Los científicos miran de nuevo a los pulpos: dentro de cada brazo hay un “centro de control” que cambia todo lo que creíamos saber

Publicado el: 8 de enero de 2026 a las 07:00
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Pulpo sobre una roca con tentáculos y ventosas, ejemplo de control nervioso distribuido en sus brazos

Los pulpos ya tenían fama de genios del mar. Ahora, un trabajo de la Universidad de Chicago confirma que esa reputación tiene una base muy concreta: buena parte del “poder de cálculo” del animal está en sus brazos y no en la cabeza. El equipo ha descrito un sistema nervioso segmentado dentro de cada tentáculo que actúa como una red de mini centros de control.

En números gruesos, un pulpo dispone de unas 500 millones de neuronas. ¿Qué significa esto, en la práctica, para entender cómo vive un pulpo? Aproximadamente dos tercios se concentran en los ocho brazos y sus ventosas, lo que permite que cada uno explore y manipule casi por su cuenta mientras el cerebro central se ocupa de decisiones más globales, como huir o atacar.



Un sistema nervioso repartido por los brazos

El estudio, publicado en la revista Nature Communications y liderado por la neurobióloga Cassady S. Olson, se centra en el llamado cordón nervioso axial, el gran “cable” que recorre cada brazo. Visto al microscopio, no es una masa uniforme, sino una cadena de segmentos repetidos. Cada segmento agrupa neuronas y se conecta con un conjunto concreto de músculos y ventosas, como si el brazo estuviera dividido en pequeños barrios especializados.

Entre esos segmentos aparecen franjas más pobres en neuronas, los septos. Por ahí salen nervios y vasos sanguíneos hacia la musculatura. Esta arquitectura permite que muchos ajustes de movimiento y de agarre se resuelvan de forma local, sin que cada gesto tenga que consultarse con el “cuartel general” del cerebro.



Un mapa interno de las ventosas

El trabajo muestra además que las conexiones que van a cada ventosa siguen un patrón ordenado, lo que genera un mapa interno del brazo. Cada ventosa tiene su representación en el cordón nervioso axial. Así, cuando el animal toca una roca o prueba un trozo de concha, ese mapa ayuda a combinar posición y sensación. No hay que olvidar que las ventosas no solo se pegan, también “saborean” sustancias químicas, algo clave para buscar alimento en fondos oscuros o turbios.

Mini centros de control frente al modelo “todo en la cabeza”

Mover un brazo blando, que puede doblarse casi en cualquier punto, es un reto enorme para cualquier sistema nervioso. En vertebrados como nosotros, el control se concentra en el cerebro y la médula espinal. En el pulpo, la solución es otra. Como resume el coautor Clifton Ragsdale, lo más eficiente para controlar un movimiento tan dinámico es dividir el brazo en segmentos que se reparten el trabajo, pero siguen comunicados entre sí. En la práctica no son ocho cerebros completos, aunque sí ocho redes locales que descargan de tareas al cerebro central.

Pulpos, calamares y una solución evolutiva compartida

Para comprobar si este diseño era exclusivo de los pulpos, el equipo comparó sus brazos con los del calamar Doryteuthis pealeii. Encontraron una segmentación similar en las patas y en la parte final de los tentáculos, donde se concentran las ventosas que sujetan a la presa. En cambio, el largo “tallo” del tentáculo, casi sin ventosas, no muestra esa organización en módulos. Todo apunta a que la segmentación es una solución evolutiva ligada a los apéndices flexibles llenos de ventosas, que deben agarrar y explorar en tres dimensiones.

Del fondo del mar a los robots blandos y al bienestar animal

Más allá de la curiosidad biológica, estos resultados interesan a la robótica blanda, que intenta copiar estructuras flexibles de la naturaleza. Muchos prototipos de brazos robóticos inspirados en pulpos ya se diseñan como cadenas de segmentos semiautónomos y ahora cuentan con un plano real para afinar esos modelos. Entender este sistema nervioso repartido también refuerza la idea de que los pulpos poseen una forma de inteligencia muy distinta a la humana, algo que la Unión Europea tiene en cuenta al dar a todos los cefalópodos la misma protección legal que a los vertebrados en experimentación mediante la Directiva 2010/63.

En resumen, cada tentáculo de pulpo no es un simple brazo que obedece órdenes, sino un sistema sensorial y motor altamente organizado que combina decisión local y coordinación global. Una forma muy diferente de repartir el “pensar” y el “hacer” en un cuerpo vivo.

El estudio completo, titulado “Neuronal segmentation in cephalopod arms”, ha sido publicado en la revista Nature Communications.

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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