes ni aditivos.

También es clave limitar al máximo los pesticidas. Los colibríes complementan el néctar con pequeños insectos y una plaga puede competir con ellos por el alimento, pero los insecticidas químicos dañan tanto a los invertebrados como a las propias aves y se acumulan en el entorno. Las guías recomiendan limpiar el jardín, retirar nidos de avispas o mantis, proteger las zonas de alimentación de los gatos y apostar por métodos de control más selectivos y menos tóxicos.

Los científicos advierten de que el cambio climático está añadiendo presión extra. Si las primaveras se adelantan y las flores que sirven de “gasolinera” a los colibríes terminan de florecer antes de que las aves lleguen en migración, habrá menos néctar disponible justo cuando más lo necesitan, algo que ya preocupa a entidades como la National Audubon Society. En el fondo, esas noches de torpor son el gran truco que permite a un cuerpo diminuto sobrevivir a un motor desbocado y recuerdan que gestos tan cotidianos como encender una luz exterior o rociar el jardín con químicos tienen consecuencias directas en la vida de estos pequeños polinizadores.

El comunicado oficial más reciente sobre el papel del torpor en la energía y la migración de los colibríes ha sido publicado por la Universidad de Toronto.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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