Dos estudios del CSIC cuestionan la precisión de los reclamos de los polluelos: permiten distinguir sobre todo estados extremos de hambre, mientras que añadir sonidos a las posturas apenas aporta información.
Los picos abiertos, los cuellos estirados y las llamadas insistentes parecen dejar poco espacio a la duda: los polluelos quieren comer. Lo difícil es saber cuánta hambre tienen. Dos estudios de investigadores de la Estación Biológica de Doñana y el IREC cuestionan que ese despliegue proporcione una medida precisa de sus necesidades.
El trabajo experimental, publicado en Royal Society Open Science, combinó 934 episodios de alimentación en 24 nidadas de estornino negro con pruebas controladas. Las crías pedían con mayor intensidad cuanto más tiempo llevaban sin alimento, pero sus señales distinguían principalmente los extremos y aportaban poca información sobre estados intermedios. Combinar vocalizaciones y posturas apenas mejoraba esa precisión.
La segunda investigación, publicada en Biological Reviews, muestra que también influyen la experiencia, los hermanos y las condiciones del entorno. Los padres, además, pueden utilizar otras pistas, como el tamaño o la posición de las crías, para repartir el alimento. Los resultados plantean una comunicación familiar más flexible y menos precisa de lo que proponen algunos modelos clásicos, sin negar que los reclamos estén relacionados con el hambre.
¿Qué dicen los polluelos cuando piden comida?
Investigadores de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC–CSIC, UCLM, JCCM) han publicado dos estudios que cuestionan las teorías clásicas sobre cómo los polluelos reclaman alimento a sus progenitores y muestran que las señales que emiten transmiten menos información sobre el hambre de lo que se pensaba.
Las crías de muchas especies de aves solicitan alimento a sus padres mediante una combinación de llamadas, movimientos y posturas llamativas; este comportamiento, conocido como petición de alimento, ha sido durante décadas uno de los principales modelos para estudiar la comunicación animal y el conflicto evolutivo entre padres e hijos, ha informado la EBD-CSIC en una nota.
Durante años, las explicaciones más aceptadas sostenían que los hermanos competían en el nido por la comida y que sus reclamos servían para indicar a sus padres cuán rentable a largo plazo les resultaría alimentar a una cría o para manipularlos.
Sin embargo, sendos estudios firmados por Tomás Redondo, de la EBD-CSIC, y Daniel Parejo-Pulido, del IREC–CSIC, plantean nuevas perspectivas para comprender la comunicación entre padres e hijos.
El primer trabajo, publicado en ‘Royal Society Open Science‘, confirma que, si bien los polluelos tienden a pedir con mayor intensidad cuanto más tiempo llevan sin comer, sus señales permiten distinguir principalmente estados extremos de hambre y proporcionan muy poca información sobre estados intermedios.
De hecho, al observar los nidos, fijarse en qué pollo pide primero y en la postura que adopta, reduce en menos de un 5 % la duda sobre cuánto tiempo lleva sin comer e informa todavía menos sobre la cantidad real de alimento que ha recibido.
Además, los investigadores observaron que las peticiones siguen una secuencia característica: los polluelos alcanzan rápidamente su postura más intensa y después se relajan. Combinar las posturas con las vocalizaciones apenas mejora la información disponible sobre el hambre, lo que demuestra que una señal formada por numerosos gestos y sonidos no necesariamente transmite información más precisa.
Los investigadores combinaron observaciones de 934 episodios de alimentación en 24 nidadas naturales de estornino negro (Sturnus unicolor) con experimentos controlados en los que registraron las posturas y vocalizaciones de polluelos sometidos a distintos periodos sin recibir alimento.
Estos resultados sugieren que algunos componentes de los reclamos podrían desempeñar funciones distintas a informar con precisión cuánta hambre tienen, como simplemente llamar la atención de los padres.
Mensajes equívocos
En el segundo trabajo, publicado en ‘Biological Reviews‘, los autores examinaron tres cuestiones fundamentales: qué información transmiten las señales, cómo responden a ellas los padres y los hermanos, y qué costes supone este comportamiento para las crías.
Los resultados muestran que, aunque los polluelos suelen pedir más intensamente cuando tienen hambre, existen pocas pruebas de que sus señales reflejen con precisión sus necesidades nutricionales a largo plazo; además, la petición depende de numerosos factores, como la experiencia previa, el comportamiento de los hermanos o las condiciones ambientales, que poco tienen que ver con el hambre de las crías.
La revisión también revela que las decisiones de los padres son más complejas de lo que predicen los modelos tradicionales; o la falta de pruebas sobre los altos costes que, según la teoría tradicional, deberían pagar los polluelos al pedir comida para garantizar su sinceridad.
Considerados conjuntamente, ambos trabajos ponen de manifiesto que la comunicación entre padres e hijos podría ser menos precisa y más flexible de lo que tradicionalmente se ha supuesto, abriendo así nuevas vías para el desarrollo de modelos teóricos; y abren nuevas vías para estudiar cómo los padres interpretan las señales de sus crías, cómo se coordinan los hermanos y qué mecanismos evolutivos permiten mantener la comunicación dentro de las familias y otros grupos sociales de animales.
El ritmo de alimentación añade otra dificultad para interpretar estas señales. El estudio recoge registros de 48 nidos con entre tres y cinco crías, en los que cada polluelo recibía alimento de media diaria, aproximadamente cada 59 minutos. Durante el pico matinal observado en las 24 nidadas del análisis, ese intervalo rondaba los 19 minutos. Son tiempos entre comidas de cada cría, no entre visitas de los adultos: un nido puede recibir alimento con frecuencia mientras algunos hermanos esperan bastante más que otros.












