Una tecnología permite estudiar las propiedades electrofisiológicas del corazón

La cartografía óptica es una de las técnicas más avanzadas para rastrear las cicatrices que deja el infarto agudo de miocardio en el corazón y predecir complicaciones tras este evento, según ha destacado Ángel Arenal, investigador de la Red de Investigación Cardiovascular (RIC).

Esta tecnología permite estudiar las propiedades electrofisiológicas del corazón utilizando un contraste voltaje-sensitivo, una sustancia que se inyecta en las coronarias en los corazones explantados de animales en los que se ha provocado un infarto, llega al interior de las células y cuando la actividad eléctrica interna de la célula cambia (potencial de membrana), la sustancia contraste cambia de color.

 

Este cambio de color se puede registrar con una cámara situada cerca de la superficie del órgano y, de esta forma, estudiando los cambios de color, se conoce lo que está ocurriendo en el corazón tras el infarto.

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Además, ha reconocido Arenal, que trabaja en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, esta técnica no sólo tiene esta utilidad ya que «no tiene ninguna de las limitaciones que presenta la electrofisiología clásica».

 

Así, los electrogramas que registra un catéter están influenciados por los campos eléctricos lejanos, estos pueden modificar la amplitud, la duración y las características de la actividad local. «Con la cartografía óptica lo que estamos viendo es lo que sucede célula a célula y cómo es la secuencia de activación de las sucesivas células de una determinada cavidad. La imagen que obtenemos es mucho más próxima a lo que realmente está pasando en ese corazón infartado», ha explicado.

SOLO PUEDE USARSE EN CORAZONES EXPLANTADOS

 

Por el momento, esta técnica sólo se puede desarrollar con corazones explantados y no se puede trabajar con corazones en vivo. No obstante, aclara este experto, su uso está permitiendo conocer cuáles son las características electrofisiológicas de la cicatriz provocada por un infarto.

 

«Hasta ahora se había analizado de una forma un poco más ‘grosera’, utilizando catéteres que se ponían en contacto con la cicatriz podíamos saber como de retrasada se activaba una zona pero no teníamos información de la duración del potencial de acción ni de la velocidad de conducción», ha explicado.

 

De hecho, está convencido de que en el futuro tendrá aplicación clínica y «se acabarán desarrollando contrastes electrosensitivos que se podrán utilizar en vivo». De hecho, ya hay endoscopios que se introducen dentro del corazón y sirven para ver el endocardio, pero todavía los contrastes son tóxicos. «Si en el futuro tuviéramos contrastes no tóxicos y la posibilidad de hacerlos llegar al interior del corazón, seríamos capaces de ver  cómo el endocardio se activa», según Arenal.

SIMULAR LOS CIRCUITOS ELÉCTRICOS DE LA CICATRIZ

Por su parte, este experto también ha destacado como, utilizando imágenes de resonancias magnéticas reales, los investigadores de la RIC están desarrollando la electrofisiología virtual mediante programas que simulan los circuitos eléctricos que aparecen dentro de una cicatriz postinfarto.

 

Su importancia radica en que utilizando una imagen de resonancia magnética se puede predecir donde van a estar localizadas las arritmias de un paciente.

 

«Para crear este programa se han utilizado imágenes de resonancia de modelos experimentales porcinos que tienen una cicatriz de infarto igual que la que tienen los seres humanos. En un futuro evidentemente el programa estaría hecho con resonancias magnéticas humanas», ha destacado.

 

ep

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