Pensaban que la especie se había extinguido hace 6.000 años hasta que los científicos vieron algo extraño en lo más profundo de un bosque, eran dos especies extintas y un hallazgo «sin precedentes»

Publicado el: 14 de mayo de 2026 a las 08:03
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Marsupial considerado extinto desde hace 6.000 años hallado vivo en la selva de Nueva Guinea.

Dos pequeños marsupiales que la ciencia consideraba desaparecidos desde hace más de 6.000 años han sido confirmados vivos en las selvas remotas de la península de Vogelkop, en la parte indonesia de Nueva Guinea. Se llaman Dactylonax kambuayai y Tous ayamaruensis, y su reaparición cambia una idea que parecía cerrada desde hacía milenios.

La conclusión principal es sencilla, pero enorme. No estaban extintos, estaban fuera del radar científico. Y eso no ocurre todos los días, porque encontrar una especie que solo se conocía por restos antiguos ya es raro; encontrar dos en la misma región es algo mucho más difícil de ver.



Un hallazgo en la selva

La investigación ha sido liderada por el profesor Tim Flannery, del Australian Museum, junto con Kristofer Helgen, del Bishop Museum, y otros científicos australianos e indonesios. Los resultados se publicaron el 6 de marzo de 2026 en la revista Records of the Australian Museum.

Los investigadores no llegaron a esta conclusión por una sola pista. Reunieron fósiles, fotografías tomadas por investigadores locales y un ejemplar conservado en el Australian Museum que había sido recogido en 1992, pero identificado de forma incorrecta en aquel momento. Pieza a pieza, el rompecabezas empezó a encajar.



En biología, estos casos se conocen como taxones Lázaro. Es decir, especies que parecían haber desaparecido y que vuelven a aparecer vivas. Suena casi bíblico, pero aquí hablamos de ciencia, de selvas poco estudiadas y de animales que han pasado desapercibidos durante muchísimo tiempo.

El marsupial del dedo imposible

El primero es Dactylonax kambuayai, conocido en inglés como pygmy long-fingered possum. Es un marsupial pequeño, con rayas muy marcadas y una característica que llama la atención enseguida. Uno de los dedos de cada mano mide aproximadamente el doble que el siguiente más largo.

No es un capricho de la naturaleza. Ese dedo tan alargado le sirve para extraer larvas de insectos que viven dentro de la madera. Dicho de otra forma, es una herramienta perfecta para buscar comida en troncos y ramas, como si llevara incorporado un pequeño gancho.

Hasta ahora, la ciencia lo conocía por restos fósiles y por ejemplares modernos que no habían sido reconocidos correctamente. Por eso el hallazgo no consiste solo en «ver un animal raro». Lo importante es haber demostrado que una especie considerada perdida sigue viviendo en los bosques de Nueva Guinea.

El planeador que volvió al mapa

El segundo animal es Tous ayamaruensis, un planeador de cola anillada. Según el estudio, es el pariente vivo más cercano de los grandes planeadores australianos y representa el primer nuevo género de marsupial de Nueva Guinea descrito desde 1937. No es poca cosa.

Este marsupial es más pequeño que sus parientes australianos, tiene orejas sin pelo y una cola muy prensil, capaz de agarrarse con fuerza a ramas y lianas. Además, los investigadores señalan que forma parejas de larga duración y que solo cría una cría al año.

En la práctica, esto lo hace especialmente vulnerable. Si una especie tiene pocas crías y depende de árboles grandes con huecos para refugiarse, cualquier pérdida de bosque pesa mucho más. Un claro abierto por la tala no es solo un espacio vacío; para estos animales puede ser la diferencia entre vivir o desaparecer.

Por qué nadie los veía

La península de Vogelkop no es un lugar fácil. Sus bosques tropicales son remotos, húmedos y difíciles de recorrer. A veces, para encontrar vida escondida, no basta con tener buenos laboratorios; hace falta tiempo, paciencia y personas que conozcan el terreno de verdad.

Los dos marsupiales fueron localizados en hábitats aislados de bosque bajo. Los estudios señalan que no tienen parientes cercanos en otras zonas de Nueva Guinea, lo que aporta pistas sobre la historia geológica de esta región.

Flannery lo resumió con una frase muy visual. «Sus bosques podrían albergar más reliquias ocultas de una Australia pasada», afirmó el investigador al referirse a Vogelkop como una antigua pieza del continente australiano incorporada a Nueva Guinea.

La clave local

Una parte esencial del descubrimiento no vino solo de los museos ni de los fósiles. También vino de las comunidades locales Tambrauw y Maybrat, que conocen estos animales y sus bosques desde hace generaciones. Sin esa colaboración, la identificación habría sido mucho más difícil.

Rika Korain, mujer maybrat y coautora del trabajo, explicó que el planeador es conocido localmente como Tous por algunos clanes. También señaló que para ciertas comunidades es un animal sagrado, ligado a los espíritus de los ancestros y a prácticas educativas tradicionales.

Esto deja una lección clara. La ciencia gana cuando escucha a quienes viven en el territorio. No se trata de folclore frente a laboratorio, sino de sumar miradas para entender mejor una biodiversidad que todavía tiene muchas páginas sin leer.

El bosque decide el futuro

El hallazgo es una buena noticia, pero no significa que estos marsupiales estén a salvo. Los investigadores advierten de que Tous ayamaruensis depende de huecos en los árboles más altos del bosque bajo, justo los árboles que suelen tener más valor comercial para la tala.

El propio estudio indica que la especie está gravemente amenazada por la tala y la conversión del bosque, dos presiones que siguen creciendo en Papúa Occidental y Papúa Nueva Guinea. Puede parecer lejano, pero es el mismo patrón que se repite en muchos ecosistemas del planeta. Primero desaparece el hábitat. Después, el animal.

Por eso este descubrimiento tiene una lectura muy práctica. No basta con celebrar que sigan vivos. Ahora toca saber dónde están, cuántos quedan y qué bosques necesitan protección real para que no vuelvan a convertirse en una nota al pie de un museo.

Lo que cambia este descubrimiento

Este caso recuerda que la palabra «extinto» debe usarse con cuidado cuando hablamos de zonas poco exploradas. A veces una especie ha desaparecido de los registros científicos, pero no de la selva. Y esa diferencia lo cambia todo.

También muestra que las colecciones de los museos siguen siendo clave. Un ejemplar mal identificado hace décadas puede convertirse, con nuevas pruebas y nuevas miradas, en una pieza fundamental para entender una especie viva.

Los estudios completos han sido publicados en Records of the Australian Museum.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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