La innovación, cada vez más, debe estar dirigida a proteger y crear

El mundo está cambiando constantemente. La gestión del cambio exige visión a largo plazo y un impulso continuado para hacer realidad la visión que se haya definido para el futuro. Europa ya ha trabajado en ello, fijándose un Plan para el horizonte 2020.

En los próximos 6 años, de aquí a 2020, van a llegar al mundo 500 millones de nuevas personas, es decir, 500 millones de nuevas mentes se van a incorporar al circuito económico. Esto se puede interpretar como la oportunidad de tener 500 millones de nuevos clientes potenciales que antes no existían, con nuevas demandas, y con mayor o menor poder de compra. Pero además de verlos como clientes, se puede pensar en esta nueva generación considerando que habrán nacido ya en un entorno conectado (global y digital) que alcanza a todas las actividades, dominado por un nuevo espíritu emprendedor que se extiende por todo el mundo.

Hay individuos conectados que pueden hacer lo que antes sólo podían hacer grandes empresas, y hay empresas conectadas que son capaces de hacer lo que antes sólo podían hacer los Estados. Nuestros competidores ya no son sólo las grandes empresas o corporaciones, sino también quienes desde los coworking de Silicon Valley o Bangalore están utilizando las últimas herramientas online para diseñar y encargar en la impresora 3D más próxima el prototipo de su próximo lanzamiento.

Desde luego, no ha perdido vigencia la afirmación de que el ritmo de la innovación de los últimos años ha sido muy rápido y de que seguramente aún queda mucho por ver. En los próximos años asistiremos a una explosión de innovación, gracias a millones de nuevas personas innovadoras.

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¿Y en Euskadi? En nuestro país nacerán aproximadamente entre 100.000 y 150.000 nuevos vascos y vascas, sin contar con aquellas personas que vengan de otros territorios y hagan de Euskadi su país de adopción. Se nos plantea un reto de notables proporciones: generar un entorno estimulante en el que las nuevas generaciones puedan desarrollar toda su potencialidad para satisfacer sus necesidades, mientras seguimos atendiendo el desarrollo de nuestros aproximadamente dos millones de personas actuales, y hacerlo de una manera sostenible.

En Euskadi hemos practicado, y con éxito, la innovación, y aunque su ritmo se haya visto afectado en los últimos años por la crisis, los sucesos que nos rodean en la situación actual, se refuerza la necesidad de introducir nuevas variables que tienen que ver con la dignidad humana, con el derecho al empleo, incluso con su distribución o con la recuperación de los valores. Todo ello plantea la necesidad de una innovación que debe dar también solución a estos retos que son, en definitiva, los retos que plantea el desarrollo humano sostenible.

La innovación, cada vez más, debe estar dirigida a proteger y crear. Proteger el nivel de desarrollo humano que ya tenemos, y que tanto nos ha costado alcanzar. Explorar y hacer realidad nuevas oportunidades para crear nuevo desarrollo. Y, para proteger y crear, se necesita acelerar el impulso innovador. El futuro, lo estamos viendo, pide innovación, pero sobre todo una innovación que impacte en la vida de las personas.

Y que introduzca el valor de las propias personas como factor crítico desde una doble perspectiva. De la primera, de las personas como sujetos activos de la innovación, hemos hablado en muchas ocasiones, y la expresión “la innovación la hacen las personas”, es ya muy conocida. Pero ahora es necesario enfatizar un segundo aspecto, la innovación sólo tiene sentido si las personas son su beneficiario. Parece algo obvio, incluso una premisa sencilla de cumplir, pero a la vista de los tiempos que corren se convierte en todo un desafío.

En consecuencia, y desde esta perspectiva, nuestras empresas y nuestras personas necesitan ser mucho más innovadoras, para reforzar y mejorar su competitividad, entendida desde la perspectiva del desarrollo humano, es decir, entendida como avances en competitividad para generar más bienestar social. Pero, ¿innovación, en qué? ¿Qué significa “innovación”? ¿Cómo sabemos que estamos innovando? ¿Qué resultados esperamos? ¿Cómo impactan en la vida de las personas? Responder este tipo de preguntas, aparentemente sencillas, puede llevarnos un poco de trabajo, pero también conducirnos a muchos atajos. Por tanto, no nos alarmemos. Cuando tenemos un problema o un reto localizado, realizamos un diagnóstico, diseñamos una solución “diferente” y la implantamos con éxito, entonces hemos innovado. Y para ello no es necesario descubrir siempre una solución revolucionaria, también son válidas las no tan pequeñas y constantes innovaciones (modernización, extensión de actividades, combinación de esfuerzos entre diferentes para proyectos conjuntos), que nos permitan seguir creciendo y de las que tanto se nutren nuestras empresas, las que compiten eficazmente en los mercados internacionales.

La innovación es un proceso idóneo cuando las herramientas del día a día no nos permiten alcanzar nuestros objetivos, y, en consecuencia, los grandes desafíos se transforman en grandes oportunidades. Cuando hay un gap entre lo que se puede alcanzar y lo que se necesita alcanzar, es cuando mejor funciona la innovación, porque introduce nuevas herramientas y nuevos enfoques. Ahora, en Euskadi, tenemos una gran oportunidad, gracias al marco estratégico definido por Basque Industria 4.0, y gracias también a la concreción de las líneas estratégicas orientadas hacia la Especialización Inteligente (Estrategia RIS3).

Como podemos imaginar, todo esto requiere un periodo de maduración. La innovación no funciona bien como válvula de emergencia, no es un interruptor que se enciende y se apaga. Es un proceso que incorpora actitudes en las personas, que genera nuevos perfiles, que necesita tiempo para ser ejecutado, para alinear las capacidades, para cambiar la cultura de las organizaciones, para reconocer las mejores prácticas y aprender de ellas. Muchas de estas cosas las estamos llevando a cabo, hay muchas personas innovadoras en la sombra en Euskadi.

Por eso ahora, en 2014, es necesario hacer más visible -como en la Semana de la Ciencia, Tecnología e Innovación que se inicia- el firme compromiso de las personas innovadoras de Euskadi con los retos de nuestro país, como el desempleo, la competitividad, la salud, el envejecimiento, el medio ambiente…. Es decir, con los retos que plantea el desarrollo humano sostenible. Proteger lo que tenemos, y crear nuevo desarrollo. Porque hay que reivindicar la innovación como motor de ese desarrollo para nuestro país. Y porque hay que seguir trabajando para proyectar Euskadi como territorio innovador.

INNOVAticias.com

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