Cambio climático amenaza al ciclismo: el Tour de Francia esquiva por ahora el calor extremo

Publicado el: 24 de febrero de 2026 a las 13:26
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el Tour de Francia esquiva por ahora el calor extremo durante etapas disputadas en julio

El Tour de Francia esquiva por ahora el calor extremo, pero cada julio el margen es más estrecho. Un estudio que analiza medio siglo de datos climáticos advierte que la carrera ciclista más famosa del mundo ha sido “extremadamente afortunada” al evitar, por días o décimas de grado, escenarios de riesgo alto para la salud.

El calentamiento global está elevando de forma sostenida el estrés térmico en ciudades clave del recorrido. Las olas de calor son más frecuentes, más intensas y más prolongadas, y la ciencia alerta: parece cuestión de tiempo que el Tour compita bajo condiciones críticas.



El Tour de Francia esquiva por ahora el calor extremo, pero el riesgo climático aumenta

Un análisis de 50 años revela que la carrera ha evitado por poco condiciones críticas de estrés térmico, aunque las olas de calor se intensifican.

Los investigadores descubrieron que los episodios de calor peligrosos eran más frecuentes en Toulouse, Pau y Burdeos, en el suroeste de Francia, y cerca de Nimes y Perpiñán, en el sureste. París y Lyon superan cada vez más los umbrales de alto riesgo, convirtiéndose en nuevos focos de estrés térmico.

Por el contrario, las etapas de montaña tradicionales, como el Col du Tourmalet y el Alpe d’Huez, se han mantenido históricamente con niveles de estrés térmico bajos a moderados, sin que se registraran episodios extremos durante el período de estudio.



El aumento progresivo de las temperaturas supone una amenaza creciente para la celebración de competiciones deportivas de verano en Europa y, más concretamente, para el Tour de Francia, debido al incremento del riesgo de estrés térmico para los deportistas.

Esta es una de las conclusiones de un estudio publicado en Scientific Reports, que ha analizado datos climáticos asociados a más de 50 ediciones de la carrera francesa. La investigación ha sido liderada por el French National Research Institute for Sustainable Development (IRD) en el marco del proyecto europeo TipESM.

Y ha contado con la colaboración de, entre otras instituciones, la London School of Hygiene & Tropical Medicine (LSHTM) y el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por Fundación ”la Caixa”.

Cinco décadas de datos revelan un aumento sostenido del estrés térmico

El objetivo del estudio recientemente publicado era evaluar los niveles de estrés térmico en localizaciones habituales del Tour de Francia entre 1974 y 2023. Los resultados muestran que, durante el mes de julio, el riesgo de estrés térmico ha aumentado de forma sostenida a lo largo de los años, siendo la década más reciente la que acumula un mayor número de episodios de calor extremo.

A pesar de esta tendencia, en las localizaciones analizadas el Tour ha logrado evitar hasta ahora las condiciones de máximo riesgo para la salud, en algunos casos por una diferencia de apenas días o décimas de grado.

París, Toulouse y Lyon emergen como focos de alto riesgo

“En nuestro análisis observamos que la ciudad de París, por ejemplo, ha superado el umbral de riesgo alto por calor en cinco ocasiones en julio, cuatro de ellas desde 2014. Otras ciudades analizadas también han registrado muchos días de calor extremo en julio.

Pero, afortunadamente, nunca coincidiendo con la fecha de una etapa del Tour de Francia”. Esto lo explica Ivana Cvijanovic, investigadora del IRD y primera autora del estudio.

“En cierto modo, podemos decir que es una carrera extremadamente afortunada, pero con las olas de calor récord cada vez más frecuentes. Parece solo cuestión de tiempo que el Tour se enfrente a días de estrés térmico extremo que pondrán a prueba los protocolos de seguridad actuales”, añade.

El equipo investigador constató que los episodios de calor peligroso han sido más frecuentes en torno a Toulouse, Pau y Burdeos, en el suroeste de Francia, y alrededor de Nimes y Perpiñán, en el sureste.

También advierten de que localizaciones como París y Lyon superan cada vez con mayor frecuencia el umbral de alto riesgo por calor, convirtiéndose en nuevos focos de estrés térmico. “Debe extremarse la precaución a la hora de planificar etapas en estas regiones”, señala Desislava Petrova, investigadora de ISGlobal y coautora del estudio.

Las etapas de montaña siguen siendo las más seguras

Por el contrario, localizaciones clásicas de las etapas de montaña, como el Col du Tourmalet o Alpe d’Huez, se han mantenido históricamente dentro de los umbrales de riesgo bajo y moderado por estrés térmico, sin que se hayan registrado episodios de calor extremo durante el periodo analizado.

En cuanto a las horas del día, el análisis muestra que las primeras horas de la mañana siguen siendo las más seguras, mientras que los niveles elevados de estrés térmico pueden persistir hasta última hora de la tarde.

Estos patrones subrayan la necesidad de adaptar horarios, recorridos y protocolos de seguridad para reducir los riesgos tanto para los ciclistas como para el personal y los espectadores.

El calor es un riesgo creciente para los deportes

En este estudio, los investigadores utilizan el Tour de Francia para ilustrar el reto más amplio que el aumento de las temperaturas asociado al cambio climático plantea para la organización de eventos deportivos en verano, especialmente en el deporte de élite.

El calor no solo afecta al rendimiento deportivo, sino que también puede suponer un riesgo grave para la salud de los atletas. Por este motivo, la Unión Ciclista Internacional (UCI), al igual que la FIFA y otras federaciones deportivas internacionales, ha implementado protocolos de seguridad específicos.

Los mismos evalúan el riesgo por calor y activan medidas de protección, como pausas de hidratación o enfriamiento en el fútbol. Sin embargo, cada federación define sus propios umbrales de riesgo y actualmente no existe un estándar universal para todos los deportes.

El índice WBGT marca el umbral crítico para los ciclistas

“La ciencia todavía tiene preguntas sin resolver sobre cómo responde el cuerpo humano al calor. Y más aún en el caso de los deportistas de élite, que afrontan esfuerzos físicos sostenidos y cuentan con una preparación y una condición física muy superiores a las de la población general”, afirma el coautor del estudio James Begg.

“Para investigar vulnerabilidades específicas de cada deporte, necesitaríamos acceso a datos fisiológicos anonimizados que nos permitieran ir más allá de los índices de calor”.

Muchos de los protocolos de seguridad frente al calor utilizados por las federaciones deportivas internacionales se basan en un índice conocido como Wet Bulb Globe Temperature (WBGT o Temperatura de Globo y Bulbo Húmedo). Que combina diversas variables meteorológicas —como la temperatura del aire, la humedad relativa, la radiación solar y el viento— para estimar el riesgo del calor para la salud.

Para llevar a cabo el estudio, el equipo científico recopiló registros meteorológicos históricos de 12 localizaciones frecuentadas por el Tour de Francia, así como de todas las fechas del mes de julio correspondientes a las distintas ediciones de la carrera.

Los riesgos se multiplican si el deporte es estival

A partir de estos datos, calcularon los valores de WBGT y analizaron las ocasiones en las que se alcanzó la categoría de alto riesgo definida en el protocolo de la UCI (por encima de 28 °C WBGT).

El análisis indica que las primeras horas de la mañana siguen siendo las más seguras para la competición. Mientras que el estrés térmico elevado puede persistir hasta última hora de la tarde. Lo que aumenta los riesgos para la salud de los ciclistas, el personal y los espectadores.

Usando el Tour de Francia como ejemplo, el estudio destaca los crecientes desafíos climáticos para los deportes de verano, basándose en datos de temperatura de bulbo húmedo de doce sedes para evaluar los días de calor de alto riesgo. Seguir leyendo en CAMBIO CLIMÁTICO

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