España exporta agua a través de frutas y hortalizas en plena emergencia climática.
Detrás del éxito exportador del sector agroalimentario se esconde un trasvase silencioso de billones de litros de agua pública hacia el exterior, absorbidos por un modelo intensivo que agrava la escasez hídrica, degrada los ecosistemas y beneficia a una minoría empresarial mientras aumentan las sequías y los problemas de abastecimiento.
España exporta agua a través de frutas y hortalizas
Un análisis revela cómo la agroindustria convierte un recurso público escaso en negocio privado mientras España exporta agua a través de frutas y hortalizas.
La huella hídrica oculta del modelo agroexportador
España exporta agua, y mucha, virtualmente en forma de frutas y hortalizas. Para producirlas se necesita regar, usar fertilizantes y fitosanitarios que inutilizan el agua para otros usos y absorben la lluvia, reduciendo la humedad natural de los suelos.
Así las cosas, ante un escenario climático tan crudo y un sector agroindustrial altamente dependiente de ayudas públicas y de agua, en Greenpeace han querido analizar cómo la industria agroalimentaria de exportación absorbe para su negocio un recurso público como el agua. ¿Es justa esta demanda creciente y desproporcionada?
Agricultura intensiva: el 80 % del consumo de agua
Para responder, realizamos un cálculo aparentemente sencillo, pero complejo en la práctica: tomamos las cifras oficiales de exportación e importación (las cifras recogidas por Aduanas, del Ministerio de Hacienda) y calculamos las cantidades exportadas netas de frutas y hortalizas en 2024 -manzanas, melocotones, tomates, entre otros.
Quién gana con el negocio del agua
A continuación, hemos calculado cuál es la huella hídrica de cada uno de esos productos, la hemos multiplicado por la cantidad neta exportada y el resultado lo hemos sumado. Fácil y claro.
En la metodología explicamos los detalles, porque la operación es sencilla, pero todo el cálculo nos ha llevado meses de trabajo para asegurar un resultado exhaustivo y sólido. Puedes consultar las tablas con todos los datos.
En 2025 las lluvias fueron más abundantes de lo habitual, pero de forma recurrente numerosas partes del país sufren sequías y problemas de abastecimiento. Pese al negacionismo en auge, la realidad es que la comunidad científica dice que esto va a ir a más, es decir, que vamos a tener más episodios de calor, como los de este verano de 2025, más sequías y menos agua disponible. Menos todavía.
No se trata sólo de escasez de recurso hídrico, sino también de ecosistemas tan secos que nos hacen cada vez más vulnerables al cambio climático, incendios más destructivos y danas que se convierten en riadas mortales.
Un modelo que exprime recursos públicos
A menudo se pide a la ciudadanía que ahorre agua –y está bien que sea así– perola mayor parte del consumo corresponde a la agricultura: en tornoal 80 %, especialmente los grandes regantes. En un país con un sector agrícola tan enfocado a la exportación, el agua es crucial y cada vez lo será más. No obstante, las grandes agroindustrias suelen tener la última palabra. La escasez afectará más a los agricultores que trabajan el campo con sus manos, y menos a quienes cultivan desde los despachos de Madrid.
Exportar alimentos, importar escasez
Este modelo destructivo no solo impacta a España y a sus recursos naturales y ecosistemas. En igual medida, la agroindustria española también actúa como reexportadora, explotando otras zonas del planeta que sufren las mismas o mayores consecuencias del cambio climático, como la desertificación.
Paradójicamente, mientras el modelo agrario actual apuesta por la modernización para usar menos agua (¡bien hecho!), a la vez apuesta por aumentar los regadíos para no renunciar ni a una gota que se pueda ahorrar con medidas de eficiencia.
El agua en España genera dinero en forma de frutas y verduras, pero son cada vez más las grandes empresas y los fondos de inversión quienes se lo llevan.
Cada vez apuestan más por el sector agrario y presionan a las administraciones para que les garanticen el maná líquido. Si no cae del cielo, pues en forma de obras públicas para embalses, trasvases o desaladoras, lo que sea para mantener el nivel de ingresos de sus accionistas.




















