Nuestra relación con el consumo está cambiando: el nuevo ciudadano sostenible

Vender tu coche porque no lo necesitas  es un acto subversivo de primera magnitud, pero cada vez más gente lo está haciendo. Es el nuevo ciudadano sostenible (NCS), que se está asentando. Veamos algunas de sus características, a través de unos cuantos aspectos de nuestra vida moderna.

Calidad. El NCS rechaza la avalancha de ofertas de productos de ínfima calidad a un precio aparentemente bajo. Si el “low cost” significa “baja calidad”, no irá a ningún sitio. 

Comida. El NCS gastará más porcentaje de su dinero en alimentos, invirtiendo la tendencia de las últimas décadas de convertir el gasto en alimentos en insignificante. Comprará menos carne, pero de más calidad, y más legumbres, frutas y hortalizas frescas (y mejor si son de cultivo ecológico), invirtiendo así sabiamente su dinero.

Compartir. Últimamente se está hablando mucho del consumo colaborativo, un palabro que la RAE no ha admitido todavía. Es algo que se lleva haciendo toda la vida, pero es interesante que se inserte en nuestra cultura de manera deliberada.

Culpabilidad. El NCS puede llegar a ser difícil de convencer para que compre una cosa que no necesita y que no le proporciona placer. Pero el NCS no se siente culpable por consumir: no le gusta derrochar sin utilidad para nadie y cree que lo que es bueno para las personas (de todo el mundo) y para su bolsillo, es bueno para el planeta.

Ecoetiquetas. El NCS no hace gran caso a las ecoetiquetas, salvo que le garanticen una característica concreta y deseable del producto que desea comprar. Por ejemplo, una indicación A+++ en un frigorífico o una clave “0” en unos huevos frescos. Las ecoetiquetas genéricas, como “bio”, “eco”, etc., le parecen más bien rechazables. 

Ética. Los grandes lavados de cara verde de las grandes empresas no mejoran su imagen ante el NCS. Muchas empresas enormes creen erróneamente que quedan bien con alguna pequeña actividad filantrópica aquí y allá.

Publicidad. La publicidad asociativa (este producto lo compran las personas a las que desearías parecerte) no funciona con el NCS. Menos todavía la publicidad metafísica (paisajes desolados y frases crípticas) o la gazmoña (hombres, mujeres y niños correteando a cámara lenta por playas y bosques). ¿Y la publicidad verde? Pues en principio es para desconfiar. Felizmente, ya tenemos un Observatorio del ramo.

Transporte. Éste es el punto donde más opciones se abren ante el NCS. Ahora mismo es posible adquirir vehículos privados mucho menos contaminantes. Sin contar la posibilidad de quitarse de encima el coche y todo el dinero y las molestias que supone, y comenzar a probar el apasionante mundo del coche compartido, la bici de alquiler o incluso el transporte público de toda la vida.

Resentimiento. El NCS no confía en las empresas, especialmente en las grandes, que le intentan vender cosas, porque cree con razón que le intentan engañar sistemáticamente. Las encuestas demuestran claramente que el índice de confianza en las empresas nunca ha estado tan bajo, a esto ha conducido la obsesión de crear valor para el accionista y para nadie más.  Va a ser necesario un esfuerzo ímprobo de las empresas, especialmente de las grandes, para recuperar su maltrecha reputación y la confianza de los ciudadanos.

 

Fuente: vidasostenible.orgECOticias.com

 

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