El estiércol de vaca convertido en acolchado sustituyó al plástico agrícola en un ensayo con maíz en China y mantuvo la cosecha con un 30 % menos de fertilizante, aunque deja más huella ambiental

Adrián Villellas
Publicado el 29 de octubre de 2026 a las 11:39
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Plántulas de maíz para ensilado sobre un acolchado de estiércol de vaca en la base de Huarui Agriculture en Minle, Gansu

Investigadores de la Universidad Agrícola de China, la Academia China de Ciencias Agrícolas y la empresa Huarui Agriculture han cambiado el plástico por un acolchado de estiércol de vaca. Lo probaron con maíz para ensilado durante 105 días en Minle, en la provincia china de Gansu. El maíz mantuvo su producción con un 30 % menos de fertilizante mineral.

Según el análisis de ciclo de vida del propio equipo, el resultado tiene una contrapartida: este acolchado deja más huella ambiental que el polietileno. Sale peor en las seis categorías que midieron.

Una película de lodo

Los investigadores llaman MSF a este material, siglas en inglés de «película de lodo a base de estiércol». Cubre el suelo como el plástico negro, pero se degrada en el campo y aporta materia orgánica y nutrientes.

Según la FAO, la agricultura y la ganadería usaron 12,5 millones de toneladas de productos plásticos en 2019. La mayor parte acaba enterrada o en vertederos, y algunos plásticos agrícolas llegan a más de 100 kilómetros de la costa.

Los autores destacan que su material «se degrada de forma natural, lo que reduce los riesgos de microplásticos». En España, el proyecto LIFE Agropaper probó un acolchado de papel biodegradable.

Ensayo en Minle, a 1629 metros

Huarui Agriculture puso la finca en Minle, a 1629 metros de altitud. Sus campos sufren tormentas de polvo y reciben entre 246 y 531 milímetros de lluvia al año.

El maíz local Jinlin 57 se sembró el 10 de mayo de 2024, y el ensayo acabó el 22 de agosto. Cada cubierta se probó con la dosis habitual de abono mineral, con un 15 % menos y con un 30 % menos.

Ya hubo un precedente en Minle, publicado en 2022 en PLOS ONE por la Universidad Agrícola de Gansu y Huarui, entre otros. Aquel acolchado líquido de estiércol de vaca, seguido durante tres campañas, había desaparecido hacia el día 100. Dio un 6,2 % más de maíz que el plástico.

Proceso del acolchado de estiércol de vaca: vacas en el establo, recogida del estiércol, balsa de tratamiento, pulverización en el campo y la costra sobre el maíz
Del establo al campo: recogida del estiércol, tratamiento, pulverización del acolchado líquido sobre el terreno y la costra que forma junto al maíz, en el ensayo de 2022. (Imagen: Yang et al. / PLOS ONE, CC BY 4.0)

230 gramos por planta

Con plástico y la dosis completa, cada planta llegó a 214 gramos de materia seca, su peso sin agua. Con un 30 % menos de abono, perdió un 8,7 %.

Con el acolchado de estiércol, ese recorte no causó una caída significativa. Las plantas acabaron en 230 gramos, frente a 195 con plástico y la misma dosis: cerca de un 18 % más.

El ahorro es de abono mineral, porque el acolchado también aporta nutrientes. Antes de la floración, además, las plantas con estiércol solían pesar menos que las de plástico. La ventaja llegó en la segunda mitad del ciclo.

El suelo cubierto con estiércol tuvo más fósforo durante todo el cultivo. En una fase temprana, la media fue de 15,5 miligramos por kilo, un 68 % más que los 9,2 del polietileno.

El potasio y el nitrógeno siguieron una tendencia parecida, y las raíces también crecieron más. Con estiércol y la dosis completa pesaban 32,4 gramos en la floración, frente a 25,3 con plástico.

Los autores lo relacionan con cambios en las bacterias del suelo, que ayudarían a liberar nutrientes. Es una asociación, no una medida de cuánto aporta cada mecanismo. El papel del compost y el estiércol en el carbono del suelo se ha medido en un ensayo de 22 años.

Peor huella que el polietileno

El equipo calculó el impacto de producir una tonelada de maíz para ensilado, incluidos riego, energía y agroquímicos. El acolchado de estiércol salió peor en las seis categorías y con todas las dosis de abono.

Duplicó el potencial de eutrofización del agua dulce del polietileno y, en calentamiento global, lo triplicó con creces. Usar un 30 % menos de abono no compensó esa carga. Para los autores, «el tipo de acolchado puede ser un factor más decisivo que la cantidad de fertilizante».

Según el estudio, tratar el estiércol puede emitir metano y óxido nitroso, dos gases que calientan mucho más que el CO2. Fabricar el material gasta energía y agua. Al degradarse, además, suelta nitrógeno y fósforo que pueden llegar a ríos y lagos.

Los investigadores proponen fermentar antes el estiércol y gastar menos energía al triturarlo y moldearlo. También quieren un material más resistente y un abonado ajustado a lo que ya aporta la cubierta. El impacto ambiental, admiten, «no puede ignorarse».

Coste de fabricación, sin calcular

Los datos salen de una sola campaña, una sola finca y un solo cultivo. No dicen si el ahorro se repetiría en otros suelos y climas, ni tras varios años de uso. Los autores reconocen que sus mejoras aún están por comprobar.

El artículo, publicado en Engineering Agriculture, no da cifras de lo que cuesta fabricar el acolchado. Entre los firmantes está Huarui Agriculture, dueña de la finca del ensayo, que ya participó en el estudio de 2022.

Imagen: Yang et al. / PLOS ONE (CC BY 4.0)

Adrián Villellas

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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