Es oficial: miles de ‘bolas sucias’ invaden las playas de este icónico país y activan un plan de 2.000 millones para evitar el desastre

Publicado el: 12 de febrero de 2026 a las 20:43
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Bolas sucias de residuos en una playa de Sídney procedentes del sistema de alcantarillado de Malabar.

El hallazgo de un gigantesco fatberg en el sistema de alcantarillado de Malabar fuerza una inversión de 3.000 millones de dólares australianos para modernizar una red que da servicio a casi dos millones de personas

Las playas de Sídney, una de las postales más reconocibles de Australia, llevan meses conviviendo con unas pequeñas bolas negras que ensucian la arena, desprenden mal olor y obligan a cerrar tramos enteros del litoral en plena temporada alta. Lo que al principio se interpretó como un posible vertido de hidrocarburos ha resultado ser algo mucho más prosaico y, a la vez, más inquietante: grumos compactados de grasa, aceite, toallitas, heces humanas y otros desechos que el mar devuelve a la orilla en forma de “bolas sucias”.



El fenómeno tiene nombre propio en el mundo del saneamiento urbano. Se trata de un fatberg, una masa sólida formada por grasas, aceites y productos no biodegradables que se acumula en el interior de las tuberías hasta bloquearlas. En el caso de Sídney, el enorme tapón se esconde en un tramo inaccesible del sistema de aguas residuales de Malabar, uno de los mayores de Australia, que da servicio a unos dos millones de habitantes y descarga al océano a través de un emisario submarino.

Las autoridades han confirmado que gran parte de las bolas que han aparecido en la costa proceden de ese sistema de tratamiento. Del gigantesco bloque se han podido retirar ya 53 toneladas de material, pero el “corazón” del fatberg permanece atrapado en una cámara situada a unos 300 metros de la salida al mar, un punto al que solo se puede acceder en condiciones muy específicas de marea. El regulador ambiental y la Autoridad de Protección del Medio Ambiente de Nueva Gales del Sur han identificado la red de Malabar como origen más probable de los residuos que han ido apareciendo en diferentes playas del estado desde finales de 2024.



Más allá del impacto visual, el problema es de salud pública. Estos grumos están compuestos de materia orgánica en descomposición, restos de productos farmacéuticos, lubricantes y otros compuestos químicos que, al fragmentarse y dispersarse, pueden entrar en contacto con bañistas y fauna marina. La situación recuerda a otros episodios de contaminación en zonas litorales, donde las redes de saneamiento y depuración han demostrado ser el eslabón más débil de la cadena de protección ambiental.

El Gobierno estatal ha decidido actuar. El Ejecutivo de Chris Minns ha anunciado un programa de renovación masiva del sistema de Malabar, valorado en 3.000 millones de dólares australianos (unos 1.720 millones de euros) a desplegar en los próximos diez años. El objetivo es reducir el volumen de aguas residuales que se vierten a través del emisario de aguas profundas y reforzar las infraestructuras críticas de la red, desde las estaciones de bombeo hasta las plantas de tratamiento intermedias. La compañía pública Sydney Water, responsable del sistema, ejecutará las obras en alianza con un consorcio de empresas constructoras y de ingeniería.

En paralelo a las inversiones físicas, Sydney Water insiste en que parte del problema está en los hábitos cotidianos de hogares y negocios. Grasas de cocina vertidas por el fregadero, toallitas húmedas, pañales, tampones o preservativos acaban formando tapones en una red ya presionada por el crecimiento demográfico y por episodios de lluvia intensa cada vez más frecuentes. La compañía reclama un uso más responsable de las redes de alcantarillado, en línea con las campañas que en otros países alertan de los costes de mantenimiento asociados a estos atascos masivos de residuos.

El caso australiano conecta con un debate más amplio sobre la fragilidad de las infraestructuras de agua y saneamiento en las grandes ciudades. Informes recientes han puesto de relieve que muchas redes urbanas operan al límite de su capacidad, con fugas, filtraciones y sistemas de depuración que no siempre están diseñados para gestionar el cóctel de productos químicos, plásticos y materia orgánica que genera la vida contemporánea. En países como España ya se ha advertido de que la crisis hídrica se agrava por redes envejecidas y una inversión insuficiente en mantenimiento preventivo.

Los expertos consultados por las autoridades de Nueva Gales del Sur subrayan que la respuesta al episodio de las “bolas sucias” no puede limitarse a “desatascar” puntualmente el sistema. Reclaman una estrategia que combine la modernización de las infraestructuras, una regulación más estricta sobre los vertidos de establecimientos de hostelería y una verdadera economía circular en la gestión de aguas residuales, en línea con las iniciativas que en Europa se están aplicando en cuencas tan sensibles como la del Mar Menor. Solo así, apuntan, se reducirá el riesgo de que episodios como el de Sídney se repitan en otros litorales urbanos del planeta.

El comunicado oficial sobre el “Malabar System Investment Program” ha sido publicado en la web del Gobierno de Nueva Gales del Sur.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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