Jordania ha decidido jugar una de sus cartas más grandes contra la sequía. El país quiere desalar agua del Golfo de Aqaba y enviarla hasta Amán mediante una gran conducción en pleno desierto. No es el Estado francés el que ejecuta solo la obra, pero sí un consorcio liderado por las francesas Meridiam y SUEZ, dentro de un proyecto valorado en unos 6.000 millones de dólares. La meta es enorme. Debe producir 300 millones de metros cúbicos de agua potable al año y cubrir alrededor del 40% de las necesidades del país hacia 2030.
La urgencia no es ninguna exageración. SUEZ recuerda que Jordania dispone de menos de 100 metros cúbicos de agua dulce por habitante y año, y el Fondo Verde para el Clima añade que muchos hogares reciben agua menos de 48 horas a la semana. En la práctica, eso significa vivir pendiente del suministro.
Casi 450 kilómetros de agua en pleno desierto
El plan se apoya en una gran planta de ósmosis inversa en Aqaba, con una capacidad de 851.000 metros cúbicos diarios, y en una tubería subterránea de casi 450 kilómetros. El proyecto debe llevar 250 millones de metros cúbicos al año a Amán y 50 millones a Aqaba, dentro de una concesión público-privada de 30 años. ¿La gran pregunta? Cómo mover esa cantidad de agua hacia el norte y salvar desniveles en pleno desierto.
En abril de 2025, durante la firma de una ayuda neerlandesa de 31 millones de euros para el proyecto, el embajador de Países Bajos en Jordania, Harry Verweij, lo resumió así en un comunicado. «Poner a disposición agua adicional, que no sea subterránea, mediante desalación es crucial para la seguridad hídrica de Jordania». El ministro jordano de Agua, Raed Abu Saud, añadió entonces que el plan avanzaba según lo previsto y que debía ayudar a atender a millones de ciudadanos.
La parte ecológica que de verdad importa
Desalar agua resuelve una necesidad básica, pero consume mucha energía. Por eso una de las claves del proyecto está en la planta solar prevista, de unos 281 MWp, que aportará aproximadamente entre el 27% y el 28% de la energía necesaria. El Fondo Verde para el Clima calcula además una reducción mínima de 6,74 millones de toneladas de CO2 durante los primeros 26 años de operación. Dicho de otro modo, no se trata solo de llevar agua al grifo, sino de hacerlo con menos combustibles fósiles.
Pero aquí hay un matiz importante. La propia documentación del EBRD clasifica la obra en la categoría ambiental más alta y advierte de riesgos relevantes en zonas sensibles como el Golfo de Aqaba, donde hay corales, praderas marinas y otras especies protegidas. También reconoce que la descarga de salmuera afectará a un área local de hábitat crítico, aunque los promotores plantean medidas para reducir ese impacto, como neutralizar biocidas y cloro, usar difusores, vigilar de forma continua los vertidos y compensar parte del daño con trasplante de coral y restauración de hábitats. No todo se arregla con una tubería gigante.
Qué puede pasar ahora
A día de hoy, el EBRD ya figura como financiador aprobado del proyecto desde el 25 de febrero de 2026, y el Fondo Verde para el Clima aprobó en octubre de 2025 un paquete de 295 millones de dólares entre préstamo y subvención. La documentación ambiental publicada en diciembre de 2025 sitúa el arranque de las obras a gran escala en el segundo trimestre de 2026 y prevé unos cuatro años de construcción. Si cumple plazos y costes, Jordania ganará una fuente estable de agua y reducirá la presión sobre sus acuíferos. Pero el propio GCF recuerda que esta megaobra solo tiene sentido si se acompaña de mejoras de eficiencia, menos fugas y una hoja de ruta financiera que mantenga el servicio asequible.
La ficha oficial más reciente del proyecto ha sido publicada por el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo.

















