España afronta una nueva ola de calor entre el martes 21 y el jueves 23 de julio. AEMET prevé máximas de 42 a 44 °C en zonas del extremo suroriental y valores de 40 a 42 °C en otros valles y depresiones, con un nivel de peligro que puede ser «importante o incluso extraordinario».
Con este calor, cualquier truco que prometa dormir mejor y gastar menos en la factura de la luz llama la atención. Pulverizar agua junto a un ventilador puede mejorar la sensación térmica, pero no garantiza que la temperatura de toda la habitación vaya a bajar 2 o 3 grados.
Qué hace realmente el ventilador
Un ventilador no fabrica aire frío. Mueve el aire y acelera la evaporación del sudor, por lo que el cuerpo pierde calor con mayor facilidad y la corriente se siente más fresca.
El IDAE explica que ese movimiento puede producir una sensación equivalente a una bajada de entre 3 y 5 °C en determinadas condiciones. ¿Dónde está la clave? Es una reducción percibida sobre la piel, no necesariamente un descenso igual en el termómetro.
Al añadir agua entra en juego la evaporación. Una niebla muy fina puede enfriar el aire cercano y, si moja ligeramente la piel, ayuda al cuerpo a desprenderse de calor. Pero la humedad manda.
Los 2 o 3 grados no están garantizados
Un estudio con 65 participantes analizó un sistema de nebulización en un espacio exterior sombreado. La temperatura bajó una media de 2,9 °C con la pulverización y 3,6 °C cuando se añadió aire impulsado por un ventilador.
La cifra parece confirmar el truco, pero hay un matiz importante. Los investigadores utilizaron un sistema controlado, con una cantidad de agua y un tamaño de gota definidos, no un pulverizador doméstico usado unos segundos antes de dormir.
En un dormitorio, el resultado depende del volumen, la ventilación, la humedad y la temperatura de paredes y muebles. Puede sentirse un alivio claro sin que toda la estancia baje varios grados. No es poca cosa, pero no es lo mismo.
Cómo usar el agua con sentido
La Organización Mundial de la Salud recomienda mojar la piel con un paño húmedo, un pulverizador o ropa ligera humedecida. También aconseja usar ventiladores con niebla de agua o salpicar agua en la cara y los brazos para mejorar el confort térmico.
En la práctica, suele ser más eficaz refrescar a la persona que intentar enfriar todo el aire de la casa. Un poco de agua sobre brazos, piernas o nuca, unido a una corriente moderada, aprovecha la evaporación allí donde más se nota.
En zonas secas del interior, un climatizador evaporativo diseñado para trabajar con agua puede enfriar de forma más constante. En ambientes húmedos pierde rendimiento y puede dejar esa sensación pegajosa que todos conocemos.
Cuidado con la toalla y el hielo
Colocar una toalla húmeda pegada a la parte trasera del ventilador no es una buena idea. La organización británica Electrical Safety First advierte de que el agua puede alcanzar el motor, el enchufe o la toma de corriente y provocar una descarga eléctrica o daños en el aparato.
El pulverizador tampoco debe apuntar al ventilador. Conviene mantener secos el cable y las regletas, colocar el equipo sobre una superficie estable y evitar bolsas de hielo o telas colgadas de la carcasa. El frescor no merece un susto.
Un recipiente con hielo delante del aparato puede enfriar durante un rato la corriente más cercana. La sal reduce el punto de congelación, pero no crea frío de la nada. Por eso, no se puede prometer que ese bol bajará entre 2 y 4 °C toda una habitación.
La ventana importa más de lo que parece
La OMS y el IDAE aconsejan abrir las ventanas por la noche o a primera hora, siempre que fuera esté más fresco. Un ventilador cerca de una abertura puede ayudar a expulsar el aire acumulado y favorecer la entrada de aire menos caliente por otra ventana.
Durante el día ocurre lo contrario. Si el exterior está más caliente, cerrar ventanas, bajar persianas y desplegar toldos reduce la entrada de calor, mientras que apagar aparatos innecesarios evita seguir calentando la casa.
La vivienda funciona un poco como una batería térmica. Si se carga de calor durante horas, un bol de hielo tendrá poco margen. Sacar ese calor por la noche suele marcar una diferencia mayor.
Cuándo el ventilador deja de ser suficiente
La OMS aconseja «usar ventiladores eléctricos solo cuando las temperaturas estén por debajo de 40 °C». Una revisión científica de 2024 fue más prudente y recomendó no confiar en ellos por encima de 35 °C, sobre todo en personas mayores o con poca capacidad para sudar.
Un ensayo de 2025 con 58 adultos de unos 68 años mostró por qué importa la humedad. A 38 °C y un 60 % de humedad, el ventilador redujo la temperatura rectal alrededor de 0,1 °C y mejoró el confort. A 45 °C y un 15 % de humedad, la elevó unos 0,3 °C y empeoró la sensación térmica.
¿Qué significa esto en la práctica? En una habitación extremadamente caliente y seca, el ventilador puede impulsar aire más caliente que la piel y aumentar la pérdida de agua. Las personas mayores o con enfermedades cardiovasculares o renales no deberían depender únicamente de este aparato.
Menos consumo, pero con cabeza
El ventilador puede ayudar a reducir el uso del aire acondicionado. El IDAE recomienda mantener la refrigeración a 26 °C o más con ropa adecuada, proteger las ventanas del sol y aprovechar las horas frescas para ventilar.
La OMS añade que ajustar el aire acondicionado a 27 °C y combinarlo con un ventilador puede hacer que la estancia se sienta hasta 4 °C más fresca y reducir de forma importante el gasto de refrigeración. En el fondo, la mejor estrategia suma sombra, ventilación nocturna, agua sobre la piel y climatización eficiente cuando sea necesaria.
Pulverizar agua y encender el ventilador puede ayudar, especialmente en ambientes secos, pero no convierte el aparato en aire acondicionado ni asegura una bajada de 2 o 3 grados en cualquier dormitorio.
El estudio citado sobre ventiladores y humedecimiento de la piel en personas mayores ha sido publicado en JAMA Network Open.
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