Noruega se ha involucrado en un proyecto que podría convertirla en un referente mundial. Intentará lo imposible en el mar para tratar de salvar el mundo. Hace tiempo que la humanidad trabaja para aminorar el cambio climático y el calentamiento global.
Gran parte de su avance tiene que ver con el aumento general de los niveles de dióxido de carbono (CO2). Generalmente, lo producen las diferentes industrias. En este contexto, la búsqueda intensa de soluciones tecnológicas para frenar estas emisiones se ha transformado en algo prioritario.
La necesidad de frenar estas emisiones es especialmente latente en sectores como la producción de cemento y fertilizantes. En ellos, la disminución total es complicada recurriendo a los sistemas convencionales. De la mano, también se está en la búsqueda de nuevas energías más compasivas con el medioambiente.
Noruega busca destacarse con un proyecto que acota las emisiones de carbono
Tras saberse que los bosques de Europa no absorben el carbono que deberían, Noruega se ha involucrado en un proyecto innovador. Øygarden, remota isla de la costa noruega del Mar del Norte, es el escenario de un hecho sin precedentes.
Desde esta ubicación, Northern Lights se ha alzado como el primer puerto del mundo especializado en el envío y almacenamiento de carbono. En esta terminal, se reciben toneladas de CO2 capturadas de fábricas europeas, que se inyectan a más de dos kilómetros bajo el fondo del mar.
Esta iniciativa cuenta con el apoyo del gobierno noruego. Además, la respaldan diversas compañías, como Shell, Equinor y TotalEnergies. La meta es presentar un modelo replicable de captura y almacenamiento de carbono. Una tecnología sumamente señalada como algo vital en la lucha contra el cambio climático.
The Wahington Post comunicó que su avance es un antes y un después. Tiene incidencia sobre el manejo industrial que se le da a las emisiones. Sumado a esto, puede sentar las bases de la descarbonización en sectores considerados críticos.
El proyecto llega como respuesta al problema que afecta a múltiples regiones. Muchas no cuentan con formaciones óptimas para almacenar CO2 bajo tierra de forma segura.
Noruega quiere bajar los niveles de carbono: otros países podrían seguir su ejemplo
Por este motivo, la terminal noruega recibe el gas capturado en diversos países. Después, lo transporta vía barco hacia su confinamiento bajo el Mar del Norte. Al año, la meta es enterrar hasta 5 millones de toneladas de CO2, cerca del 10% de las emisiones noruegas.
La primera planta que envió CO2 a Øygarden fue Heidelberg Materials en Brevik (Noruega). Es una fábrica de cemento que brinda abastecimiento a la mayor parte del país. En este punto, se integró tecnología de captura. Con este método, se enfrían los gases calientes de los hornos.
Sumado a esto, se los trata con aminas para atrapar el dióxido de carbono. A través del empleo de calor residual, libera gas puro. Se comprime y enfría hasta convertirlo en líquido. Utilizando este procedimiento, la planta busca la captura de hasta 400 000 toneladas de CO2 por año.
Cuando el dióxido de carbono líquido llega a Øygarden, pasa a tanques temporales y después a un oleoducto. Este lo transporta a más de 2400 metros bajo el mar. Allí queda almacenado y “atrapado” con una capa de esquisto de 120 metros.
Desafíos del proyecto de Noruega
La previsión de Northern Lights es realizar un monitoreo en tiempo real durante 25 años. El modelo presentado en Noruega podría servir para establecer proyectos similares en otras ubicaciones. Japón y Corea del Sur ya están negociando acuerdos para hacerlo. Su deseo es almacenar carbono en países cuya geología sea apta.
Es el caso de Indonesia y Malasia. Con los ojos puestos sobre Noruega, es menester que el modelo muestre su seguridad y fiabilidad. A este escenario se le suma un importante reto económico. Noruega tiene financiación del 80% para la primera fase (de 1000 millones de dólares).
Sin embargo, la expansión conllevará otros 714 millones de dólares, además de un subsidio europeo de 150 millones de dólares.
Noruega se pone la capa e intenta lo imposible en el mar. Perfora al revés para salvar al mundo del desolador cambio climático. Mientras tanto, UMU galardona a las mejores iniciativas de reducción de la huella de carbono a través de ecosistemas costeros.


















