Sogama forma a los internos del penal de Monterroso en la reducción del desperdicio alimentario

Pero, más allá de proporcionar datos concretos sobre las negativas consecuencias ambientales, económicas y sociales de este fenómeno, el objetivo de la actividad es promover la reflexión sobre el elevado valor de la comida desde todas las dimensiones, evitando que su destino final sea el cubo de la basura, tal y como sucede en el 42% de los hogares, correspondiendo el resto a otras etapas tales como las propias de fabricación, con un 39%, distribución, con un 5%, y restauración, con un 14%.

En el marco del proyecto “La comida no se tira. Don´t waste food”, que promueve el centro penitenciario de Monterroso (Lugo) con motivo de su participación en la Semana Europea de la Prevención de Residuos 2017 (del 18 al 26 de noviembre), a la que también se ha adscrito Sogama, técnicos de Applus al servicio de esta empresa pública, imparten hoy, en el propio penal, una charla informativa y formativa sobre la necesidad de prevenir y reducir el alarmante derroche alimentario imperante en Europa, donde un tercio de la comida que se produce acaba desperdiciada.

Pero, más allá de proporcionar datos concretos sobre las negativas consecuencias ambientales, económicas y sociales de este fenómeno, el objetivo de la actividad es promover la reflexión sobre el elevado valor de la comida desde todas las dimensiones, evitando que su destino final sea el cubo de la basura, tal y como sucede en el 42% de los hogares, correspondiendo el resto a otras etapas tales como las propias de fabricación, con un 39%, distribución, con un 5%, y restauración, con un 14%.

Son diversos los factores que propician el derroche alimentario. Es el caso, por ejemplo, de la ya tradicional confusión entre fecha de caducidad (a partir de la cual la comida puede presentar problemas de seguridad alimentaria y riesgo para la salud) y fecha de consumo preferente (donde se perciben pérdida de cualidades tales como sabor, textura, color, no suponiendo una amenaza para la salud), el consumo de envases y packs excesivamente grandes, los errores en la conservación de los alimentos y otra tendencia muy asentada: comprar más con los ojos que con la cabeza.

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Es por ello que las recomendaciones, a aplicar en los domicilios, pasan por elaborar un menú semanal, así como una lista de la compra, adquirir sólo los productos que se necesiten, comprobar el estado de la nevera y la despensa, comprar productos a granel, ajustar las raciones a servir, comprobar las fechas de caducidad, reutilizar las sobras para preparar nuevos platos, y pedirlas en los restaurantes para llevar, así como congelar los alimentos antes de que se estropeen, siendo también el compostaje doméstico una magnífica vía de reciclaje para los restos que no hayan podido ser aprovechados en fases anteriores.

DEL ANÁLISIS A LA ACCIÓN

El centro penitenciario, en el marco de su proyecto, ha comenzado a recopilar datos para realizar un diagnóstico inicial de la situación de partida, es decir, qué tipo de comida se desperdicia, en qué cantidad y cuáles son las causas. No obstante, tal y como advertía la Dirección en su momento, debe tenerse en cuenta su idiosincrasia, ya que en el mismo conviven 250 internos de distintas culturas y, por tanto, con distintas costumbres y gustos gastronómicos.

Efectuado el primer análisis, tratarán de hacer los ajustes que sean viables para minimizar la cantidad de comida desperdiciada y aprovechar la coyuntura para llevar a cabo una labor educativa transversal en la que se pongan en valor los alimentos desde el punto de vista nutricional y la importancia de seguir una dieta variada y equilibrada para preservar la salud. De esta forma, se ensalzarán los productos locales y de temporada, las ventajas de los frescos frente a los envasados, se trabajará en el reconocimiento de los ingredientes de estos últimos, procediendo al análisis del etiquetado, la diferenciación entre fecha de caducidad y de consumo preferente, se desgranará el concepto de alimento transgénico y sus implicaciones, y se procurará que los internos tomen conciencia del uso de insecticidas y fertilizantes químicos en los artículos vegetales, poniendo de relieve las ventajas de los abonos naturales procedentes, por ejemplo, del compostaje doméstico yel vermicompostaje.

TOQUE DE ATENCIÓN DE LA UE

El desperdicio alimentario se cifra en la Unión Europea en 89 millones de toneladas anuales (alrededor de 173 kilos por persona), correspondiendo 8 millones a España, lo que nos coloca como el séptimo país que más comida desecha. De seguir el actual ritmo de despilfarro, en 2020 se podrían alcanzar los 126 millones de toneladas en el ámbito comunitario, suponiendo un incremento del 40%.

El Parlamento Europeo ya se ha pronunciado al respecto y su propuesta pasa por reducir el desperdicio alimentario a la mitad en 2030.

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