Trabajar la capacidad de memoria, es decir, la capacidad de retener la información durante un corto periodo de tiempo, es uno de los predictores más fuertes de los logros futuros en matemáticas y lectura.
La evaluación de los cambios estructurales y funcionales en el cerebro puede predecir el rendimiento futuro de la memoria en los niños y adolescentes sanos, según un estudio que se publica este miércoles en ‘Journal of Neuroscience’. Los hallazgos arrojan nueva luz sobre el desarrollo cognitivo y sugieren que las imágenes de resonancia magnética (IRM) y otras herramientas pueden algún día ayudar a identificar a los niños en riesgo de problemas de desarrollo antes que los métodos de prueba actuales.
Trabajar la capacidad de memoria, es decir, la capacidad de retener la información durante un corto periodo de tiempo, es uno de los predictores más fuertes de los logros futuros en matemáticas y lectura. Mientras que estudios anteriores mostraron que la resonancia magnética (RM) puede determinar el rendimiento de la memoria de trabajo actual en los niños, los científicos no estaban seguros también predice su futura capacidad cognitiva.
En el estudio actual, Henrik Ullman, Rita Almeida y Torkel Klingberg, del Instituto Karolinska, en Suecia, evaluaron las habilidades cognitivas de un grupo de niños y adolescentes sanos y midieron la estructura y la función del cerebro de cada niño con RM. Según los datos de las IRM recogidos durante este ensayo inicial, descubrieron que podían predecir el rendimiento de la memoria de trabajo de los niños dos años más tarde, algo imposible con las pruebas cognitivas.
«Nuestros resultados sugieren que en el futuro el desarrollo cognitivo se puede predecir a partir de la información anatómica y funcional que ofrece la RM por encima y más allá de lo que se consigue actualmente con las pruebas cognitivas», subraya Ullman, autor principal del estudio. «Esto tiene amplias implicaciones para la comprensión de los mecanismos neurales de desarrollo cognitivo», apostilla este experto.
Los científicos reclutaron a 62 niños y adolescentes con edades de entre 6 y 20 años y les hicieron pruebas de memoria de trabajo y razonamiento. También tomaron múltiples imágenes por resonancia magnética para evaluar la estructura del cerebro y los cambios en la actividad cerebral mientras realizaban una tarea de memoria de trabajo. Dos años más tarde, el grupo regresó al laboratorio para someterse a las mismas pruebas cognitivas.
Mediante el uso de un modelo estadístico, los investigadores evaluaron si los datos de resonancia magnética obtenidos durante las pruebas iniciales se correlacionaba con el rendimiento de la memoria de trabajo de los niños durante la visita de seguimiento. Los autores encontraron que mientras la actividad cerebral en la corteza frontal se correlacionó con la memoria de trabajo de los niños en el momento de las pruebas iniciales, la actividad en los ganglios basales y el tálamo predicen cómo será la puntuación en las pruebas de memoria de trabajo de los niños dos años después.






















