Millones de abejas “congeladas” no salvaron el Sáhara: colmenas derretidas a 70 °C y la técnica de media luna que sí retiene el agua

Publicado el: 14 de enero de 2026 a las 20:45
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Enjambre de abejas sale de un camión refrigerado en el desierto, junto a colmenas cubiertas de hielo y arena

La lucha contra la desertificación en el Sahel gira hacia técnicas simples para retener agua. Las “medias lunas” (pequeños diques semicirculares) buscan romper la costra del suelo y ganar humedad donde la reforestación masiva fracasó.

El relato de “colmenas fundidas” y “millones de abejas congeladas” que no logran frenar el Sáhara circula con tono apocalíptico, pero mezcla hechos reales con afirmaciones difíciles de sostener. Lo que sí está bien documentado es el patrón de fondo. En grandes zonas del Sahel (la franja al sur del Sáhara) la degradación del suelo y la escorrentía tras lluvias intensas han hecho que muchos proyectos basados solo en plantar árboles tengan tasas de supervivencia bajas si no van acompañados de manejo del agua y del terreno, y de mantenimiento local continuado. Esa lección, repetida desde hace décadas por organismos y programas de restauración, explica por qué se ha extendido una serie de soluciones tan austera como efectiva: captar la lluvia donde cae.



En esa lógica encajan las llamadas medias lunas(también conocidas como demi-lunes o semicircular bunds). Son pequeños diques de tierra en forma de semicírculo, orientados contra la pendiente, que frenan el agua, retienen sedimentos y facilitan la infiltración. En la práctica funcionan como microcuencas que convierten una lluvia breve y violenta (muy común en climas semiáridos) en humedad útil para semillas, pastos y plantones. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) describe sistemas de demi-lunes construidos a mano, con radios de alrededor de dos metros y cientos de unidades por hectárea, usados para rehabilitar tierras y mejorar rendimientos en contextos de secano.

La Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) incluye esta técnica entre las “buenas prácticas” para recuperar suelos endurecidos y desnudos, con usos que van desde el cultivo hasta el pastoreo o la forestación (según el diseño y el contexto). Y el Banco Mundial la cita en experiencias del Sahel como una forma de “procesar” el suelo para evitar que el agua se pierda como escorrentía y permitir que germinen especies resistentes a la sequía.



Este cambio de enfoque ayuda a poner en cuarentena dos ideas recurrentes en titulares virales. La primera es la del “muro verde” entendido como una plantación masiva que por sí sola detiene el desierto. La iniciativa de la Gran Muralla Verde existe y ha generado resultados locales, pero su balance es desigual y ha sido objeto de críticas por financiación, coordinación, seguridad y supervivencia de plantones, entre otros factores. La segunda idea es la de los 70 grados como umbral “sahariano” inevitable. La cifra aparece en divulgación, pero conviene matizarla. El récord satelital más citado de temperatura de la superficie terrestre (70,7 grados Celsius) corresponde al desierto de Lut, en Irán, medido por MODIS y divulgado por NASA. Eso no niega el calor extremo del Sáhara, pero evita convertir un dato de otro desierto en una marca universal.

En resumen, la historia verosímil no va de colmenas que se derriten o de abejas “congeladas” como estrategia fallida, sino de física básica aplicada al terreno. Si el suelo está sellado por una costra, el agua no entra y la vegetación no arranca. Si se logra infiltrar una parte de esa lluvia (aunque sea poca), el paisaje puede recuperar productividad con especies adaptadas y con técnicas de bajo coste. La clave, como recuerdan los manuales técnicos, no es la espectacularidad de la intervención, sino su adecuación a la pendiente, al tipo de suelo, a la lluvia disponible y a quién la mantiene año tras año.

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ECOticias.com El periódico verde

Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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