No toda fibra que no es sintética es, directamente, natural o ecológica. Hay fibras artificiales que provienen de la celulosa, otras que son fabricadas por animales o plantas pero pasan por algún proceso artificial o humano para poder ser utilizadas, u otras que se sintetizan en el laboratorio a partir de productos petroquímicos.
Esquiar con guantes de seda, vestirte con faldas de cáñamo, dormir con sábanas de satén, sacarte el frío con un jersey de lana pura o calzarte unos calcetines de cachemir, parece todo cuestión de lujo. En efecto, el textil más ecológico y eficiente para resguardarnos de frío o calor es un lujo. Los tejidos naturales, orgánicos, sin derivados del petróleo ni tintes tóxicos parecen más cerca del fast que de la ecología. Pero reconocerlos y acceder requiere de cierta dosis de información y de un etiquetado correcto.
No toda fibra que no es sintética es, directamente, natural o ecológica. Hay fibras artificiales que provienen de la celulosa, otras que son fabricadas por animales o plantas pero pasan por algún proceso artificial o humano para poder ser utilizadas, u otras que se sintetizan en el laboratorio a partir de productos petroquímicos.
Parece ser que el humano sintetiza fibras en el laboratorio desde el siglo XIX aunque las fibras más vintage son, justamente, de los años veinte del siglo pasado cuando se extendió el uso del nylon primero en aplicaciones militares y después en el mundo de la moda empezando por las medias y continuando con todo tipo de prenda y complemento. Las fibras sintéticas representan aproximadamente la mitad de todo el consumo de fibra, con aplicaciones en todos los campos de la tecnología de fibra y textil. El nylon y el poliéster enseguida dominaron el mercado y aún hoy representan el 98 por ciento en volumen de la producción de fibras sintéticas, según estimaciones de McIntyre (2004).
Las sintéticas, a priori, son fibras económicas, prácticas y con propiedades interesantes como la durabilidad, impermeabilidad, facilidad para teñir y lavar, elasticidad, entre otros. Muchas de estas fibras no se encogen, se secan rápidamente, aguantan intemperie y no va la polilla. Además, se pueden producir a gran escala por lo que algunos tejidos naturales, en especial los que tienen costes de producción elevados (ciertos algodones, seda, lana, etc.), pasaron a ser materia prima de la artesanía a pequeña escala o souvenir de los lugares más pintorescos.
Como parece que pasa con todo lo que hace referencia al textil y la moda, los tejidos naturales vuelven. Quizás porque son tendencia, tal vez porque la tendencia es recuperar modelos de los años veinte o por una preocupación genuina por todo lo que comemos, respiramos o ponemos en contacto con nuestra piel. La cuestión es que, junto con la agricultura ecológica, va creciendo una moda ecológica o, cuando menos, textil ecológico que merece algunos apuntes.
De entrada, parece que podríamos etiquetar como ecológico todo aquel tejido que proviene de plantas o animales, para distinguirlo del que se fabrica a partir de derivados del petróleo o en un laboratorio. Pero esto no es exactamente así. En todo caso, sólo el textil certificado puede llevar la denominación de orgánico o ecológico. Ecocert es uno de los organismos certificadores y ofrece diferentes distintivos según si se toma en consideración la responsabilidad social y ambiental (GOTS-Global Organic Textile Standard); si se garantiza la trazabilidad de los tejidos orgánicos (OCS -Organic Content Standard); o si se cumplen determinados requerimientos de calidad ambiental en la producción (Ecocert standard). Las diferentes certificaciones contemplan cuestiones como la agricultura de procedencia, la eficiencia energética y emisiones de carbono o las condiciones de trabajo y salud de los trabajadores en su producción.
Cada vez es más fácil encontrar piezas textiles con certificación orgánica en lugares no especializados como las grandes superficies comerciales. Pero lo cierto es que hay todavía un recorrido largo antes de poder garantizar con el etiquetado que aquella prenda que nos disponemos a adquirir es realmente ecológica y socialmente responsable. Desgraciadamente todavía no podemos decantar nuestras opciones de compra según una información completa en las etiquetas porque no está, pero tampoco podemos ser tan ingenuos como para pensar que la etiqueta «algodón orgánico» en una camiseta, como el «bio» de los yogures , resuelve todos los retos que aún tiene pendientes el sector textil, en especial en temas de responsabilidad social en los países productores.
Mientras tanto, los tejidos más justos y ecológicos siguen siendo producciones locales, artesanales y de muy pequeña escala que difícilmente garantizan la demanda ni en diseño ni en cantidad, especialmente en tiempos de rebajas.




















