Años más tarde, concretamente en 1985, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó unas Directrices para la protección de los consumidores, enumerando una serie de derechos fundamentales que hoy gozan de reconocimiento internacional
Un año más, como viene ocurriendo desde que en 1962 el presidente de EEUU John Fitzgerald Kennedy pronunciase un discurso ante el Congreso de su país reivindicando los derechos de los consumidores y destacando su papel como elemento fundamental en el proceso productivo, se celebra hoy el Día Mundial del Consumidor.
Años más tarde, concretamente en 1985, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó unas Directrices para la protección de los consumidores, enumerando una serie de derechos fundamentales que hoy gozan de reconocimiento internacional, tales como el derecho a acceder a bienes y servicios básicos esenciales; derecho a la protección contra productos y procesos peligrosos; derecho a recibir información para una elección correcta y protección contra la publicidad deshonesta o confusa; derecho a ser escuchado y estar representado en la elaboración y ejecución de una política gubernativa y en el desarrollo de productos y servicios; o el derecho a recibir una reparación adecuada por quejas justas, incluyendo compensación por información engañosa, bienes defectuosos o servicios insatisfactorios.
EL ABUSO DE ANTIBIÓTICOS EN LA GANADERÍA, UNA SERIA AMENAZA.
Bajo el lema “¡Antibióticos fuera del menú!”, en la presente edición las organizaciones de consumidores de todo el mundo, junto con Consumers International, han decidido llamar la atención sobre el empleo abusivo de antibióticos en la cría del ganado que se destina a consumo humano. Para dar una idea de la dimensión de esta práctica, basta con decir que, aproximadamente, la mitad de la producción de antibióticos a nivel mundial se destina al sector ganadero, bien para la prevención de enfermedades, bien para lograr acelerar el crecimiento de los animales. Y la tendencia es claramente alcista, pues se espera que este consumo aumente un 66% de aquí a 2030.
Tal vez la más grave consecuencia que se deriva de este abuso sea la resistencia a los antibióticos que desarrollan las bacterias y otros microorganismos y que está aumentando a niveles peligrosamente altos en todo el mundo, hasta el punto de que la OMS ya ha advertido que, si no se actúa con urgencia, nos dirigimos hacia una era post-antibióticos, en la que importantes medicamentos dejarán de ser efectivos y las infecciones comunes y las lesiones leves volverán a ser letales.
Este año los responsables de la campaña centrarán sus acciones sobre las grandes cadenas de comida rápida, pues consideran que si éstas se comprometiesen a dejar de servir carne procedente de animales tratados habitualmente con antibióticos relevantes para la salud humana, se produciría un punto de inflexión en la situación, que permitiría dar pasos importantes para neutralizar esta amenaza para la salud pública mundial y proteger nuestras medicinas para el futuro. Para lograr ese objetivo, reclaman la implicación de los consumidores.
Pero también hoy es momento de reflexionar sobre el consumo responsable para reducir la producción de residuos y llevar a cabo, desde la responsabilidad compartida, una gestión más sostenible de los mismos. Porque resulta evidente que “el mejor residuo es el que no se produce”.

















