Los fertilizantes recubiertos sueltan 22.500 toneladas de microplásticos al año en el campo europeo y doce socios de diez países ya buscan una cubierta vegetal que se degrade en el suelo y en el agua

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Publicado el 31 de octubre de 2026 a las 13:20
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Equipo del proyecto GREEN sobre fertilizantes recubiertos biodegradables en su reunión de arranque en la Universidad de Birmingham

Los fertilizantes recubiertos dejan cada año unas 22.500 toneladas de microplásticos en el Espacio Económico Europeo. Es el cálculo del consorcio GREEN, un proyecto europeo que acaba de arrancar. Doce socios de diez países, con el centro tecnológico valenciano AIMPLAS entre ellos, quieren cambiar esas cubiertas de plástico por otras de origen vegetal.

Lo coordina la Universidad de Birmingham, con algo más de 3 millones de euros de la Circular Bio-based Europe Joint Undertaking (CBE JU). ¿La idea de fondo? Que el abono siga soltando sus nutrientes poco a poco, pero con una cubierta que se degrade en el suelo y en el agua.

Plástico dentro del abono

En buena parte del campo europeo se usan los llamados fertilizantes de eficiencia mejorada. Son gránulos con una capa fina que libera el nitrógeno o el fósforo durante semanas. Así la planta lo aprovecha mejor y se pierde menos con la lluvia, algo que cualquiera que haya abonado un huerto antes de una tormenta entiende enseguida.

Lo que falla, según los propios investigadores, es esa capa. A menudo es un polímero que no se biodegrada y que se queda en los suelos contaminados por plásticos agrícolas. Según la ficha oficial del proyecto, estos sistemas además sueltan los nutrientes de forma irregular.

Lejos de aflojar, la presión sobre la agricultura irá a más. La página del proyecto en la CBE JU recuerda que la demanda mundial de alimentos podría duplicarse de aquí a 2060. Y eso aprieta.

Microcápsulas desde Paterna

Desde su sede en Paterna (Valencia), AIMPLAS desarrollará parte de los nuevos sistemas. Serán microcápsulas y polielectrolitos, fabricados con varias técnicas. Una de ellas es la mecanoquímica, que provoca reacciones moliendo o presionando los materiales.

Este centro de investigación de los plásticos no parte de cero. Ya ha investigado cómo acelerar la biodegradación de los bioplásticos compostables, una pieza que encaja con este reto.

Los otros dos socios españoles del consorcio están en Navarra. Son la empresa Timac Agro España, de Orcoyen, y la cooperativa A N S.Coop., de Tajonar. Completan el grupo, entre otros, el Politécnico de Milán y la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas.

Veinte prototipos, dos climas

Según la ficha del proyecto en CORDIS, el equipo creará 20 sistemas distintos. Habrá recubrimientos, armazones porosos, microcápsulas y complejos moleculares. Con ellos se montarán 10 combinaciones, cinco para climas húmedos y cinco para secos.

De todas esas combinaciones saldrán seis productos finales. Se ensayarán en laboratorio, en invernadero y en el campo, también en agricultura ecológica. Las materias primas serán subproductos forestales, agroalimentarios y de origen animal, y la liberación de nutrientes responderá a lo que pida cada cultivo según las condiciones del entorno.

Al final del camino, el consorcio espera tener cuatro fertilizantes a gran escala. Cada uno contaría con una línea de al menos 20.000 a 25.000 toneladas al año. Las mismas técnicas se ensayarán en semillas recubiertas y en fitosanitarios.

Más de cien agricultores probándolo

De poco sirve un abono nuevo si nadie lo usa en su finca. Por eso GREEN implicará a más de 100 agricultores, cooperativas y agrónomos, que opinarán sobre el diseño, harán las pruebas en sus parcelas y recibirán formación. Si sale bien, de ahí nacerían tres cadenas de valor regionales en Europa.

«Hacer llegar los nutrientes a los cultivos durante un periodo prolongado de forma segura y sostenible es una tarea compleja», admite Zhenyu Zhang, que dirige la investigación en Birmingham. Allí se juntó el equipo por primera vez, el 14 de octubre de 2026, como cuenta la nota de la Universidad de Birmingham.

Luego está el dinero, claro. Quien lleva una explotación mira cada factura, y el consorcio lo sabe, así que se ha puesto un tope y los nuevos sistemas no deberían costar más de un 20 % por encima de los de siempre. En España hay otros equipos por caminos parecidos, como los fertilizantes inteligentes con nanotecnología del CTC.

Un 90 % en 48 meses

Lo bueno es que el listón ya está puesto por escrito, sin margen para excusas. El material tendría que degradarse un 90 % en el suelo en 48 meses. En el agua, más de un 40 % en un año, sin restos detectables de microplásticos.

El consorcio aspira además a reducir un 30 % el lavado de nutrientes hacia ríos y acuíferos. También a aprovecharlos un 20 % mejor y a subir un 10 % la cosecha. Y persigue un 20 % menos de gases de efecto invernadero ligados al abonado.

Conviene no perder de vista que todo eso son metas y no resultados. El proyecto empezó el 1 de octubre de 2026 y durará hasta el 30 de septiembre de 2030. Hasta que lleguen las pruebas de campo, no sabremos cuánto de todo esto se cumple de verdad.

El comunicado oficial ha sido publicado en el blog de AIMPLAS.

Foto: AIMPLAS

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Equipo editorial de ECOticias.com (El Periódico Verde), integrado por periodistas especializados en información ambiental: naturaleza y biodiversidad, energías renovables, emisiones de CO₂, cambio climático, sostenibilidad, gestión de residuos y reciclaje, alimentación ecológica y hábitos de vida saludable.

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