El agradable olor del gas de esquisto

Las empresas del gas y el petróleo han encontrado un nuevo timo al alcance exclusivo de grandes multinacionales: sí, hablamos de la extracción del gas de esquisto que tal vez conozcas como fractura hidráulica o fracking. Por unos pocos beneficios y por aguantar unos añitos más a flote, las empresas del sector pretenden hipotecar el futuro de las personas socavando nuestros recursos naturales.

El fracking es una técnica muy peligrosa que contamina acuíferos y tierras, afecta a la salud de la gente y del entorno y, a su vez, supone más amenazas para el cambio climático.

Sin embargo, las grandes empresas, con la complicidad del Gobierno de España, hablan de este gas como un antídoto a la crisis energética actual, cuando este sustituto del petróleo tiene auspiciado su final en poco tiempo; solo hay que echar un ojo a las explotaciones actuales de este combustible fósil en EE.UU que ya están empezando a quedarse sin reservas.

Los ejemplos de Estados Unidos nos muestran como el rendimiento de un pozo de gas de esquisto cae entre el 60 y el 90% al cabo de su primer año de explotación. En Tejas, por ejemplo, hay que cavar mil pozos al año para conseguir mantener la rentabilidad.

Otro de los supuestos puntos fuertes del fracking, uno de los argumentos favoritos de empresas y Gobierno, es la creación de empleo. Pero hablamos de empleos fósiles y limitados, ya que en breve estos pozos van a dejar de producir, y el trabajo generado se irá con el cierre de los mismos.

Estas empresas de las que hablamos son Repsol, BNK y Gas Natural Unión Fenosa, entre otras de las multinacionales que apoyan esta técnica dañina. Una técnica que nos sigue estancando en los combustibles fósiles poniendo en riesgo nuestra salud, nuestros recursos, nuestro entorno y el clima.

No hay que irse muy lejos para promover un sistema energético a favor de las personas y La Tierra, ya existen otras alternativas más seguras, limpias y duraderas que nos pueden llevar a la independencia energética, son iniciativas participativas donde la ciudadanía es productora de su propia energía. Solo tenemos que apoyarlas y poner más en marcha.

 

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