Génova, una smart city de referencia mundial

Publicado el: 10 de febrero de 2015 a las 09:36
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Hablar de smarts cities en Europa incluye necesariamente hablar de Génova, no sólo por los proyectos que ha puesto en marcha con más o menos éxito, sino sobre todo por la filosofía que subyace a su planteamiento.

Una definición hecha a medida
A partir de este planteamiento llegaron a su propia definición de smart city: «para nosotros la smart city mejora la calidad de vida mediante el desarrollo económico (y ambiental) sostenible, basado en la innovación y la investigación de la tecnología y guiado por la institución local en un proceso de planificación integral «. Desde aquí han elaborado un decálogo de objetivos que incluye la eficiencia energética y mejoras en la movilidad, pero también la atención específica a las personas mayores y las personas discapacitadas, y las peculiaridades que se derivan de ser una ciudad de geografía alargada en la orilla del mar mediterráneo.



Una ciudad que busca su vocación
Génova fue una de las grandes cuidades industriales italianas, pero hace más de cuatro décadas que arrastra una crisis estructural: la industria fuerte -la del acero- ha marchado de la ciudad, como ocurre en muchos otros lugares de Europa, y desde entonces Génova busca cuáles pueden ser sus salidas económicas. «Una parte es el turismo», dice Piaggio, «otra parte es también el puerto, que es el más grande de Italia, y por último también la alta tecnología, porque Génova tiene una buena universidad y un buen nivel en este sentido «. Génova mira, por tanto, de convertirse en una ciudad centrada en la innovación, y con una base sostenible.

Impulso local, complicidad social
Una de las características de Génova como smart city es precisamente que funciona a partir de una asociación municipal creada precisamente con este fin. Es relativamente sorprendente que sea el ayuntamiento el que lidere este proceso, porque en Italia hay pocas iniciativas públicas en comparación con el resto de los países europeos. La crisis, sin embargo, ha hecho crecer el rol de las instituciones locales como guía estratégico, y eso es justamente lo que ha pasado en Génova. Tampoco hay demasiada tradición de planificación integrada: «no estamos acostumbrados a planear el desarrollo urbano junto con el económico, el ambiental o la movilidad», indica Piaggio. Y aunque es menos habitual que las empresas privadas dialoguen con lo que la ciudad quiere hacer. Pero parece que lo han conseguido.



La asociación Genova Smart City es pues el instrumento legal de unión y promoción del proceso. Se creó a finales de 2010, con la participación inicial de la universidad, el ayuntamiento y ESCo, la empresa distribuidora eléctrica. Después se han sumado varios miembros de la sociedad civil y ahora tienen unos 90 socios, con instituciones como el puerto o la cámara de comercio, proyectos de excelencia de investigación de la ciudad, grandes empresas como Siemens, Telecom Italia o Poste Italiana, así como pequeñas y medianas empresas, y sindicatos, asociaciones de consumidores y organizaciones no gubernamentales. «Tener en cuenta a la sociedad civil es imprescindible para saber realmente qué es lo que la gente necesita», afirma Piaggio.

El diálogo de todos estos agentes permite definir qué proyectos y acciones son prioritarios para satisfacer a todos. «Lo que estamos consiguiendo es romper estas barreras invisibles, pero existentes, que hacen que un ayuntamiento adquiera una tecnología sin saber exactamente qué es lo que hay en el mercado y qué es lo que hay en su caso concreto. Conseguimos acercar los burócratas a la realidad, y que la investigación se centre en lo que realmente necesitamos como ciudad, en lugar de que cada uno vaya a su «, dice Gloria Piaggio.

De hecho, han hecho formación específica con los técnicos y funcionarios de las instituciones «porque sin su participación e implicación los proyectos se pueden quedar en papel mojado». Y el alcalde les ha pedido directamente que elaboren objetivos smart dentro de la propia administración.

Energía, pieza clave
«Teóricamente, una smart city se debería poder financiar sola, porque los ahorros que se conseguirán con las medidas aplicadas compensan la inversión. Pero como los beneficios no son inmediatos debemos buscar recursos. En buena parte, a partir de los proyectos europeos: en 2012 ganamos tres proyectos de Smart Cities and Communities  en el área de energía «, explica Piaggio.
La progresiva transformación del modelo energético es básico en cualquier ciudad ‘smart’. En concreto, en Génova han podido poner en marcha un proyecto de ‘district heating’, la climatización comunitaria que tanto éxito ha tenido en el norte de Europa. «Aquí es más complicado», dice la coordinadora de Smart City Genova, «porque como no se utiliza tanto la calefacción, no vemos los beneficios de forma tan inmediata como en los países más fríos».

Buena parte de las intervenciones se centran en el aislamiento de los edificios para mejorar la eficiencia energética, como el proyecto R2Cities de transformación de edificios residenciales de viviendas populares, que se realiza en colaboración con la Fundación Cartif española, especialistas en la materia. El proyecto Condomini intelligenti supone la intervención gratuita en 16 edificios residenciales, de forma experimental, para demostrar con casos reales los beneficios de la inversión en eficiencia energética.

También se están adecuando edificios históricos y de servicios: «Una de las formas que hemos encontrado para acercar la iniciativa privada en las propuestas municipales es ofrecer que nos hagan gratuitamente un estudio de mejora. Siemens, por ejemplo, ha estudiado el edificio donde se encuentra la propia asociación smart city, que es de los años 50 pero está protegido por interés arquitectónico. Han hecho una propuesta para mejorar la instalación de aire acondicionado e incorporar bombas de calor. ABB ha estudiado el edificio del tribunal, que consume medio millón de euros anuales en energía, es lo que yo llamo un ‘energívoro’, y ha hecho propuestas tecnológicas y organizativas. También estamos tratando de intervenir en un museo construido en 2004 que energéticamente es un desastre, y donde podemos añadir bombas de calor y usar agua de mar para la refrigeración «, explica Piaggio.

Además también se han realizado otros proyectos a pequeña escala, como una prueba de iluminación viaria con leds en la zona del puerto antiguo, que ha demostrado claramente el ahorro que supone.

La movilidad casi imposible de una ciudad lineal
«Génova tiene una de las movilidades más difíciles del mundo», afirma Gloria Piaggio con rotundidad. «Por un lado, porque la ciudad es prácticamente una ciudad que se adentra en el mar, pero también porque la ciudad ya está construida, no podemos trazar una nueva calle obviando lo que ya hay. Además, debemos contemplar la movilidad vertical: tenemos una decena de ascensores y funiculares, y prácticamente no caben más, porque la ciudad es muy compacta».
A grandes rasgos, Génova es una línea de unos 30 kilómetros sobre la costa, con la ventaja de que se ha convertido en una ciudad con varios centros, pero las conexiones no tienen muchas opciones alternativas. El metro es muy complicado de construir -el subsuelo es roca pura, por lo que estamos buscando nuevas ideas. «Ahora estamos estudiando la posibilidad de utilizar los trenes que ya cruzan la ciudad como una especie de metro de superficie, y trasladar los trenes internacionales por fuera de Génova, como un by-pass ferroviario», dice Piaggio.

La mejora del transporte público es una necesidad imperiosa en una ciudad muy envejecida: por cada cien jóvenes menores de 15 años, hay 244 mayores de 65 años. Ideas no les faltan: probaron con bicicletas eléctricas, pero no funcionó. El alquiler de coches compartidos parecía tener éxito mientras contaba con subvenciones, pero ahora pasa por muchas dificultades, porque el precio no es barato y porque está montado de forma que hay que devolver el coche allí donde se coge, lo que en una ciudad lineal es poco útil.

Sí ha tenido éxito el proyecto SmartTicket, que permite adquirir los billetes de transporte público con el propio teléfono. Y el Multitaxi, que ofrece de usar los taxis de manera colectiva y dividir los costes entre los pasajeros, funciona todavía con dificultades, aunque curiosamente la aplicación Uber, que en Italia sí es legal, sí se está consolidando.

El toque mediterráneo
Planificar una smart city en Génova tiene algunos componentes que la diferencian de otras ciudades referentes del centro y el norte de Europa. A las peculiaridades geográficas más evidentes de la ciudad hay que sumar que hay más de una veintena de arroyos que cruzan la ciudad y que suponen una amenaza de posibles inundaciones, como ya ha sucedido varias veces en el pasado, con el resultado de pérdidas millonarias. Y esto se debe tener siempre en cuenta.

El clima es una diferencia importante -los proyectos de calefacción comunitaria pueden no ser tan prioritarios como en Suecia-, como también lo es la antigüedad de los edificios y el trazado urbanístico: «Durante muchos años se ha construido sin criterio», afirma Piaggio , «sobre todo después de la segunda guerra mundial. Y además tenemos un patrimonio antiguo mucho más complejo de gestionar. Por ejemplo, es muy complicado crear carriles-bici en barrios de trazado histórico, donde literalmente no caben: la ley italiana dice que los carriles bici deben hacer metro y medio de ancho por cada sentido … y muchas calles son más estrechas que esto!».

La coordinadora de Smart City Genova cree también que hay diferentes formas de funcionar: «Al nordjo diría que son más pragmáticos: prefieren poner proyectos en marcha aunque no sean perfectas, mientras que nosotros podemos pasar años pensando en ella leyes y decretos que retrasan la realización efectiva. Y también hay una diferencia importante, en estos momentos, en cuanto a la participación directa de la ciudadanía, que nosotros prácticamente acabamos de empezar».

Génova, smart city de referencia
Que Génova es ya una de las smart cities de referencia mundiales se innegable. Vale como muestra su participación en el proyecto Urban Transform sobre la planificación estratégica de las ciudades, liderado por Amsterdam, y en el que participan también Copenhague, Hamburgo y Lyon. El proyecto trata de establecer un modelo que ayude a las ciudades a poner en marcha el proceso de transformación hacia el objetivo 20-20-20 de ahorro y eficiencia energética. Y Génova será precisamente la encargada de redactar el manual final.

Hace unos meses acogió la Smart Week Genova, que reunió proyectos smart de toda Europa, con más de 400 participantes: la mayoría técnicos, pero también representantes del mundo cultural o incluso del consejo infantil de la ciudad, desde el convencimiento de que las ciudades smart las hacemos entre todos. Y Génova también forma parte del proyecto de plataformas de datos abiertos iCity, en el que también participa el ayuntamiento de Barcelona.
¿Cuál es el secreto de este éxito? Mucha determinación, y paciencia. «La ciudad smart city no pasa de un día para otro, no la puedes pintar: es un proceso que sabes cuándo empieza y que probablemente no acabe nunca. Pero lo más importante es dar el primer paso, y hacer que todo el mundo tenga en mente en cada cosa que hace las opciones más ‘smart’ para la ciudad «, concluye Gloria Piaggio.

 

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