Los científicos no dan crédito: el inquietante descubrimiento sobre el futuro de la Tierra como un planeta invernadero

Publicado el: 17 de febrero de 2026 a las 09:42
Síguenos
Vista del planeta Tierra desde el espacio ante el riesgo de un punto de no retorno climático y efecto invernadero global.

Llegar a un planeta invernadero ya no es un argumento de ciencia ficción. Un nuevo análisis científico publicado en la revista One Earth advierte de que la Tierra se está acercando a un “punto de no retorno” climático, en el que una cascada de procesos de retroalimentación podría disparar el calentamiento global durante siglos incluso si más adelante se redujeran las emisiones de forma drástica.

El trabajo lo firma un equipo internacional liderado por el ecólogo William Ripple, de la Oregon State University. Los investigadores revisan 16 grandes componentes del sistema climático, los llamados elementos de inflexión. Incluyen las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida, el permafrost ártico, la selva amazónica y la gran “cinta transportadora” oceánica del Atlántico. Su conclusión es que varios de estos sistemas están ya cerca de perder estabilidad e incluso algunos podrían estar empezando a cruzar sus propios límites.



¿Y qué significa todo esto en la práctica para alguien que vive en España o en la Unión Europea? En buena parte, más olas de calor, incendios forestales, lluvias torrenciales y subidas del nivel del mar como las que ya hemos visto en los últimos años, pero más frecuentes y más intensas. Los organismos internacionales llevan tiempo advirtiendo de que el aumento de temperaturas está disparando este tipo de fenómenos extremos en todo el planeta.

El estudio recuerda que, casi una década después del Acuerdo de París, la temperatura media mundial ha superado ya 1,5 ºC por encima de los niveles preindustriales durante 12 meses consecutivos. Esa racha coincidió con un año de récords de calor, incendios devastadores e inundaciones muy costosas. Las simulaciones climáticas sugieren que no se trata de una simple anomalía puntual, sino de una señal de que la media a largo plazo se está acercando peligrosamente al límite de 1,5 ºC que marcó la comunidad internacional.



Los autores señalan que probablemente ya estamos en un clima tan cálido como cualquier otro de los últimos 125.000 años y que el dióxido de carbono en la atmósfera ha alcanzado niveles que no se veían desde hace al menos dos millones de años. Hoy se superan las 420 partes por millón de CO2, aproximadamente un 50 % más que antes de la Revolución Industrial, algo que encaja con los registros paleoclimáticos y con las mediciones actuales.

Cuando el clima cambia, no lo hace de forma lineal. El trabajo repasa varios bucles de retroalimentación que pueden amplificar el calentamiento. Por ejemplo, al derretirse el hielo y la nieve se reduce la superficie blanca que refleja la radiación solar y aumenta la superficie oscura que la absorbe. El deshielo del permafrost libera carbono almacenado durante milenios. La muerte regresiva de bosques y selvas reduce la capacidad de la biosfera para absorber CO2. Cada uno de estos procesos añade calor extra al sistema y a la vez acelera los demás.

Un punto de inflexión climático es, en esencia, el umbral a partir del cual un cambio se vuelve muy difícil de revertir con las herramientas humanas habituales. La gran preocupación del equipo es que, si se cruzan varios de esos umbrales, la Tierra podría quedar atrapada en una “trayectoria de invernadero” en la que las propias reacciones del sistema mantengan la subida de temperaturas durante siglos aunque más adelante se recorten las emisiones con fuerza.

Según el análisis, el deshielo de la capa de hielo de Groenlandia y de la Antártida occidental podría estar ya entrando en fase de desestabilización. El permafrost boreal, muchos glaciares de montaña, la pérdida acelerada de mar helado y la degradación de la selva amazónica de Amazonia muestran señales preocupantes de acercarse a su propio borde. Algo parecido ocurre con la circulación meridional de retorno del Atlántico, esa gran corriente que condiciona el clima europeo y que ya muestra síntomas de debilitamiento.

En un sistema tan acoplado como el climático, un desajuste en una región puede desatar una reacción en cadena al otro lado del planeta. El estudio recuerda que el agua dulce procedente del deshielo de Groenlandia puede debilitar aún más esa circulación atlántica. Si la AMOC sigue ralentizándose, aumentaría el riesgo de que partes de la Amazonia pasen de selva húmeda a sabana más seca, liberando a la atmósfera enormes cantidades de carbono y alimentando todavía más el calentamiento global.

Para el investigador Christopher Wolf, coautor del trabajo, la moraleja es clara. En sus palabras, “los umbrales de inflexión inciertos refuerzan la importancia de la precaución” y cruzar algunos de ellos podría comprometer al planeta a un camino de calentamiento “con consecuencias largas y posiblemente irreversibles”.

Los científicos insisten en que una Tierra invernadero no es inevitable. Aún se está a tiempo de evitarla, pero el margen se reduce cada año que pasa sin recortes profundos de emisiones. En el fondo, lo que plantean es algo sencillo de entender aunque difícil de aplicar en política internacional: es mucho más realista prevenir que tratar de “dar marcha atrás” una vez activadas las grandes piezas del dominó climático.

¿Por dónde empezar entonces? El equipo cita tres grandes líneas de actuación. Por un lado, acelerar la transición a energías renovables y abandonar progresivamente los combustibles fósiles con criterios de justicia social. Además, proteger bosques, humedales, océanos y otros grandes almacenes de carbono. Y al mismo tiempo integrar la resiliencia climática en las leyes, los presupuestos y la planificación urbana, desde los planes de sequía hasta el diseño de ciudades más frescas y menos dependientes del aire acondicionado.

Los autores también plantean herramientas nuevas, como una vigilancia coordinada de los puntos de inflexión y mejores planes para gestionar riesgos extremos. En la práctica, se trata de no esperar a que el sistema salte por los aires para reaccionar, sino de anticiparse a los cambios mientras todavía son manejables.

Para la ciudadanía puede parecer que todo esto queda lejos, entre casquetes polares y modelos informáticos. Pero la realidad se nota en cosas muy concretas: facturas de la luz más altas por el uso de aire acondicionado, cosechas dañadas por las olas de calor, playas que retroceden año tras año y episodios de lluvia extrema cada vez más costosos. La Organización Meteorológica Mundial ya advierte de que la combinación de temperaturas récord y subida del nivel del mar está empujando a millones de personas a situaciones de riesgo.

El estudio científico original se ha publicado en la revista One Earth.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

Deja un comentario