Prohibir o gravar las bolsas de plástico reduce hasta un 47% la basura en costas, según el mayor estudio realizado hasta la fecha

Publicado el: 25 de febrero de 2026 a las 09:34
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Bolsas de plástico abandonadas en la arena de una playa tras la marea, ejemplo de contaminación en costas.

Cada vez que vamos al súper y aceptamos una bolsa de plástico más, es fácil pensar que no pasa nada. Sin embargo, un nuevo estudio demuestra que, cuando esas bolsas dejan de ser gratuitas o directamente se prohíben, la diferencia se ve en las playas, en los ríos y en los lagos. Allí donde hay leyes que vetan o cobran las bolsas, aparecen entre un 25 y un 47 % menos bolsas en la basura recogida en las orillas.

El trabajo, firmado por investigadoras de Columbia University y de la University of Delaware y publicado en la revista Science, analizó 45.067 jornadas de limpieza en todo Estados Unidos entre 2016 y 2023. Voluntarios que recogen residuos y apuntan, uno por uno, qué encuentran en la arena o en la ribera. Esos datos se cruzaron con más de 600 normas sobre bolsas que distintos estados y ciudades han ido aprobando en estos años. El resultado es una foto bastante clara de qué pasa cuando el “¿bolsa?” del supermercado deja de ser un gesto automático y se convierte en política pública.



Cómo se ha medido el efecto de las leyes sobre las bolsas

La base del estudio son las limpiezas organizadas por la ONG Ocean Conservancy, donde miles de voluntarios apuntan en una app cada colilla, cada trozo de plástico y cada bolsa que recogen. No se trata de modelos teóricos, sino de basura real que alguien ha tenido que levantar del suelo.

Las autoras compararon la proporción de bolsas dentro del total de residuos recogidos en cada zona, antes y después de que entrara en vigor una norma sobre bolsas, y la compararon también con lugares similares sin ninguna ley. Dicho de forma sencilla, observaron la misma playa o el mismo lago durante varios años y miraron si las bolsas se volvían más o menos frecuentes cuando se cambiaban las reglas de juego.



Bolsas de pago, vetos totales y prohibiciones “a medias”

No todas las políticas funcionan igual. El estudio distingue tres grandes familias. Por un lado, las prohibiciones totales, donde las bolsas de plástico de un solo uso desaparecen de las cajas. Por otro, las tasas, que obligan a pagar unos céntimos por cada bolsa. Y en medio quedan las prohibiciones parciales, que vetan las bolsas finas pero permiten otras más gruesas, presentadas como “reutilizables”.

Todas las opciones ayudan en buena medida. Allí donde existe algún tipo de norma, los voluntarios encuentran del 25 al 47 % menos bolsas en sus sacos de basura respecto a zonas sin regulación. Las tasas parecen incluso algo más efectivas que las prohibiciones, aunque todavía hay pocos casos con recargo y los propios autores piden cautela al interpretar esa diferencia.

Las prohibiciones parciales son las que salen peor paradas. En esos sitios muchas tiendas han sustituido la bolsa finita de siempre por una versión más gruesa que, en la práctica, los clientes siguen usando como si fuera de usar y tirar. El resultado es que el impacto sobre la basura es menor y menos claro. En paralelo, otros análisis en Estados como California han visto que el peso total del plástico en bolsas puede incluso aumentar cuando se abre esa puerta a las bolsas “reutilizables” de plástico grueso.

También importa el nivel al que se aprueba la norma. Las leyes estatales, que cubren a millones de personas y muchos municipios a la vez, muestran el efecto más claro. Después vienen las ordenanzas de condados y ciudades, que ayudan, pero dejan más huecos. Cuanto más homogénea es la regla, menos fácil es que la bolsa vuelva por otra puerta.

Playas, ríos, lagos y fauna marina

El estudio encuentra resultados similares en costas, márgenes de ríos y orillas de lagos, con indicios de que los lagos mejoran incluso un poco más, quizá porque el plástico tiene menos vías de escape y se acumula donde se ha generado. Para quienes limpian un pantano cercano a una gran ciudad esto significa algo muy concreto. Menos bolsas enredadas en la vegetación, menos bolsas flotando junto a los patos, menos bolsas pegadas en la orilla donde la gente va a pasar el día.

En cuanto a la fauna, los datos son todavía limitados, pero apuntan a una posible reducción del 30 al 37 % en animales encontrados enredados en residuos en las zonas con políticas de bolsas. Los autores insisten en que la señal es imprecisa, porque las bolsas no son el único plástico que provoca enredos, aunque la tendencia es esperanzadora.

Hay un matiz importante. A escala nacional, la proporción de bolsas dentro de toda la basura recogida ha seguido subiendo con los años. Las leyes consiguen que suba más despacio allí donde se aplican, pero no bastan por sí solas para revertir la marea de plásticos. No es una varita mágica.

Qué nos dice esto para el futuro del plástico

En la práctica, el mensaje es bastante claro. Las leyes que prohíben o encarecen las bolsas de plástico funcionan, especialmente allí donde las bolsas eran un problema grande desde el principio. Los beneficios crecen con el tiempo y no hay señales de que la gente “vuelva a las andadas” a los pocos años.

Para los responsables políticos, el estudio ofrece algo que muchas veces falta. Datos. Muestra que las normas amplias, coherentes y bien diseñadas reducen la basura en las orillas y probablemente evitan parte del daño a la fauna. Y también recuerda que las medias tintas, como las prohibiciones parciales que empujan hacia bolsas más gruesas, pueden quedarse cortas.

Para quienes miramos la factura de la compra y el estado de las playas donde veraneamos, el papel es distinto. Llevar una bolsa reutilizable, decir que no a la bolsa extra en la farmacia o apoyar medidas que limiten los plásticos de un solo uso no arregla el problema global, pero va en la misma dirección que marcan estos datos. Y eso, poco a poco, se nota.

El estudio científico «Plastic bag bans and fees reduce harmful bag litter on shorelines» ha sido publicado en la revista Science.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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