Cada vez más agricultores se despiertan con la misma escena incómoda en la cabeza: la siembra levantada, huellas de jabalí por todas partes y las aves picoteando el cereal recién nacido. En medio de ese escenario, un agricultor anónimo ha puesto sobre la mesa una idea muy sencilla, pero con mucha miga. Ha diseñado un invento casero, hecho con botellas de plástico y chapas metálicas, que ahuyenta jabalíes y aves sin gastar luz ni baterías. El vídeo, compartido en TikTok, se ha hecho viral y ha saltado a medios especializados por su sencillez y su enfoque ecológico.
No hay electrónica, ni sensores ni paneles solares. Solo ruido, movimiento y algo que en el campo sobra poco pero aquí se aprovecha bien: ingenio rural. Y, de paso, varios residuos que se convierten en herramienta en lugar de acabar en el contenedor.
La fauna aprieta y el campo responde con creatividad
La popularidad del invento no es casual. En España, las poblaciones de jabalí llevan décadas creciendo. El propio plan nacional de gestión del jabalí del Ministerio de Agricultura advierte que en torno a 2025 la población podría duplicarse respecto a años anteriores, con más daños en cultivos, más accidentes de tráfico y más riesgos sanitarios.
Un informe reciente de la Fundación Artemisan cifra los daños agrícolas causados por ungulados silvestres en unos 1,8 millones de euros anuales en 26.600 hectáreas, y atribuye al jabalí más de 7.200 hectáreas dañadas y alrededor de 540.000 euros en pérdidas cada año.
Las aves tampoco se quedan atrás. Estudios recopilados por empresas de asesoría agrícola sitúan las pérdidas medias de grano en torno al 5 por ciento, con casos que llegan al 20 por ciento en algunos cultivos de cereal, especialmente en explotaciones medianas. Para quien vive de la cosecha, eso no es un detalle menor. Es la diferencia entre cubrir costes o no.
Con este panorama, no extraña que cualquier solución barata, replicable y que no dependa de enchufes despierte interés. Sobre todo en fincas de secano o alejadas del pueblo, donde no siempre es fácil instalar sistemas caros de vigilancia o vallados reforzados.
Cómo funciona el invento: una botella, un palo y una chapa
El dispositivo que se ve en el vídeo difundido por Jara y Sedal es casi una pequeña máquina de física básica. Sobre un palo clavado en el suelo, el agricultor ha colocado una botella de plástico boca abajo. Esa botella deja caer pequeñas cantidades de agua que hacen oscilar un segundo palo, inclinado. Cuando se mueve, ese palo termina golpeando una chapa metálica que hace de tambor. Cada golpe genera un sonido metálico, repetitivo e imprevisible para los animales.
El resultado es una especie de “metrónomo rural” que marca el paso a base de golpes de chapa. El ritmo se puede ajustar con la cantidad de agua que entra en la botella, de manera que el mecanismo pueda estar funcionando durante horas sin que nadie tenga que estar allí pendiente.
En el propio vídeo se muestra también una variante movida por el viento. En este caso, se añaden unas aspas recicladas, como las de un viejo ventilador. Cuando sopla aire, las aspas giran y activan una varilla que vuelve a golpear un objeto metálico, de nuevo con ruido intermitente. El principio es el mismo: ruido irregular más movimiento, dos cosas que los animales suelen evitar.
Una solución pequeña, pero con varias claves verdes
Este invento no deja de ser un espantapájaros sonoro, pero tiene varios puntos interesantes desde la óptica ambiental y de sostenibilidad:
- Usa materiales reciclados (botellas, chapas, palos) que de otro modo acabarían como residuo.
- No depende de electricidad ni de combustibles, así que no genera emisiones adicionales ni costes de energía.
- No hiere ni mata a los animales, solo los disuade. Es decir, apuesta por “espantar, no eliminar”, algo cada vez más valorado en zonas donde conviven agricultura y fauna salvaje.
En cierto modo, es una actualización de métodos de toda la vida, como colgar botes o chapas para que tintineen con el viento, pero adaptada a un contexto en el que el jabalí ya no es una visita ocasional, sino una presencia casi diaria en muchas comarcas.
¿Es la solución definitiva? Lo que conviene tener en cuenta
Conviene no idealizarlo. Los expertos en fauna recuerdan que muchos animales terminan acostumbrándose a los ruidos si estos son siempre iguales. Por eso, estos dispositivos funcionan mejor cuando se combinan con otras medidas de manejo del hábitat, vallados selectivos, cambios en el calendario de siembra y, en algunos casos, programas de control de poblaciones que ya están en marcha en distintas comunidades.
En la práctica, este tipo de inventos encajan bien como solución de bajo coste para pequeños huertos, parcelas aisladas o momentos críticos de la campaña, por ejemplo justo después de sembrar o cuando el cereal está espigando y resulta más apetecible para las aves. Igual que no esperamos que una sola cerradura proteja una casa entera, un solo “tambor de botella” no va a resolver por sí solo el problema de la sobrepoblación de jabalí.
Aun así, envía un mensaje claro. En el campo, la adaptación al cambio climático, a la presión de la fauna y a los vaivenes de precios pasa en buena medida por recuperar el ingenio de siempre, aprovechar mejor los recursos y reducir la dependencia de soluciones caras que no siempre están al alcance de todos.
La noticia original sobre este dispositivo casero para ahuyentar aves y jabalíes ha sido publicada en Revista Jara y Sedal.





















