Diseñan un proceso para convertir los residuos agrícolas en abono para suelos degradados

De esta manera, se hace frente a uno de los principales retos a los que se enfrenta el campo almeriense, la reducción de la acumulación de restos orgánicos e inorgánicos procedentes de los invernaderos. Según informa la Fundación Descubre en una nota, hasta que son recogidos para su tratamiento, estos residuos suponen un problema para el medio ambiente, por lo que es «necesario» una gestión adecuada e integral que, además, favorezca un desarrollo sostenible.

   Así, la empresa de Base Tecnológica de la Universidad de Almería (UAL) Gestora de Residuos del Sur (Geresur) ha diseñado un proceso que se distingue de los habituales sistemas de recogida por varios factores. Tradicionalmente, la retirada de residuos agrícolas tiene carácter lineal, es decir, se recogen sin ser previamente separados y se transportan a un depósito controlado donde se eliminan o son tratados para ser utilizados como fuente de energía.

   El sistema de Geresur se basa en un procedimiento cíclico que permite alargar la vida de estos residuos de forma indefinida ya que, tras ser sometidos a un tratamiento determinado, son recuperados para su utilización en zonas o suelos degradados.

   En una primera fase, la segregación de los desechos se hace en origen, en el mismo momento de su recolección, lo que permite el tratamiento diferenciado de cada residuo en función del tipo de cultivo al que se destinará el nuevo abono. El gerente de la empresa, Luis Miguel Góngora, explica que los distintos elementos de los residuos son separados de manera que se asegure una recogida limpia.

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   Además, ha indicado que su traslado se realiza de manera inmediata para evitar que fermenten y creen un caldo de cultivo propicio para roedores e infestaciones no deseadas. La materia vegetal segregada o biomasa pasa a un reactor de fermentación, diferente en función del tipo de producción del que proceda. Mezclado con otros subproductos y gracias a la acción enzimática de las bacterias, se consigue un detritus, un humus bioactivo «cien por cien ecológico específico para cada cultivo debido a esa segregación en origen», comenta el responsable de Geresur.

   Para el desarrollo de este método, se ha firmado un convenio con la empresa biotecnológica de la Universidad de Sevilla, Resbioagro, para inocular bacterias específicas y elementos no agresivos que actúen frente a otros patógenos. «Estos microorganismos provocan un aumento de temperatura que, a su vez, acaba con la vida de bacterias y hongos perjudiciales», indica Luis Miguel Góngora. De esta forma es el propio sustrato el que se protege de futuras plagas, reduciendo al mismo tiempo la necesidad de utilizar productos fitosanitarios, con el consiguiente ahorro económico para el agricultor.

   Según las experiencias pilotos desarrolladas por el equipo de investigadores de Geresur, el producto obtenido se caracteriza por una estructura granulada y esponjosa capaz de retener hasta un 20 por ciento de humedad. «Esta propiedad física lo convierte no sólo en un abono orgánico de alta eficiencia sino también en una herramienta esencial en la recuperación de suelos degradados debido a su aporte natural de microfauna», asevera el experto.

   El producto final se comercializa de diversas formas. A granel, idóneo para la recuperación de suelos; en paquetes o sacos de diez kilos; o en forma líquida, un té o licor de humus, útil para el riego por goteo o sistemas hidropónicos.

   El objetivo de Geresur, en palabras de su responsable, es cambiar el actual sistema de gestión de residuos por uno cíclico basado en el análisis del ciclo de vida del producto obtenido.

ECOticias.com – ep

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