Ahorremos agua consumiendo alimentos de origen vegetal

Para no sobrepasar el 1,5ºC aumento global de las temperaturas, también tendremos que actuar en nuestra forma de alimentarnos y, así, también prevenir más sequías en muchas zonas del planeta.

En estos días en los que se celebra la Semana Mundial del Agua, es vital recordar la importancia de este recurso natural y cómo su carencia afecta a la vida de todos los seres de la Tierra. Ya están sucediendo cambios, a escala planetaria, que hacen que este recurso sea cada vez más escaso.

El pasado julio fue el mes más caluroso en todo el planeta desde que hay registros. En nuestro país se añade un periodo de sequía, aún no declarada oficialmente, donde ha llovido de media un 15% menos de lo normal.

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Aunque hay comunidades como Castilla y León, Castilla-La Mancha, Madrid, Extremadura, Andalucía o Canarias, donde las precipitaciones están por debajo del 25% de lo habitual.

Mientras las pérdidas son ya millonarias en el sector ganadero y agrícola (vid, aceituna, almendro), es cuestión de tiempo que la sequía también afecte al abastecimiento de ciudades y pueblos. De momento, más de 30 municipios tienen algún tipo de restricción en el uso de agua o directamente se abastecen a través de camiones cisternas.

Esta situación se verá seguramente agravada si, como pronostican los expertos, la sequía continúa en otoño. Esta semana nuestras reservas de agua superficial están al 45,76 %, un 13,41% menos que en la misma fecha en 2018.

La declaración del estado de sequía llegará tarde

Las administraciones competentes en la gestión de nuestros recursos hídricos, prisioneras de la burocracia e intereses cruzados, todavía no han decidido declarar el estado de sequía en todo el país. Esto permitiría articular formalmente medidas de ahorro de carácter general, especialmente en el regadío.

Aunque, como en sequías anteriores, llegarán tarde, pues dichas medidas se deberían haber tomado cuando nuestras reservas hídricas eran óptimas. Ahora será muy complicado y traumático gestionar la escasez. Y las primeras víctimas serán de nuevo los ecosistemas fluviales y nuestra agricultura.

Pero la buena noticia es que, a pesar de esta inoperancia administrativa, desde la próxima vez que nos sentemos a desayunar, comer o cenar podemos contribuir al ahorro de agua. ¿Cómo?

El pasado día 8 de agosto, el IPCC, el grupo de expertos de la ONU sobre cambio climático, nos advertía que lo que comemos tiene mucho que ver con la emisión de gases de efecto invernadero, hasta un 37% (emisiones asociadas a la producción mundial de alimentos).

Por ello, el IPCC recomienda mejorar nuestra alimentación, que los alimentos de origen vegetal sean la base de nuestra dieta, reduciendo el consumo de carne y de otros derivados animales. Estos alimentos deberían ser ecológicos, de temporada y de proximidad.

Todo ello, contribuye y mucho a un ahorro de agua, además de ser alimentos más saludables para nuestro organismo. Como ejemplo, y según los datos de la Organización Mundial de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), para producir una simple hamburguesa se necesita el equivalente a más del doble del agua que una persona bebe en un año.

A falta de la esperada acción de las instituciones para preservar nuestra agua, la ciudadanía puede empezar a combatir desde hoy esta y venideras sequías, simplemente consumiendo de forma más responsable, saludable y sostenible.

Autor: Julio Barea Luchena

Fuente: Greenpeace

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