El comercio de fauna salvaje aumenta el riesgo de pandemias en humanos, según un estudio internacional que alerta del papel clave de esta actividad en la transmisión de virus, bacterias y parásitos entre especies.
La investigación, publicada en Science y basada en cuatro décadas de datos globales, concluye que los mamíferos comercializados tienen hasta 1,5 veces más probabilidades de transmitir patógenos a humanos que aquellos que no participan en estos mercados.
Este fenómeno, que afecta a una cuarta parte de las especies de mamíferos del planeta, refuerza la necesidad de implantar sistemas de biovigilancia más estrictos para evitar futuras crisis sanitarias como la covid-19.
Organismos como la Organización Mundial de la Salud y la ONU llevan años alertando sobre los peligros que trae la captura, el transporte y la venta de animales salvajes, muchas veces en condiciones insalubres y donde no existen los controles sanitarios adecuados.
Y en este escenario es cuando aparecen enfermedades zoonóticas que son aquellas que se transmiten de animales a humanos.
El comercio de fauna salvaje aumenta el riesgo de pandemias en humanos y alerta a los científicos
Un análisis de 40 años revela que los animales comercializados tienen hasta un 50% más de probabilidades de transmitir patógenos.
El comercio de animales salvajes, tanto legal como ilegal, se ha consolidado como uno de los principales factores de riesgo en la aparición de enfermedades emergentes. Los investigadores han demostrado que esta actividad facilita el contacto directo entre humanos y especies portadoras de patógenos, lo que incrementa las probabilidades de transmisión.
Además, el transporte, almacenamiento y manipulación de estos animales genera condiciones ideales para la propagación de virus y bacterias.
El comercio de fauna salvaje aumenta el riesgo de pandemias en humanos, al intensificar las interacciones entre especies que normalmente no entrarían en contacto.
Datos contundentes: un 50% más de riesgo de transmisión
El estudio, liderado por la Universidad de Lausana, ha combinado 40 años de datos de comercio internacional con registros de relaciones entre huéspedes y patógenos.
Los resultados muestran que los mamíferos implicados en el comercio tienen 1,5 veces más probabilidades de transmitir enfermedades a los humanos. El riesgo es aún mayor cuando se trata de comercio ilegal o de animales vivos destinados a mascotas exóticas, donde el contacto es más directo y prolongado.
Este dato es clave porque cuantifica por primera vez un problema que hasta ahora se intuía, pero no se había medido con precisión.
El tiempo en el mercado: un factor crítico
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que el riesgo aumenta con el tiempo. Los investigadores estiman que cada diez años que una especie permanece en el mercado añade un nuevo patógeno compartido con los humanos.
Esto implica que el comercio continuado no solo mantiene el riesgo, sino que lo amplifica progresivamente.
Así, el comercio de fauna salvaje aumenta el riesgo de pandemias en humanos de forma acumulativa, convirtiéndose en una amenaza creciente a largo plazo.
Mascotas exóticas y redes sociales: un nuevo foco de riesgo
El auge de las mascotas exóticas, impulsado en gran parte por su popularidad en redes sociales, ha incrementado la demanda de especies salvajes. Animales como erizos pigmeos, zorros del desierto, nutrias o petauros del azúcar se han convertido en productos de consumo, aumentando su circulación global.
Este fenómeno no solo pone en peligro la biodiversidad, sino que también incrementa el riesgo sanitario. El contacto estrecho y cotidiano con estos animales favorece la transmisión de patógenos desconocidos para el sistema inmunológico humano.
Más allá de la salud: impacto ecológico y riesgo de extinción
El comercio de fauna salvaje aumenta el riesgo de pandemias en humanos de forma acumulativa, convirtiéndose en una amenaza creciente a largo plazo.
El comercio de fauna salvaje no solo tiene consecuencias sanitarias. Los científicos destacan que esta actividad también provoca pérdida de biodiversidad y riesgo de extinción, debido a la sobreexplotación de especies.
Además, la liberación accidental o intencionada de animales puede generar invasiones biológicas que alteran los ecosistemas. Este triple impacto —sanitario, ecológico y económico— convierte al comercio de fauna en un problema global de primer orden.
Casos reales: de la viruela del mono a la covid-19
Los investigadores recuerdan que este riesgo no es teórico, sino que ya se ha materializado en varias ocasiones. En 2003, Estados Unidos registró un brote de viruela del mono vinculado a perros de la pradera vendidos como mascotas.
Más recientemente, la pandemia de la covid-19 evidenció el papel de los mercados de animales en la aparición de enfermedades emergentes. Estos ejemplos refuerzan la idea de que el comercio de fauna salvaje aumenta el riesgo de pandemias en humanos, con consecuencias globales.
Ante este escenario, los científicos reclaman medidas más estrictas de control y vigilancia. Actualmente, acuerdos internacionales como CITES se centran en la conservación de especies, pero no abordan de forma directa el riesgo sanitario.
Por ello, los expertos proponen implementar sistemas de biovigilancia que permitan detectar patógenos en animales y productos derivados antes de que lleguen a los mercados. Reducir el contacto entre humanos y fauna salvaje se perfila como una de las estrategias más eficaces para prevenir futuras pandemias.
El informe recuerda que prevenir futuras pandemias no depende solo de la respuesta de la salud, sino de abordar las causas ambientales y sociales que las hacen posibles, entre ellas el comercio global de fauna.









