Apenas lo conocemos en España pero esta famosa salsa oriental puede salvar a la humanidad: tiene una bacteria que ayuda a eliminar microplásticos del cuerpo

Publicado el: 8 de abril de 2026 a las 20:41
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Cultivo bacteriano en laboratorio de Leuconostoc mesenteroides, microorganismo del kimchi estudiado por eliminar microplásticos.

Los microplásticos ya no son solo «basura en la playa«. Están en el agua que bebemos, en algunos alimentos y, según alertan los científicos, también pueden terminar dentro de nuestro cuerpo. Un equipo de Corea del Sur ha encontrado un aliado inesperado, una bacteria habitual en el kimchi capaz de unirse a nanoplásticos y favorecer su salida del organismo.

El hallazgo suena casi a ciencia ficción, pero por ahora es ciencia de laboratorio y de ratón. ¿Significa esto que comer kimchi nos «limpia» por dentro? Todavía no, aunque sí abre una idea, usar microorganismos de alimentos fermentados como estrategia biológica frente a un problema que mezcla contaminación y salud pública.



El problema invisible de los nanoplásticos

Los microplásticos son fragmentos de menos de 5 milímetros. Los nanoplásticos son aún más pequeños, de menos de 1 micrómetro, una milésima de milímetro. A simple vista no los ves, pero pueden colarse en la cadena alimentaria con facilidad.

Estas partículas aparecen cuando plásticos grandes se degradan en el medio ambiente. En la práctica, eso significa que un envase, una bolsa o fibras sintéticas pueden terminar convertidos en fragmentos diminutos que acaban en comida y agua potable.



La preocupación no es solo «que estén ahí». Por su tamaño, los nanoplásticos podrían atravesar la barrera intestinal y acumularse en órganos como riñones o cerebro, aunque sus efectos reales todavía se están investigando. Además, las estrategias biológicas para reducir esa acumulación siguen en una fase temprana, así que cada pista cuenta.

El kimchi entra en la conversación científica

El trabajo lo firma un equipo del World Institute of Kimchi (WiKim), un centro financiado por el gobierno surcoreano. La investigación, liderada por los doctores Se Hee Lee y Tae Woong Whon, se publicó el 15 de febrero de 2026 en la revista Bioresource Technology.

Los científicos se fijaron en una bacteria del ácido láctico derivada del kimchi llamada Leuconostoc mesenteroides CBA3656. La pusieron frente a nanoplásticos de poliestireno, un plástico muy común. La idea es fácil de entender, si el microbio se pega a esas partículas en el intestino, puede ayudar a que no se queden retenidas y salgan antes del cuerpo.

Aquí llega el matiz que conviene recordar. No hablamos de «cualquier kimchi» ni de «cualquier probiótico», sino de una cepa concreta identificada y probada en condiciones controladas. Y eso cambia mucho la película.

Del laboratorio al intestino

En pruebas estándar de laboratorio, la cepa CBA3656 logró una tasa de adsorción del 87% al unirse a nanoplásticos. Una cepa de referencia, Latilactobacillus sakei CBA3608, obtuvo un 85% en el mismo escenario.

La diferencia apareció cuando los investigadores simularon condiciones parecidas a las del intestino humano. La cepa de referencia se desplomó hasta un 3% de adsorción, mientras que CBA3656 mantuvo un 57%. En otras palabras, esta bacteria del kimchi aguantó mejor un entorno que suele reducir la adhesión de otros microorganismos. (eurekalert.org)

No es un detalle menor. El intestino no es una placa de Petri, y lo que funciona en un tubo de ensayo puede fallar cuando entran en juego la digestión y el resto de factores del día a día.

La prueba en ratones y lo que falta por demostrar

El equipo dio un salto más y probó la cepa en ratones libres de gérmenes, un modelo que permite ver con más claridad qué hace un probiótico sin el «ruido» de una microbiota normal. El resultado fue llamativo, los ratones (machos y hembras) que recibieron CBA3656 mostraron más del doble de nanoplásticos en sus heces frente a los que no tomaron probióticos

Eso sugiere que la bacteria no solo se une al plástico, sino que puede facilitar su excreción. Pero conviene poner el freno de mano antes de sacar conclusiones grandes, son datos preclínicos, en animales, y centrados en nanoplásticos de poliestireno, no en toda la mezcla de plásticos a la que estamos expuestos. También deja una idea curiosa, estas bacterias podrían interactuar con microcontaminantes ambientales.

La investigadora principal amplía el foco con una idea que ya se repite en muchos foros científicos. «La contaminación por plásticos se reconoce cada vez más no solo como un problema ambiental, sino también como una preocupación para la salud pública. Nuestros hallazgos sugieren que los microorganismos derivados de alimentos fermentados tradicionales podrían representar un nuevo enfoque biológico para abordar este desafío emergente», afirmó la doctora Sehee Lee.

Qué significa esto para tu día a día

Este estudio no demuestra que comer kimchi reduzca nanoplásticos en humanos. Tampoco prueba que el efecto sea igual con otros tipos de plástico, ni que se traduzca en beneficios clínicos medibles. Es una línea prometedora, pero aún le faltan ensayos en personas y pruebas en escenarios más realistas.

Aun así, el mensaje de fondo se entiende muy bien. La contaminación por plásticos no se queda en el contenedor amarillo, también se cuela en hábitos cotidianos, desde envases de un solo uso hasta recipientes para calentar comida. Por eso, reducir la exposición sigue siendo una estrategia sensata.

Pequeños cambios pueden ayudar a bajar el contacto con plásticos. Usar vidrio o acero para comida caliente, evitar calentar alimentos en recipientes de plástico y recortar envases innecesarios cuando se puede. 

El estudio ha sido publicado en Bioresource Technology.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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