Un equipo de la Universidad de Fukui, en Japón, ha logrado cambiar el poliéster de color sin quitarle el tinte. Usa dióxido de carbono supercrítico a 120 °C y 25 megapascales. En 90 minutos, un tejido azul y otro amarillo acaban con el mismo tono verde.
La universidad presentó el trabajo el 22 de octubre de 2026. El artículo salió en línea el 29 de mayo en The Journal of Supercritical Fluids. Formará parte de su volumen 237, fechado el 1 de noviembre.
El autor principal es Jianhua Ren, profesor ayudante sénior de la Oficina de Iniciativas de Neutralidad de Carbono. Con él firman el catedrático Kazumasa Hirogaki y el investigador Isao Tabata, de la Escuela de Ingeniería.
Más de 92 millones de toneladas
Según la nota de la Universidad de Fukui, cada año se generan más de 92 millones de toneladas de residuos textiles. Menos del 1 % de los tejidos de color se recicla en circuito cerrado. Eso significa fabricar fibra nueva a partir de fibra usada.
El poliéster es una de las fibras sintéticas más usadas en la industria. Para reciclarlo de fibra a fibra, el color suele ser el primer obstáculo. Quitar el tinte puede exigir mucha agua, productos tóxicos o procesos con un gran gasto de energía.
En palabras de Ren, el sector tira grandes cantidades de ropa usada. Reciclar las fibras de color, añade, puede requerir «enormes cantidades de productos químicos y agua». Su propuesta evita ese paso, porque en vez de borrar el color lo reparte de nuevo entre las fibras.
De azul y amarillo a verde
Para el experimento, los investigadores tiñeron telas de poliéster con tres colorantes. Se llaman Blue BG, Yellow G y Red 4 G. Después metieron juntas en el reactor telas de colores distintos.
El tratamiento se hizo a 120 °C y 25 megapascales. Esa presión es unas 250 veces la del aire al nivel del mar. En ese estado, llamado supercrítico, el CO₂ se comporta a la vez como un gas y como un líquido.
Según la universidad, el gas penetra en las fibras de poliéster. Allí empuja a las moléculas de colorante, que se desplazan desde donde hay más concentración hacia donde hay menos.
En una de las pruebas combinaron una tela azul y otra amarilla en proporción 1:3. A los 30 minutos mostraban dos verdes distintos y a los 60 ya eran casi iguales. A los 90 minutos las dos tenían el mismo tono verde.

Al variar las proporciones de partida, el color final cambiaba. Iba desde un verde amarillento hasta un verde azulado. Las mezclas de tres colorantes dieron una gama de tonos todavía más amplia.
Un modelo que predice el tono
Para medir la intensidad del color, el equipo usó la función de Kubelka-Munk. Este cálculo relaciona la luz que refleja un tejido con el tinte que contiene. Los valores medidos salían algo por debajo de la suma teórica de cada colorante.
Con esos datos crearon un modelo de igualación de color. El modelo tiene en cuenta cómo interactúan los colorantes de dos en dos. Su error bajó de 0,4388 a 0,1720 a 410 nanómetros, y de 0,7758 a 0,2624 a 530 nanómetros.
A 680 nanómetros, el error pasó de 0,4017 a 0,0540. Bajo el microscopio, el tinte aparecía repartido de forma uniforme y la estructura de la fibra no había cambiado.
Para Ren, el resultado demuestra algo concreto. Fibras de poliéster de distintos colores pueden recibir «un nuevo color uniforme» si se deja que sus tintes se redistribuyan.
Del decolorado al recoloreado
En octubre de 2024, la misma universidad ya presentó un método de decoloración de tejidos con fluidos supercríticos. Lo dirigían Hirogaki y el profesor visitante Teruo Hori. Aquel proceso sacaba entre el 90 y el 100 % del tinte del poliéster.
Con ese sistema, la tela y el colorante podían volver a usarse. Pero necesitaba un agente decolorante mezclado con el CO₂. El trabajo nuevo reutiliza las fibras de color sin retirar sus tintes y sin añadir otros.
La investigación recibió dos ayudas internas de la Universidad de Fukui del año fiscal 2025. Una de ellas busca técnicas de teñido, decolorado y reciclaje para una industria textil circular.
En Europa, Primark ya prevé usar poliéster reciclado de residuos textiles desde 2029. En España funciona una planta de reciclaje textil en As Pontes, en Galicia. En ese reciclaje de fibra a fibra, el color sigue siendo un cuello de botella.
Mientras tanto, España prepara un real decreto de residuos textiles. Se basa en el principio de que quien contamina paga.
Sin pruebas con ropa usada
Todos los ensayos se hicieron en laboratorio con telas de colorantes conocidos. No se usaron mezclas de prendas desechadas. La universidad admite que falta probar el método con otros residuos, tintes más complejos y a mayor escala.
Hirogaki lo resume así: el siguiente paso es ver cómo funciona «con residuos textiles reales y combinaciones de tintes más complejas». La nota no da cifras de coste, de energía ni de tiempo por kilo de tela.
Tampoco aclara qué pasa con las prendas que mezclan poliéster y algodón. Son muy comunes en los vertederos ilegales de ropa en Europa.
El estudio completo se ha publicado en The Journal of Supercritical Fluids, y la Universidad de Fukui lo difundió en su nota del 22 de octubre de 2026.
Si el método funciona fuera del laboratorio, un lote de ropa de poliéster de colores variados podría acabar convertido en tela de un solo tono, lista para prendas nuevas.
Imagen: Prof. Kazumasa Hirogaki, Universidad de Fukui












